El World Economic Forum (WEF), en su Future of Jobs Report 2025, estima que 39% de las habilidades centrales de los trabajadores cambiará entre 2025 y 2030.
08/10/2026 14:31
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La formación universitaria enfrenta el reto de preparar profesionales para un mercado laboral en transformación. Ingresar al mundo laboral ya no plantea únicamente el desafío de obtener un título. El avance tecnológico, los cambios en las industrias y la evolución de los puestos de trabajo obligan a las universidades a revisar qué enseñan, cómo lo enseñan y qué oportunidades tienen los estudiantes para aplicar lo aprendido antes de egresar.
“Hoy las industrias cambian permanentemente y los trabajos evolucionan con ellas. Tenemos que formar profesionales capaces no solo de responder a las necesidades actuales de su profesión y resolver los problemas de hoy, sino también de adaptarse a escenarios que todavía no existen. Profesionales que desarrollen las competencias necesarias para desenvolverse y resolver problemas en entornos complejos que surgirán de aquí a 5, 10 o 15 años”, señala Gustavo Montaño, vicerrector académico nacional de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz).
El World Economic Forum (WEF), en su Future of Jobs Report 2025, estima que 39% de las habilidades centrales de los trabajadores cambiará entre 2025 y 2030. Además, identifica como habilidades en ascenso la inteligencia artificial y los datos, la alfabetización tecnológica, el pensamiento creativo, la resiliencia, la flexibilidad, el liderazgo, el pensamiento analítico y el aprendizaje permanente.
En Unifranz, ese desafío se traduce en una propuesta que combina aprendizaje práctico, trayectorias formativas, proyectos, microcredenciales y especialización.
¿Cómo formar para escenarios que todavía no existen?
Para Montaño el desafío consiste en formar profesionales que no solo respondan a las necesidades actuales, sino que puedan adaptarse a contextos que todavía están por construirse. En lugar de diseñar carreras únicamente alrededor de un puesto de trabajo disponible hoy, la propuesta busca desarrollar capacidades que puedan mantenerse vigentes mientras cambian las tecnologías, los procesos y las funciones profesionales.
La respuesta de Unifranz parte de una transformación de las mallas curriculares y de la manera de organizar el aprendizaje. El énfasis se coloca en las experiencias que el estudiante acumula durante su recorrido académico y no solamente en la aprobación sucesiva de asignaturas.
“Las experiencias generan transformación y la transformación genera impacto y cambia vidas”, afirma Montaño.
En este esquema, dos estudiantes pueden compartir una base académica y, al mismo tiempo, construir perfiles profesionales diferentes a través de espacios de elección, especialización y certificación de competencias.
Microcredenciales para demostrar lo aprendido antes de graduarse
Uno de los componentes que adquiere mayor visibilidad son las microcredenciales y las menciones. Se trata de certificaciones orientadas a competencias o aprendizajes específicos que pueden integrarse dentro de una trayectoria educativa más amplia.
El interés por este tipo de certificaciones forma parte de una tendencia más amplia en educación superior. UNESCO IESALC señala que las microcredenciales pueden apoyar trayectorias de aprendizaje más flexibles, el aprendizaje a lo largo de la vida y la empleabilidad, aunque advierte que su valor depende de aspectos como la calidad, la evaluación, la transparencia y el reconocimiento.
El propósito, según Montaño, es que el estudiante no tenga que esperar hasta recibir el título para demostrar qué sabe hacer.
“Estas experiencias al igual que las trayectorias flexibles y personalizadas que estamos incorporando, te van a permitir no solamente obtener un título profesional, sino la posibilidad de generar certificaciones intermedias de competencias específicas y también especializaciones en diversos ámbitos de profesionalización”, explica.
Aprender haciendo y resolver problemas reales
La transformación curricular también supone pasar de asignaturas aisladas a trayectorias que conecten conocimientos y aplicación. “Ya no hablamos solamente de asignaturas aisladas, como silos curriculares, sino de trayectorias formativas que permitan generar esas experiencias”, afirma Montaño.
En la práctica, esto se expresa mediante proyectos, retos, casos, simulaciones y otras experiencias que acercan al estudiante a problemas semejantes a los que encontrará en su ejercicio profesional.
¿Qué debería saber hacer un profesional al egresar?
El cambio curricular lleva la discusión a una pregunta que va más allá del contenido de una carrera: ¿qué debe ser capaz de hacer una persona cuando termina la universidad?.
Para Montaño, la respuesta incluye capacidades de colaboración, pensamiento crítico, liderazgo, resolución de problemas y adaptación a escenarios complejos.
“Un profesional capaz de colaborar, un profesional capaz de liderar y un profesional capaz de dar solución a las problemáticas que se presenten en el momento en que tiene que atenderlas”, señala.
El pensamiento crítico ocupa un lugar central en esa visión porque permite comprender un problema, analizar alternativas y tomar decisiones con información que puede ser incompleta o cambiante.
El WEF también ubica el pensamiento analítico, la creatividad, la resiliencia y el liderazgo entre las capacidades relevantes hacia 2030, junto con competencias tecnológicas como IA, datos y alfabetización tecnológica.
Carreras que miran hacia 2030 y 2035
La otra dimensión de la propuesta es la prospectiva. Según Montaño, las nuevas menciones y especializaciones se diseñan también a partir de una lectura de tendencias para anticipar qué capacidades podrían ser relevantes en los próximos años.
“Cuando analizamos las tendencias globales, buscamos anticiparnos a los cambios. A través de un proceso de inteligencia colectiva, proyectamos qué competencias y capacidades necesitarán los profesionales hacia 2030 y 2035, y a partir de esa mirada diseñamos hoy la formación que les permitirá responder a los desafíos del futuro”, señala.
En ese contexto, la universidad busca pasar de una lógica en la que la formación termina con el título a otra en la que la capacidad de continuar aprendiendo forma parte del perfil profesional.
Cuando el título deja de ser el punto final
La transformación que plantea Unifranz no elimina el valor del título profesional. Cambia, más bien, el momento en que empieza a construirse el perfil profesional, y este ya no ocurre al final de la carrera, sino durante todo el recorrido universitario.
Las microcredenciales pueden acreditar aprendizajes específicos; los proyectos pueden aportar evidencia de aplicación; las experiencias prácticas pueden acercar al estudiante a problemas reales; y las trayectorias de especialización pueden orientar su perfil hacia determinadas áreas.
En ese sentido, graduarse puede dejar de ser el momento en que comienza la preparación para el trabajo y convertirse en una etapa dentro de una trayectoria profesional más amplia.
“Tenemos que formar profesionales capaces no solo de responder a las necesidades actuales de su profesión y resolver los problemas de hoy, sino también de anticiparse a los cambios, adaptarse a nuevos escenarios y enfrentar desafíos que todavía no conocemos”, enfatiza Montaño.
El reto para la educación superior, en definitiva, no consiste únicamente en anticipar qué profesiones existirán mañana. También consiste en formar personas capaces de seguir aprendiendo cuando esas respuestas cambien o aparezcan problemas que no vienen acompañados de una respuesta correcta, equipos con distintas perspectivas, decisiones que deben tomarse con información incompleta y situaciones que exigen aprender rápidamente.
La idea de aprender durante toda la vida también aparece en la propuesta de microcredenciales de Unifranz, que las vincula con la actualización continua de competencias y con la necesidad de responder a un entorno profesional cambiante.
¿Qué debería saber hacer un profesional al egresar?
El cambio curricular plantea, entonces, una pregunta que va más allá del contenido de una carrera: ¿qué debería ser capaz de hacer una persona cuando termina la universidad?
La respuesta de Montaño no se limita a las competencias técnicas de cada profesión. Habla de un conjunto de capacidades que permitan desenvolverse en escenarios laborales distintos y cambiantes.
“Un profesional capaz de colaborar, un profesional capaz de liderar y un profesional capaz de dar solución a las problemáticas que se presenten en el momento en que tiene que atenderlas”, señala.
En ese planteamiento, el pensamiento crítico ocupa un lugar central. No se trata solamente de saber ejecutar una tarea, sino de comprender el problema, analizar alternativas, tomar decisiones y trabajar con otras personas para encontrar soluciones.
Es una distinción importante frente a una formación basada exclusivamente en la memorización. El propio modelo educativo de Unifranz plantea que el aprendizaje práctico debe permitir al estudiante aplicar conocimientos, resolver problemas y desarrollar competencias desde etapas tempranas de su formación.
La transformación, por tanto, no ocurre únicamente en la malla curricular. También cambia la pregunta con la que se evalúa al estudiante: de cuánto contenido recuerda a qué puede hacer con lo que aprendió.
