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El espacio al rescate: Satélites de la NASA vigilan desde la órbita la tragedia sísmica en Venezuela

A través de su sistema de respuesta a desastres, la agencia mapea los estragos de los dos potentes terremotos que dejan más de 1.400 muertos y al país contra las cuerdas.

Satélites de la NASA vigilan la tragedia sísmica en Venezuela. Imagen: X @Vantortech/negocios.com.
Venezuela

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En una carrera contrarreloj donde cada segundo marca la diferencia entre la vida y la muerte, la tecnología espacial se ha convertido en el faro de esperanza para Venezuela. Tras los devastadores terremotos consecutivos que sacudieron el norte del país el pasado 24 de junio de 2026, la NASA activó de emergencia sus satélites para ofrecer soporte técnico y científico en una de las peores crisis naturales que ha vivido la región en décadas.

Las cifras provisionales ya son escalofriantes: los medios internacionales elevan el balance a más de 1.400 fallecidos, miles de heridos y decenas de miles de damnificados o desaparecidos. Con una infraestructura pública al límite y un margen operativo local severamente afectado por años de deterioro institucional, los ojos de la agencia espacial buscan reducir la incertidumbre desde el espacio, según publica el portal negocios.com.

Ciencia accionable contra el caos

A través de su Disasters Response Coordination System (Sistema de Coordinación de Respuesta a Desastres), la NASA está proporcionando un “apoyo crítico”. No se trata de simples fotografías aéreas, sino de un complejo cruce de datos y observación de la Tierra proveniente de distintos centros de la agencia.

Estos satélites permiten:

  • Comparar el terreno previo al desastre con el actual para evaluar impactos precisos.

  • Localizar zonas críticas, deslizamientos de tierra y áreas urbanas colapsadas.

  • Identificar infraestructuras dañadas y cortes en las vías de transporte.

Toda esta información se traduce en mapas utilizables casi en tiempo real a través del portal de desastres de la agencia en formatos GIS. Esto permite a los organismos de socorro priorizar rutas de evacuación y concentrar los recursos donde el margen de supervivencia aún existe.

Satélites de la NASA vigilan la tragedia sísmica en Venezuela. Imagen: X @Vantortech/negocios.com.

Dos golpes fulminantes en menos de un minuto

El origen de la catástrofe se remonta al 24 de junio, cuando la tierra rugió con una violencia descomunal. Se registraron dos terremotos casi simultáneos: el primero alcanzó una magnitud de 7,2 y, apenas segundos después, fue seguido por un segundo seísmo de 7,5.

Según los datos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), el desastre se debió a una falla de desgarre superficial en el límite complejo entre las placas del Caribe y Sudamérica, una zona crítica donde la placa caribeña se desplaza hacia el este a unos 20 milímetros por año.

Los análisis rápidos ya estiman daños multimillonarios y una exposición urbana masiva en zonas densamente pobladas como La Guaira, Caracas y diversas áreas costeras.

La dura realidad sobre el terreno

A pesar del incalculable valor económico y operativo de las imágenes satelitales —que evitan la duplicidad de esfuerzos y optimizan la maquinaria— la NASA es consciente de una realidad demoledora: el satélite solo confirma el desastre si no hay ejecución abajo.

Una crisis de esta magnitud exige hospitales resilientes, comunicaciones estables y reservas logísticas. En una Venezuela con servicios públicos al límite, la ayuda geoespacial internacional acelera los diagnósticos, pero la salvación final sigue dependiendo de que haya carreteras transitables, combustible, personal entrenado y cadenas de mando claras para quienes remueven los escombros.

La situación se complica aún más debido a la carrera contra las réplicas, que podrían prolongarse durante semanas, amenazando con desplomar las estructuras que aún quedan en pie y entorpeciendo las labores de reconstrucción en escuelas y hospitales. Venezuela se ve obligada a gestionar el rescate, la evaluación técnica y la reconstrucción de manera simultánea.

Ante la magnitud del colapso, la activación de estos recursos recuerda que las grandes catástrofes ya no son un asunto estrictamente nacional. A través de mecanismos como la Carta Internacional sobre el Espacio y los Grandes Desastres —que reúne a 17 agencias espaciales para facilitar datos satelitales gratuitos—, la cooperación técnica se erige como una infraestructura invisible. Ahora, el éxito de la misión se mide en una sola variable: que esos mapas lleguen a tiempo a las manos de quienes buscan sobrevivientes bajo la superficie.

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