Se trata de una de las cárceles con mayor hacinamiento del país, hay 39 reos por celda.
19/06/2023 14:23
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En los especiales de Notivisión, conocimos más sobre el penal de máxima seguridad de El Abra, en Cochabamba, y su otra cara. Se trata de una de las cárceles con mayor hacinamiento, ya que hay 39 reos por celda. Sin embargo, también es uno de los penales más productivos. Los privados de libertad hacen trabajos de carpintería, textiles y metalurgia, entre otros 12 rubros. Luego, los reos venden sus productos para subsistir.
En el lugar están recluidos más de 1.000 internos por diferentes delitos. Desde el penal, informan que cada celda debería albergar alrededor de 15 a 20 internos, pero ahora están con un promedio de 30 a 39 internos por celda.
Carpintería es uno de los rubros en el que se especializaron los reos del penal. Así, elaboran muebles y trabajos de muy buena calidad que también son realizados a pedido.
"Hemos aprendido a hacer todo tipo de muebles; estantes, roperos, vitrinas, peinadores", contó uno de los internos.
También cerrajería es el oficio que reúne a los privados de libertad. Crean, por ejemplo, innovadoras anticucheras.
Asimismo, la peletería es una de las actividades más antiguas en El Abra y uno de los primeros trabajos de la mayoría de los internos. El material les llega de afuera y costuran todo a mano.
"Cada nuevo que llega siempre a las puertas están abiertas para cada uno de ellos y les enseñamos a costurar aquí", afirmó otro reo.
Detallan que cada uno elabora dos balones por día, pero podrían elaborar más si contaran con material.
"Uno puede llegar a costurar hasta 8 balones por día, pero lamentablemente somos hartos. A pesar que ganamos un porcentaje mínimo, la mano de obra es de calidad", aseguró.
El trabajo que realizan es económico; pues por balón armado solo cobran 11,50 bolivianos.
Por otro lado, está el rubro de sastrería, que, de a poco, va creciendo más en El Abra con la confección de prendas de calidad y también reciben pedidos de algunas empresas para poleras de algodón, trajes de bioseguridad y chalecos de trabajo. La mayoría tiene experiencia e incluso trabajan con sus propias máquinas para poder generar más ingresos.
Al interior del penal, se encuentran otros oficios como artesanía y pirografiado para lo que se necesita creatividad, buen pulso y paciencia. Otros que surgen ante la iniciativa de los internos como la elaboración de instrumentos musicales, trabajos en fibra de vidrio.
Los delegados cuentan que todos los internos deben trabajar. Por ejemplo, don Mita, quien lleva recluido 10 años, cuenta que tuvo que aprender carpintería en el penal, algo que no había hecho antes.
"Gracias a Dios, se me dio la oportunidad de conocer gente que tenía la voluntad de querer mejorar y me enseñaron poco a poco. Me ayudó a poderles mandar recursos, lo que necesitan", comentó.
Los reos aseguran que deben seguir luchando para poder mantener a sus familias y que puedan comer. También, explican que lo que sobra en la cárcel es la mano de obra por lo que piden a la ciudadanía y empresas poder ayudarlos encargándoles trabajos al por mayor. Solo necesitan una segunda oportunidad.
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