Un ambicioso estudio revela que nuestra obsesión por usar la mano derecha nació el día en que decidimos ponernos de pie y nuestro cerebro empezó a crecer.
22/05/2026 16:22
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Independientemente de la cultura, el idioma o el rincón del planeta en el que se busque, el 90% de la población humana es diestra. Este fenómeno, una asimetría casi perfecta y única en el reino animal, ha desconcertado a la ciencia por generaciones. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la prestigiosa revista PLOS Biology parece haber hallado la respuesta definitiva: la culpa es de nuestra forma de caminar y del tamaño de nuestra cabeza.
La investigación, liderada por el antropólogo evolutivo Thomas Püschel de la Universidad de Oxford junto a expertos de la Universidad de Reading, revela que la preferencia generalizada por la mano derecha no es un capricho genético azaroso, sino el resultado directo del bipedalismo y la expansión cerebral de nuestros ancestros homínidos, según publica La Razón de España en un extenso reportaje.
El espejo de los primates: Somos la gran excepción planetaria
Para descifrar el enigma, el equipo analizó una colosal base de datos de más de 2.000 individuos pertenecientes a 41 especies de primates (incluyendo simios, monos y humanos modernos). Mediante modelos estadísticos aplicados al árbol filogenético, descubrieron algo sorprendente: la mayoría de los primates no tienen una mano favorita.
Mientras que los chimpancés o gorilas usan ambas extremidades de forma indistinta, los investigadores detectaron raras excepciones: el langur de Java Oriental tiende a ser diestro, mientras que los orangutanes muestran una leve inclinación hacia la izquierda. Al cruzar estos datos con la fisonomía de los animales, saltó la chispa: la preferencia de una mano está directamente ligada al tamaño del cerebro y a las proporciones de los brazos y piernas.
De Lucy al Neandertal: La línea de tiempo de la mano derecha
Al aplicar este modelo matemático a los fósiles de homínidos extintos, los científicos lograron reconstruir cómo nos convertimos en diestros paso a paso:
Australopithecus afarensis (como la famosa 'Lucy'): Mostraba apenas una levísima e imperceptible inclinación por la mano derecha.
Homo ergaster y Homo erectus: Con un cerebro más grande y un bipedalismo consolidado, el sesgo diestro empezó a dispararse notablemente.
Neandertales: Prácticamente idénticos a nosotros. Su preferencia por la mano derecha ya estaba completamente fijada.
El caso que terminó de confirmar la teoría fue el del Homo floresiensis, popularmente llamado el "Hobbit de Indonesia". Las simulaciones de este homínido extinto mostraron que no tenía preferencia manual (igual que un chimpancé actual). ¿La razón? El "Hobbit" poseía un cerebro muy pequeño y extremidades aún adaptadas para trepar árboles, lo que prueba que sin bipedalismo puro y sin un cerebro grande, la destreza derecha no se desarrolla.
La evolución en dos actos: Así se adueñó la derecha del mundo
A raíz de los hallazgos, los científicos proponen que la lateralidad humana se consolidó en dos fases cruciales:
El gran paso: Al ponernos de pie (bipedalismo), las extremidades superiores quedaron completamente libres de la tarea de caminar. Esto permitió que las manos se especializaran de forma exclusiva en fabricar herramientas y manipular objetos.
La asimetría cerebral: A medida que el cerebro de los ancestros Homo crecía, se organizó de forma asimétrica para optimizar espacio y energía en tareas cognitivas complejas. Esto decantó la balanza hacia el hemisferio izquierdo (que controla el lado derecho del cuerpo). La cultura y el aprendizaje social hicieron el resto, fijando el hábito en el 90% de la población.
Los cabos sueltos: ¿Y qué pasa con los zurdos?
Pese al monumental hallazgo, Thomas Püschel y su equipo advierten que la ciencia aún tiene preguntas pendientes por responder. La principal incógnita que deja el estudio sobre la mesa es el misterio inverso: ¿por qué un 10% de la población se resistió a la evolución y sigue siendo zurda?
El equipo espera que el análisis de patrones similares en otros animales de extremidades especializadas —como los canguros con sus patas o los loros con sus garras— pueda arrojar luz sobre el porcentaje disidente de la humanidad.
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