Bolivia aún no cuenta con una medición nacional actualizada y comparable que abarque toda la economía creativa.
07/10/2026 12:01
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¿Cuánto mueve realmente la economía creativa en Bolivia? La pregunta parece sencilla, pero todavía no tiene una respuesta nacional, oficial y precisa. En todo el país, diseñadores, desarrolladores de software, músicos, productores audiovisuales, gastrónomos, artesanos, publicistas y emprendedores convierten conocimiento, talento e identidad en bienes y servicios. Sin embargo, una parte importante de esa actividad permanece fuera de los registros, lo que impide dimensionar su aporte a la economía.
“Actualmente las mediciones no están dadas. Y esto es urgente porque los datos son los que van a poder hacer que se generen políticas contundentes”, señaló Aldo Villegas, senador de Bolivia.
Bolivia aún no cuenta con una medición nacional actualizada y comparable que abarque toda la economía creativa. Existen antecedentes oficiales sobre sectores culturales, estimaciones basadas en empleo y censos locales. Uno de ellos es el Censo de Economía Naranja de Cochabamba que identificó 2.260 unidades económicas y estimó 94.200 empleos vinculados, 23.550 de ellos directos.
“Queda una pregunta que me incomoda y que ningún dato responde todavía: ¿cuántos de esos 94.000 empleos existen gracias a que Cochabamba es Ciudad Creativa de la UNESCO desde hace nueve años?. No lo sabemos, y ese no saber es el mejor argumento para medir”, aseveró Verónica Ardea, rectora nacional de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz).
La falta de datos o la dificultad de medirla no significa que la economía creativa no exista. Significa que una parte de su actividad es difícil de clasificar, permanece en la informalidad o aparece fragmentada entre distintas categorías estadísticas. Medirla mejor permitiría saber quiénes producen, cuánto empleo generan, qué mercados atienden, qué obstáculos enfrentan y cómo cambian sus modelos de negocio.
¿Qué es la economía creativa y por qué es difícil medirla?
La economía creativa reúne actividades en las que la creatividad, el conocimiento, el talento, la cultura, la innovación y la propiedad intelectual son componentes centrales del valor económico. El problema aparece cuando se intenta convertir esa definición en categorías estadísticas, no todos los estudios incluyen los mismos sectores ni aplican los mismos criterios.
Un desarrollador de software, una diseñadora de moda, un músico, una productora audiovisual, un restaurante que transforma patrimonio gastronómico en experiencia, una agencia publicitaria o un artesano pueden formar parte del ecosistema creativo bajo determinadas metodologías. Esa amplitud ayuda a explicar por qué dos mediciones pueden producir resultados distintos sin que necesariamente una de ellas sea incorrecta.
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) advirtió, en 2018, que los países de América Latina y el Caribe utilizan fuentes, periodos y metodologías diferentes para medir las industrias culturales y creativas. Su recomendación fue avanzar hacia sistemas más sistemáticos y comparables de recopilación de información.
¿Qué dice el primer intento de medir en Cochabamba?
Cochabamba ofrece una de las fotografías territoriales más detalladas disponibles. El Censo de Economía Naranja realizado entre 2022 y 2023 por el Instituto de Progreso Económico Empresarial (IPEE) de Unifranz y el Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social, identificó 2.260 unidades económicas creativas en el municipio y estimó 94.200 empleos vinculados al sector, de los cuales 23.550 eran directos. El informe de monitoreo 2024 de Cochabamba para la Red de Ciudades Creativas de la UNESCO recoge estas cifras.
El relevamiento incluyó gastronomía, moda, artesanías, productos creativos, software, educación y otros servicios vinculados con talento, innovación y cultura. La gastronomía concentró 54% de las actividades identificadas, seguida por moda con 9%, productos creativos con 8% y artesanías con 5%, de acuerdo con la difusión de resultados del censo.
La formalización aparece como una de las brechas centrales. El 68% de las unidades económicas identificadas operaba de manera informal, 23% contaba únicamente con Número de Identificación Tributaria (NIT) y solo 9% tenía simultáneamente NIT y registro en el Servicio Plurinacional de Registro de Comercio (SEPREC).
Es decir, una actividad puede existir, generar ingresos y sostener empleo sin aparecer con la misma claridad en registros administrativos diseñados para empresas formalizadas.
¿Cuánto empleo creativo hay en Bolivia?
El informe del BID de 2018 recogió para Bolivia un dato de 2009 que contabilizaba 65.800 personas en el sector cultural y otras 21.300 en actividades auxiliares, para un total de 87.100 bajo esa clasificación. El mismo documento registró exportaciones de bienes creativos por 81 millones de dólares en 2012, aclarando que no existía referencia equivalente para servicios creativos.
Son cifras útiles como antecedente, pero no describen por sí solas la estructura actual del sector. Tampoco deben compararse de manera directa con el censo de Cochabamba, porque responden a escalas territoriales, años y definiciones diferentes.
Una investigación posterior de Santiago Laserna, investigador del CERES, basada en la Encuesta Continua de Empleo del cuarto trimestre de 2022, llegó a otra aproximación. Bajo una clasificación amplia, estimó que 21% de la población económicamente activa podría vincularse a la economía creativa.
Sin embargo, el propio estudio advierte que 15,29% correspondían al grupo de menor intensidad creativa. Al considerar solo los dos grupos con mayor componente creativo, la proporción se reducía a 5,95% de la población económicamente activa.
Los datos permiten ver algo más que el tamaño del sector
Para Laserna medir permite dejar de tratar la economía creativa como un conjunto disperso de actividades y empezar a observar sus características económicas, jornadas, ingresos, informalidad, composición del empleo y diferencias entre sectores.
Explica que las primeras mediciones muestran particularidades como jornadas algo menores, mayores niveles de informalidad y, al mismo tiempo, un ingreso por hora superior en determinados grupos.
“Tiene una prima salarial, lo cual muestra que hay un potencial de crecimiento económico dentro de esta zona que no merece ser desacreditado”, explica Laserna.
La información también permite observar desigualdades internas. Según el investigador, las actividades más intensamente creativas muestran diferencias de género, mientras que en áreas de apoyo como comercialización, moda y textiles la participación puede ser más equilibrada. El sector, por tanto, no funciona como un bloque homogéneo, reúne ocupaciones, cadenas de valor y condiciones laborales distintas.
Una actividad difícil de identificar estadísticamente puede encontrar más obstáculos para demostrar su tamaño, trayectoria o potencial ante instituciones públicas, inversionistas y entidades financieras. El desafío aumenta cuando el principal activo del negocio no es una maquinaria o un inmueble, sino una marca, un diseño, un programa informático, una obra audiovisual, una receta o una experiencia.
“Los datos son los que van a poder hacer que podamos llevar políticas contundentes, no solo de financiamiento, sino también podemos medir qué sectores están dentro y podamos hacer una inventariación”, indicó el legislador Villegas.
La inteligencia artificial hace más urgente actualizar la medición
Mientras Bolivia discute cómo medir mejor el sector, el entorno internacional cambia con rapidez. La digitalización, las plataformas y la inteligencia artificial generativa están modificando la producción, distribución y monetización de contenidos creativos.
UNESCO advirtió en su informe global publicado en 2026 que, hacia 2028, el impacto de los contenidos generados mediante inteligencia artificial podría traducirse en pérdidas globales de ingresos estimadas de hasta 24% para creadores musicales y 21% para creadores audiovisuales. El mismo reporte señala que solo 48% de los países está desarrollando estadísticas para monitorear el consumo cultural digital.
La discusión ya no consiste únicamente en contar artistas o emprendimientos culturales. También implica identificar nuevas ocupaciones, plataformas, tecnologías, derechos de propiedad intelectual, mercados digitales y modelos de negocio que cambian más rápido que muchas clasificaciones estadísticas.
¿Qué papel pueden cumplir las universidades en la economía creativa?
La experiencia de Cochabamba muestra que la medición puede comenzar desde la investigación aplicada. El censo desarrollado por el IPEE de Unifranz permitió identificar territorialmente unidades económicas que antes aparecían dispersas y generó una base para analizar empleo, formalización y vocaciones productivas.
En ese punto, la educación superior puede aportar algo más que formación profesional, puede levantar información, estudiar mercados emergentes, analizar cadenas de valor y conectar conocimiento con problemas económicos concretos.
“La universidad asumió en voz alta el compromiso de volver a contar. El IPEE actualizará el censo, el CIINTUR incorporará el turismo creativo, el Observatorio Nacional de Trabajo seguirá el empleo y el IME Bolivia (Instituto Mujer Empresa) medirá cuántas de las unidades formalizadas llevan nombre de mujer”, afirmó Agreda.
