Pasaron de sorprender por su realismo a inundar redes sociales, anuncios y publicaciones. El problema no es que la IA pueda crear casi cualquier imagen, sino qué estamos dejando de lado cuando recurrimos a ella para todo.
18/09/2026 12:43
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Hace apenas unos años, ver una imagen creada por inteligencia artificial era algo sorprendente. Ver rostros que nunca existieron, paisajes impresionantes y escenas que habrían tomado horas y días de edición siendo creadas en cuestión de segundos. Hoy en día, el sentimiento es distinto. Basta abrir cualquier red social, ya sea Facebook, Instagram, WhatsApp y muchas más, para encontrarse con anuncios, necrológicos, logotipos, videos e incluso publicaciones de grandes empresas e instituciones generadas completamente con inteligencia artificial. Lo que en su momento parecía extraordinario e innovador ya comienza a sentirse repetitivo.
No estoy en contra de la inteligencia artificial. Al contrario, pienso que la inteligencia artificial es una herramienta excepcional que puede llegar a ayudar a muchas personas de muchas maneras, siempre y cuando sea usada con responsabilidad. Sería difícil negar su utilidad. El problema está cuando dejamos de utilizarla como una herramienta y comenzamos a usarla como un sustituto de la creatividad humana.
Empresas, instituciones educativas, medios de comunicación y organizaciones de todo tipo han estado usando la inteligencia artificial como una forma rápida y barata de producir contenido visual. ¿Para qué contratar a un diseñador gráfico para crear un afiche si puede ser generado en segundos? ¿Para qué organizar una sesión de fotos, contratar a un equipo de edición y dedicar horas a una publicación si solo basta con escribir un par de instrucciones?
Desde una perspectiva económica, la respuesta es evidente. Desde la perspectiva humana y creativa, no tanto.
Detrás de un letrero, una animación, un video y hasta una simple fotografía existe (o al menos existía) una persona y su trabajo. Fotógrafos, videógrafos, diseñadores gráficos y muchos más profesionales que dedicaron años de su vida para aprender a comunicar ideas de una manera visual. Esto no se trata solamente de saber cómo utilizar un programa. Existe todo un proceso crítico detrás de la creación de una obra visual que toma tiempo, experiencia y decisiones antes de ser ejecutada.
Cuando este proceso es reemplazado con una instrucción escrita en cuestión de segundos, no solamente se está ahorrando dinero, sino también se está dando un mensaje de cuánto valoramos el trabajo creativo.
Pero también hay otro problema que resulta cada vez más evidente: las imágenes comienzan a parecerse entre sí.
Probablemente, muchos ya conocemos las típicas características de una imagen generada por inteligencia artificial. La iluminación perfecta, los rostros impecables, el mismo texto y esa sensación incómoda de saber que estamos viendo algo que puede parecer real y artificial al mismo tiempo. No significa que todas estas imágenes sean idénticas, ni que sea imposible crear algo original. Sin embargo, cuando se utiliza como un atajo y de manera masiva, el contenido puede llegar a sentirse vacío.
Y empieza a cansar.
Las imágenes hechas por inteligencia artificial están dejando de ser novedosas simplemente por el hecho de ser creadas con inteligencia artificial. Cada vez es más común estar mirando las redes sociales y, de repente, encontrarse con publicidades claramente generadas. No necesariamente porque sea una mala imagen, sino porque ya hemos visto algo parecido demasiadas veces.
Esto termina siendo algo irónico, ya que una tecnología que fue diseñada para poder crear cualquier cosa que un usuario desee puede terminar haciendo que todo se vea igual.
Y hay instantes donde esta pérdida de humanidad en las imágenes resulta ser un poco incómoda. Pensemos en publicaciones destinadas a recordar a una persona fallecida, campañas benéficas o mensajes de instituciones que buscan representar a una comunidad. En estos casos, una imagen capturada en la vida real o una pieza creada con el esfuerzo y el sentimiento de una persona tiene algo que una imagen generada difícilmente puede reemplazar: una conexión auténtica y un punto de vista humano.
El tema se vuelve todavía más delicado cuando hablamos de medios de comunicación. Durante décadas, una fotografía periodística tenía un significado concreto: alguien estuvo ahí y capturó lo acontecido. En un mundo donde cada vez resulta más fácil fabricar personas, lugares y acontecimientos visuales que sean convincentes, es cada vez más fundamental preservar esa diferencia entre una fotografía documentada en tiempo real y una imagen sintética. Si dejamos de preguntarnos de dónde vienen las imágenes que consumimos, también corremos el riesgo de perder la confianza en ellas.
Incluso aquello que ocurre detrás de la pantalla merece atención. Generar contenido con inteligencia artificial es un proceso que tiene un efecto físico en nuestro planeta. Los centros de datos que sostienen estos programas requieren grandes cantidades de energía y agua para poder operar y enfriar sus equipos, ya que estos tienden a sobrecalentarse. La Agencia Internacional de Energía estimó que los centros de datos consumieron alrededor de 415 teravatios-hora de electricidad en 2024, aproximadamente el 1,5 % del consumo mundial, y proyecta que esa cifra podría superar los 945 teravatios-hora para 2030. La misma organización identifica a la inteligencia artificial como el principal motor de ese crecimiento.
Esto no significa que deberíamos dejar de utilizar inteligencia artificial cada vez que queramos crear una imagen. Tampoco tendría sentido aferrarnos al pasado y rechazar una tecnología porque está alterando ciertas profesiones. Las herramientas creativas siempre han evolucionado y lo seguirán haciendo. Actualmente, la inteligencia artificial es parte de esa evolución.
La diferencia estará en cómo decidamos usarla.
Un diseñador puede utilizar inteligencia artificial para explorar ideas o acelerar determinadas partes de su trabajo sin renunciar a su creatividad. Un videógrafo puede incorporarla a su proceso de edición. Un estudiante puede utilizarla para visualizar un concepto. En esos casos, la tecnología amplifica la capacidad humana en lugar de intentar reemplazarla.
Quizás por eso la pregunta que deberíamos hacernos no es si la inteligencia artificial puede crear una imagen. Ya sabemos que puede.
La pregunta es si realmente necesitamos que lo haga cada vez.
Porque tener una herramienta que es capaz de crear algo en segundos no significa que debamos utilizarla para todo. La eficiencia tiene su valor, pero también lo tienen el esfuerzo, la originalidad y, sobre todo, las personas que existen detrás de una creación.
En una época en la que producir imágenes nunca había sido tan fácil, quizás lo verdaderamente valioso vuelva a ser aquello que alguien se tomó el tiempo de crear.
