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¿Qué debería aprender un universitario que se graduará en 2030?

El desafío es determinar qué debería aprender un universitario para seguir siendo capaz de aprender cuando el conocimiento y las herramientas cambien.

Unifranz Online: ¿Qué debería aprender un universitario que se graduará en 2030?
Bolivia

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Un estudiante que comienza hoy una carrera universitaria probablemente trabajará en entornos que todavía no existen. Cuando llegue el momento de graduarse, habrá cambiado la tecnología, algunas tareas profesionales estarán automatizadas y la inteligencia artificial será parte habitual de numerosos espacios de trabajo.

Ante este escenario, la pregunta no es solamente qué carrera tendrá más oportunidades en 2030. El desafío es determinar qué debería aprender un universitario para seguir siendo capaz de aprender cuando el conocimiento y las herramientas cambien.

El World Economic Forum (WEF), en su informe Shaping the Future of Learning: Education Readiness for the Age of AI, publicado en junio de 2026, plantea que la incorporación de inteligencia artificial a la educación no puede reducirse a sumar nuevas herramientas digitales. El organismo propone considerar aspectos como la pedagogía, la evaluación, la infraestructura, la gobernanza y la experiencia del estudiante, con el objetivo de aprovechar la IA sin debilitar el desarrollo cognitivo, la integridad académica ni la conexión humana.

La universidad frente a un conocimiento que cambia

Durante buena parte del siglo XX, la educación superior estuvo asociada a una ruta relativamente definida: estudiar, obtener un título y utilizar ese conocimiento durante la vida profesional. Hoy esa relación es menos estable.

La velocidad de los cambios tecnológicos obliga a pensar la formación profesional como un proceso que no termina al recibir un diploma. Un profesional puede necesitar actualizar herramientas, adquirir nuevas competencias e incluso cambiar de funciones varias veces durante su trayectoria.

El desafío, por tanto, no consiste en abandonar los conocimientos especializados. Un médico seguirá necesitando conocimientos médicos, un abogado deberá dominar el Derecho y un ingeniero tendrá que comprender los fundamentos de su disciplina. La diferencia estará en la capacidad de utilizar ese conocimiento en situaciones nuevas.

Eso implica fortalecer competencias como pensamiento crítico, creatividad, comunicación, colaboración, resolución de problemas y capacidad de aprender de manera autónoma. También supone aprender a utilizar la inteligencia artificial de manera responsable: saber formular preguntas, contrastar información, reconocer errores y tomar decisiones cuando una herramienta tecnológica no ofrece una respuesta confiable.

Aprender más allá del aula

La transformación también alcanza la manera de enseñar. Memorizar información puede ser insuficiente cuando una herramienta digital puede recuperarla en segundos. La experiencia educativa necesita, entonces, crear situaciones en las que el estudiante tenga que interpretar, aplicar, decidir y resolver.

En este punto cobra importancia el aprendizaje basado en experiencias prácticas. Proyectos, estudios de caso, simulaciones, laboratorios y problemas reales permiten observar no solamente cuánto sabe una persona, sino qué puede hacer con aquello que sabe.

La educación también necesita preparar para una trayectoria profesional que no será lineal. El aprendizaje permanente deja de ser una alternativa reservada para quienes desean especializarse y se convierte en una condición para mantenerse actualizado.

Unifranz y la formación hacia 2030

Este debate también está presente en la propuesta educativa de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz). Alejandro Zegarra, vicerrector adjunto de la sede Santa Cruz, sostiene que un estudiante que egresará en 2030 debería aprender “a pensar, discernir, crear, colaborar y tomar decisiones en contextos cada vez más complejos”.

La idea desplaza el centro de la formación desde la acumulación de información hacia el desarrollo de capacidades para utilizarla. En la misma línea, Zegarra señala que la comunicación, la empatía, el liderazgo, la resiliencia y la capacidad de trabajar con otras personas mantendrán un valor importante frente a la automatización.

La experiencia de Unifranz también se expresa en su enfoque de Aprender haciendo. Eva Foronda, decana académica de la institución, explica que esta metodología coloca al estudiante como protagonista y utiliza proyectos, estudios de caso y simulaciones para evaluar cómo aplica sus conocimientos, piensa y toma decisiones en situaciones reales.

El modelo incorpora proyectos integradores como espacios en los que distintas materias pueden articularse alrededor de desafíos concretos. De esta manera, la práctica deja de ser una etapa posterior a la teoría y pasa a formar parte del proceso de aprendizaje.

¿Prepararse para un trabajo o para una vida profesional cambiante?

El desafío de la educación superior hacia 2030 no consiste únicamente en anticipar qué herramientas utilizarán las empresas. También implica formar personas capaces de desenvolverse cuando esas herramientas cambien.

El nuevo escenario exige combinar conocimiento especializado con competencias del futuro, criterio para utilizar tecnología y disposición para continuar aprendiendo. En ese contexto, una universidad preparada para 2030 no será necesariamente la que enseñe más tecnología, sino aquella capaz de enseñar a sus estudiantes a utilizarla sin dejar de pensar por sí mismos.

La pregunta que queda abierta para quienes hoy eligen una carrera es, quizá, más amplia que “¿en qué voy a trabajar?”. Es: ¿qué necesito aprender para seguir siendo capaz de adaptarme a lo que todavía no conozco?

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