El enfoque coincide con organismos internacionales que vinculan cultura, turismo, creatividad y desarrollo sostenible.
09/09/2026 13:53
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El turismo y la gastronomía son una oportunidad para impulsar la economía creativa en Bolivia porque convierten productos, saberes, territorios e identidad cultural en experiencias con valor económico y social. Cuando la cocina local se articula con productores, comunidades, emprendimientos, diseño, contenidos digitales y servicios turísticos, deja de ser solo una oferta culinaria y se convierte en una oportunidad de desarrollo territorial porque convierte productos, saberes e identidad cultural en experiencias con valor económico y social.
“La economía creativa genera un impacto en nuestro país, sobre todo porque países muy cerca de nosotros tienen un gran desarrollo económico apoyados en el turismo, en la gastronomía, en el arte”, sostiene Eva Foronda, decana académica de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz), al destacar el potencial de Bolivia para convertir su diversidad en nuevas oportunidades.
Ambos sectores tienen capacidad para transformar productos, tradiciones y territorios en experiencias capaces de generar ingresos, empleo, innovación y reconocimiento cultural.
El enfoque coincide con organismos internacionales que vinculan cultura, turismo, creatividad y desarrollo sostenible. UNESCO señala que el turismo cultural y creativo puede ser un motor de desarrollo turístico sostenible cuando se gestiona de forma responsable el patrimonio cultural, las artes y las industrias creativas. UNCTAD, por su parte, identifica a la economía creativa como un campo capaz de promover desarrollo a partir de creatividad, innovación, emprendimiento, cultura y conocimiento.
¿Qué relación existe entre turismo, gastronomía y economía creativa?
El turismo y la gastronomía forman parte de la economía creativa cuando transforma alimentos, técnicas culinarias, historias locales y experiencias territoriales en productos y servicios diferenciados. No se limita a comer en un restaurante; puede incluir recorridos por mercados, visitas a productores, rutas culinarias, talleres, festivales, narrativas de origen, contenidos digitales y experiencias vinculadas con comunidades.
UNCTAD ha señalado que la gastronomía puede articularse con turismo y creatividad para impulsar crecimiento, empleo y desarrollo sostenible en países en desarrollo. Esa conexión permite que una cocina nacional, regional o local se convierta en marca, experiencia turística y oportunidad económica.
Para Santiago Laserna, experto en economía creativa, este potencial puede contribuir a diversificar la economía mediante el aprovechamiento del talento, las ideas y la propiedad intelectual. La creatividad, en ese sentido, no es solo expresión cultural: también puede convertirse en una forma de generar valor.
La creatividad convierte la identidad en oportunidades
Bolivia posee una diversidad cultural, territorial y gastronómica que puede traducirse en productos, servicios y experiencias diferenciadas. Ingredientes nativos, técnicas tradicionales, historias familiares, mercados populares, producción campesina, cocinas regionales y nuevas formas de presentación pueden integrarse en propuestas con identidad propia.
En ese proceso, la experiencia práctica resulta fundamental. Cocineros, emprendedores, diseñadores, productores, gestores culturales y profesionales del turismo necesitan combinar conocimiento técnico con creatividad para desarrollar propuestas capaces de diferenciarse.
La oportunidad no está solo en mostrar un plato, sino en contar de dónde viene, quién lo produce, qué territorio representa y cómo puede convertirse en una experiencia memorable para visitantes y consumidores locales.
La gastronomía transforma productos locales en experiencias
“Bolivia tiene la riqueza gastronómica a partir de lo que son sus productos, sus técnicas y sobre todo la forma de utilizarlos”, explica Alizon Cruz, directora de Gastronomía y Artes Culinarias de Unifranz.
La cocina puede convertirse en un espacio de innovación cuando un producto local pasa de ser únicamente un alimento a formar parte de una experiencia cultural. Esto puede ocurrir en restaurantes de autor, rutas gastronómicas, ferias, festivales, experiencias de cocina con productores, talleres culinarios o emprendimientos que conecten sabor, historia e identidad territorial.
Este enfoque también vincula la gastronomía con otras industrias creativas, como diseño, producción audiovisual, contenidos digitales, artesanía, música, tecnología y comunicación. Una experiencia gastronómica fortalece la narrativa visual, diseño de marca, relato territorial, fotografía, video, packaging, comercialización digital y alianzas con actores turísticos.
El turismo conecta comunidades, productores y emprendimientos
El turismo puede ampliar el impacto de la economía creativa al articular gastronomía, patrimonio, artesanía, naturaleza, servicios y experiencias. Juan Carlos Núñez, docente de Turismo y Hotelería de Unifranz, identifica oportunidades en emprendimientos vinculados al café de los Yungas, que pueden incorporar recorridos por haciendas y mostrar procesos de cultivo, cosecha, secado y tostado.
“Estamos creando economía para aquellas personas que viven en el campo”, sostiene Núñez, al explicar que diversificar la oferta turística puede generar ingresos y fortalecer la participación de las comunidades.
La Organización de las Naciones Unidas reconoce que el turismo sostenible puede contribuir al crecimiento inclusivo, la promoción de la cultura local, el empoderamiento económico de jóvenes, mujeres, pueblos indígenas y comunidades locales, además del desarrollo rural y mejores condiciones de vida para pequeños productores y agricultores familiares.
La oportunidad no consiste solamente en atraer visitantes. El desafío es construir experiencias donde productores, comunidades, emprendedores y profesionales participen del valor generado por el turismo y la gastronomía.
¿Qué necesita Bolivia para aprovechar el turismo gastronómico?
Convertir la diversidad gastronómica y turística en una ventaja competitiva requiere más que talento. También exige formación, infraestructura, formalización, financiamiento, protección de la propiedad intelectual, redes de colaboración, estándares de calidad, promoción territorial y capacidades digitales.
La economía creativa crece mejor cuando se conectan sectores. Universidades, empresas, instituciones públicas, emprendedores, comunidades y productores pueden construir rutas, experiencias, marcas y proyectos que integren conocimiento, tecnología, cultura y mercado.
Para los estudiantes, esta transformación también abre un campo de empleabilidad. La gastronomía y el turismo creativo requieren profesionales capaces de investigar territorios, diseñar experiencias, gestionar proyectos, comunicar valor, trabajar con comunidades y utilizar herramientas digitales para llegar a nuevos públicos.
Innovación sin perder identidad
El desafío para Bolivia está en innovar sin desvirtuar sus tradiciones. La creatividad puede transformar un plato o una experiencia turística, pero también debe cuidar el origen, reconocer a quienes producen y evitar que la cultura se convierta en un recurso desconectado de sus comunidades.
El turismo gastronómico responsable no solo vende una experiencia: reconoce el territorio que la hace posible. Por eso, preservar conocimientos, fortalecer cadenas locales y generar beneficios compartidos es clave para que la economía creativa tenga impacto sostenible.
El IV Foro Internacional de Economía Creativa pondrá el tema en agenda
Estas oportunidades estarán sobre la mesa durante el IV Foro Internacional de Economía Creativa, que se realizará el 17 y 18 de septiembre de 2026 en Cochabamba. De acuerdo con publicaciones institucionales de Unifranz, el encuentro reunirá a expertos, emprendedores, empresas, instituciones y academia para conversar sobre inteligencia artificial, futuro del trabajo, turismo, gastronomía, clústeres creativos y nuevos modelos de negocio.
El foro busca conectar talento, conocimiento, tecnología, empresas e instituciones para impulsar nuevas oportunidades de desarrollo. En ese escenario, el turismo y la gastronomía aparecen como dos rutas concretas para que Bolivia transforme identidad cultural en experiencias, emprendimientos y oportunidades económicas.
La economía creativa invita a mirar el desarrollo desde aquello que las personas saben imaginar, crear y transformar. En Bolivia, esa posibilidad puede comenzar en una cocina, una comunidad, una ruta turística, una historia local o un producto que encuentra una nueva forma de llegar al mundo.
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