Su planteamiento apunta a convertir a las universidades en organizaciones que aprenden, capaces de incorporar mecanismos internos para observar tendencias, cuestionar certezas y tomar decisiones frente a escenarios nuevos.
09/10/2026 12:00
Escuchar esta nota
La educación superior enfrenta un cambio que va más allá de incorporar nuevas tecnologías en las aulas. La inteligencia artificial (IA), la transformación del mercado laboral, las desigualdades de acceso y la incertidumbre sobre el futuro están obligando a las universidades a revisar qué enseñan, cómo lo hacen y qué capacidades necesitan desarrollar sus estudiantes.
Ese fue uno de los principales ejes del panel “El futuro de la educación superior”, realizado en el marco del Congreso de Futuros RIBER | Chile 2026, que se desarrolla el 7 y 8 de octubre en Santiago, organizado por la Red Iberoamericana de Prospectiva (RIBER) y la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile. En el encuentro participó Verónica Ágreda de Pazos, rectora de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz), junto a Lorena Oyarzún Serrano y Marcelo Arnold-Cathalifaud, en una conversación moderada por Ariel Ramírez.
Pensar escenarios posibles en lugar de intentar predecir el futuro
La primera intervención estuvo a cargo de Ágreda, quien llevó al debate una mirada basada en los estudios de futuro y el trabajo del Millennium Project.
Ágreda planteó que las instituciones educativas no pueden pretender conocer con exactitud cómo será el mundo en 2050. El desafío consiste, más bien, en construir escenarios y tomar decisiones desde el presente. “El pensamiento de futuros, sin pensamiento crítico, también puede ser pura fantasía”, advirtió durante el panel.
La urgencia de esa transformación también aparece en el mercado laboral. El Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial estima que 39% de las competencias centrales de los trabajadores cambiarán hacia 2030, mientras millones de personas necesitarán actualizar o adquirir nuevas capacidades.
Para Ágreda, esto obliga a superar un modelo educativo concentrado exclusivamente en la obtención de un título. La formación deberá acompañar a las personas durante distintas etapas de su vida y preparar a los estudiantes para aprender, actualizarse y reconvertirse.
La IA ya está dentro de las universidades
La discusión sobre inteligencia artificial ocupó un lugar central. Ágreda explicó que la respuesta no puede reducirse a incorporar herramientas digitales, sino que requiere una transformación estructural y centrada en el estudiante.
En el caso de Unifranz, señaló que la IA fue transversalizada en el rediseño curricular de pregrado, con aplicaciones que incluyen menciones vinculadas con legal tech y Gobierno Digital. También destacó el desarrollo de “Franz”, un coach pedagógico basado en IA que proporciona retroalimentación a docentes y estudiantes, además de Unifranz Executive Education, orientado a formación ejecutiva y microcredenciales.
La realidad estudiantil confirma que la tecnología ya forma parte de la experiencia universitaria. El Digital Education Council encontró en 2024 que 86% de los estudiantes utilizaba IA en sus estudios. La UNESCO, por su parte, plantea que su incorporación debe realizarse desde un enfoque centrado en las personas, con atención a la privacidad, la equidad, la seguridad y la ética.
Flexibilidad e interdisciplinariedad para una realidad cambiante
Desde otra perspectiva, Lorena Oyarzún Serrano, exdirectora de la Escuela de Gobierno y Gestión Pública de la Universidad de Chile, sostuvo que la IA debe entenderse como un asunto que trasciende lo tecnológico.
“Nosotros como escuela entendemos que la inteligencia artificial es un asunto público”, afirmó, al explicar que la Facultad de Gobierno ha desarrollado una política de uso de IA orientada a acompañar y responsabilizar a los docentes, preservando competencias como la investigación, el lenguaje y el pensamiento crítico.
Oyarzún identificó además dos desafíos institucionales: flexibilidad e interdisciplinariedad. A su juicio, los problemas contemporáneos no pueden ser abordados desde una sola disciplina ni mediante estructuras universitarias excesivamente rígidas. También alertó sobre las diferencias de acceso a herramientas avanzadas de IA, una brecha que puede profundizar desigualdades dentro del aula.
Su propuesta para los profesionales del futuro se resume en una capacidad que considera esencial: “aprender a seguir aprendiendo”, entendida como una disposición permanente al aprendizaje y la adaptación.
La universidad debe formar para decidir en escenarios de incertidumbre
El tercer enfoque llegó desde la sociología. Marcelo Arnold-Cathalifaud, profesor titular y exdecano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, recordó que la prospectiva posee una trayectoria metodológica vinculada, entre otros antecedentes, con los estudios de la RAND Corporation y el método Delphi.
Arnold advirtió que las universidades tradicionales pueden perder relevancia si no consiguen responder a transformaciones sociodemográficas, climáticas y tecnológicas. Sin embargo, también puso límites a lo que las instituciones pueden resolver: “yo no creo que las universidades de hoy, del pasado y del futuro puedan resolver los temas de las brechas sociales”.
Su planteamiento apunta a convertir a las universidades en organizaciones que aprenden, capaces de incorporar mecanismos internos para observar tendencias, cuestionar certezas y tomar decisiones frente a escenarios nuevos.
En esa lógica, identificó la capacidad de juicio bajo incertidumbre como una de las competencias centrales para los egresados de 2050. “La competencia más relevante […] es desarrollar en ellos la capacidad de juicio bajo situaciones de incertidumbre”, sostuvo.
Tecnología al servicio de las personas
El debate abierto con el público llevó la conversación hacia una pregunta todavía más profunda: ¿qué ocurrirá con la universidad cuando la inteligencia artificial alcance mayores niveles de autonomía?
Frente a planteamientos sobre una eventual desaparición de la universidad tradicional o el ingreso a una era “posthumana”, Ágreda y Oyarzún coincidieron en la necesidad de preservar el factor humano. Ética, escucha, pensamiento crítico y capacidad de comprender contextos complejos aparecen así como competencias que adquieren mayor importancia precisamente cuando las tecnologías son capaces de procesar cada vez más información.
Un Congreso para pensar los futuros de Iberoamérica
El debate sobre la universidad forma parte de una agenda más amplia que reúne especialistas de distintos países y campos de conocimiento. Entre las figuras destacadas del Congreso se encuentra Sergio Bitar, presidente de la Fundación Encuentros del Futuro de Chile, quien participa en el análisis de los futuros posibles en la era del aceleracionismo tecnológico. También interviene Julio Rojas, guionista y autor del podcast Caso 63, en una reflexión titulada “El fin del futuro”.
La agenda incorpora además a Jordi Serra del Pino, director de Postnormal Barcelona, Ibon Zugasti, de PROSPEKTIKER, y Javier Medina, de la Universidad del Valle de Colombia, junto a especialistas como Yiem Ataucusi, director Nacional de Prospectiva y Estudios Estratégicos de Perú, Paola Aceituno, del Consejo Chileno de Prospectiva y Estrategia, y Germán Quintana, exministro de Chile.
En este contexto, la participación de Unifranz se integra a una conversación internacional que busca conectar distintas perspectivas sobre los futuros posibles para Iberoamérica. La agenda del Congreso continuará con debates sobre la universidad ante el futuro, inteligencia artificial, agentes inteligentes, realidad extendida, desarrollo humano y hospitales del futuro, ampliando la discusión sobre cómo anticipar transformaciones que ya están modificando la sociedad.
Más que intentar anticipar una única respuesta, el encuentro propone pensar distintos escenarios y desarrollar capacidades para actuar frente a ellos. En esa perspectiva, el futuro de la educación superior no dependerá únicamente de cuánta tecnología incorporen las universidades, sino de su capacidad para formar personas capaces de comprender el cambio, cuestionarlo y tomar decisiones responsables cuando todavía no existen respuestas definitivas.
