Ambas jugadoras transformaron graves accidentes y profundas crisis de autoestima en una motivación para vestir la camiseta de Bolivia y apuntar al Mundial de Polonia 2027.
13/07/2026 15:17
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Detrás del histórico campamento sudamericano de fútbol para amputadas que se desarrolla en Santa Cruz, palpitan historias de profunda resiliencia. Treinta mujeres entrenan diariamente con muletas y balones buscando un cupo en la primera selección boliviana, pero para muchas de ellas, el verdadero triunfo empezó mucho antes de entrar a la cancha: comenzó el día en que decidieron levantarse y volver a sonreír.
Entre los testimonios más conmovedores del plantel se encuentran los de Rogelia Barrón y Saray Vargas. Ambas atravesaron accidentes que cambiaron sus vidas para siempre y, tras superar etapas de intensa oscuridad emocional y frustración, hoy encuentran en el deporte una segunda oportunidad y una familia elegida.
Rogelia Barrón: Una lucha que empezó en la infancia
Rogelia tiene 43 años y viajó desde Chuquisaca para ganarse un lugar en el equipo. Su discapacidad física la acompaña desde los seis años, cuando sufrió un trágico accidente automovilístico mientras caminaba por el largo trayecto rural que separaba su casa de la escuela. Un camión pasó sobre su pie y los médicos no tuvieron otra opción que amputar.
A pesar de haber convivido con esta realidad casi toda su vida, el desgaste emocional y los dolores acumulados la derrumbaron recientemente. Rogelia confiesa que llegó a caminar de vuelta a casa sintiéndose completamente destrozada y sin fuerzas para continuar.
"Yo decía: ya estoy cansada, no importa, lo importante es que mis hijos estén bien, mi familia esté bien. Estaba destrozada", relató entre lágrimas. Sin embargo, el fútbol le devolvió la motivación. "Cuesta estar así, cuesta. Pero nosotras somos luchadoras, yo lucho todos los días. Si estoy aquí es por algo".
Saray Vargas: El reencuentro con la alegría y la vida
La historia de Saray Vargas es más reciente, pero igual de dolorosa. Perdió una de sus piernas hace apenas dos años en un accidente. El impacto inicial la sumergió en una crisis tan severa que se sintió completamente inútil, enfrentando una fuerte dependencia de analgésicos y calmantes de alta potencia médica para evadir su realidad, llegando a desear el fin de su vida en medio de la desesperación.
Para Saray, integrarse a este grupo de 30 deportistas ha sido el tratamiento más efectivo para sanar el alma. El apoyo mutuo y la empatía de sus compañeras cambiaron radicalmente su perspectiva.
"Hoy estoy sonriendo, estoy feliz y el llorar es menos. El que estas mujeres me compartan sus historias, su vida, y adaptarnos... te sientes en familia, te sientes en casa y te sientes cómoda. El día de mañana vas a encontrar gente maravillosa y vas a formar proyectos grandes. ¡Que viva la vida!", exclamó con entusiasmo.
Tanto Rogelia como Saray han dejado atrás los momentos en que pensaron que no podrían más. Hoy, enfocadas en los entrenamientos diarios, se preparan para demostrar a nivel internacional que las barreras solo existen en la mente, con la mirada fija en el gran sueño de representar al país en el Mundial de Polonia 2027.
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