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El fin de un titán: El megaiceberg A-23A se desintegra tras 40 años de asombrosa odisea oceánica

Tras casi cuatro décadas de vigilancia satelital, el coloso que alguna vez fue el iceberg más grande del mundo se fragmenta en el Atlántico Sur, dejando un legado científico invaluable y un último impulso de vida al ecosistema marino.

13/04/2026 18:44

El fin de un titán: El megaiceberg A-23A se desintegra tras 40 años de asombrosa odisea oceánica. Foto: Nasanet,
Antártida / Océano Austral

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El legendario iceberg A-23A, un gigante de hielo que sobrevivió a presidentes, eras tecnológicas y al propio paso del tiempo, ha llegado finalmente a su etapa terminal. Tras desprenderse de la plataforma Filchner en 1986, este coloso de un billón de toneladas ha comenzado una rápida fragmentación en las aguas más cálidas del Atlántico Sur, marcando el cierre de una de las crónicas naturales más fascinantes de la era moderna.

De la inmovilidad al récord mundial

Durante más de 30 años, el A-23A permaneció como una estatua de hielo, encallado en el lecho marino del Mar de Weddell. No fue hasta el año 2020 que el derretimiento de su base le permitió liberarse, iniciando una deriva épica hacia el norte. En su apogeo, el iceberg cubría más de 4,000 kilómetros cuadrados, lo que le valió el récord Guinness como el iceberg más grande del mundo.

Sin embargo, su entrada en la Corriente Circumpolar Antártica aceleró su destino. Según datos de la constelación satelital china Fengyun-3 y el sistema VIIRS de la NOAA, el iceberg experimentó colapsos catastróficos entre finales de 2025 y principios de 2026. Para el 3 de abril de 2026, lo que antes era una masa continental de hielo se redujo a un fragmento principal de apenas 35.2 kilómetros cuadrados, dejando de cumplir técnicamente los criterios para ser clasificado como un iceberg independiente.

El iceberg A-23A, uno de los más grandes jamás registrados por satélites, se fragmenta en el océano Austral tras casi 40 años de deriva desde su desprendimiento de la Antártida en 1986. Crédito: NASA

Un laboratorio viviente en el espacio y el mar

La historia del A-23A es también la historia de la evolución tecnológica humana. Desde sus primeras imágenes capturadas por el Landsat 5 en los años 80 hasta el seguimiento en tiempo real por la Estación Espacial Internacional y el moderno satélite PACE, este bloque de hielo ha sido el mejor documentado de la historia.

"La tecnología que nos permite contar estas historias es un homenaje a los ingenieros que pusieron en órbita sensores cruciales", señaló Christopher Shuman, investigador de la Universidad de Maryland.

El megaberg A-23A, tras permanecer décadas atrapado en el mar de Weddell, inició su lento desplazamiento hacia el norte, donde las aguas más cálidas aceleraron su fragmentación en numerosos bloques de hielo. Crédito: NASA

Un legado de vida: El "verdeo" del océano

Paradójicamente, la muerte del A-23A ha traído vida al Atlántico Sur. Los científicos han detectado un fenómeno de "verdeo" en las aguas que rodean los restos del iceberg. Al derretirse, el hielo libera enormes cantidades de agua dulce cargada de nutrientes y minerales atrapados durante milenios.

Este proceso ha desencadenado explosiones de fitoplancton, los organismos microscópicos que alimentan la cadena alimentaria marina. Estas manchas verdes, visibles desde el espacio, demuestran que incluso en su desaparición, el titán actúa como un motor de fertilidad oceánica.

Imagen de la constelación satelital Fengyun que muestra el colapso final del iceberg A23a. [Foto: proporcionada a chinadaily.com.cn]

Cronología de una desaparición

  • 1986: Se desprende de la barrera de hielo Filchner-Ronne.

  • 1986-2020: Permanece encallado y casi inmóvil en el Mar de Weddell.

  • 2022-2023: Se libera del fondo marino y gana el récord mundial de tamaño.

  • Febrero 2026: Entra en rutas marítimas bajo jurisdicción argentina y comienza su ruptura final.

  • Abril 2026: Se fragmenta en pequeños "berg bits", reduciéndose a menos del 1% de su tamaño original.

Con su desintegración, el A-23A deja de ser una amenaza para la navegación y una mole de hielo para convertirse en datos científicos fundamentales que ayudarán a entender cómo el cambio climático está transformando las plataformas de hielo de la Antártida. Su odisea ha terminado, pero su impacto en la ciencia apenas comienza a procesarse.

Con datos de Nasanet, People Daily y Tiempo.

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