El reconocido futurista Marcos Urarte advirtió en el WCF Americas Summit 2026 que la inestabilidad política frena la inversión y la retención de talento en Bolivia, e instó a los empresarios a diseñar organizaciones de alto rendimiento basadas en inteligencia artificial, pensamiento crítico y resiliencia.
20/05/2026 17:56
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El Foro Regional Las Américas, WCF Americas Summit 2026, continuó su agenda internacional en Santa Cruz con la participación de Marcos Urarte, prestigioso estratega, consultor de gestión y uno de los principales futuristas de España según la revista Forbes. Con una perspectiva que fusiona la ingeniería industrial y la prospectiva geopolítica, Urarte analizó con crudeza el panorama actual de Bolivia, los desafíos globales de la inteligencia artificial y las competencias indispensables que deben asumir los líderes empresariales para sobrevivir en un entorno que calificó como "apasionante y caótico".
Urarte comenzó su intervención derribando el mito de las fórmulas mágicas en el mundo de los negocios, señalando que el éxito previo no garantiza absolutamente nada y que cada coyuntura exige un diagnóstico propio y un "nivel de ambición" bien definido, el cual termina condicionando los recursos y las capacidades de cualquier organización. En su análisis sobre la realidad nacional, el consultor español advirtió que la conflictividad social y la inestabilidad política actúan hoy como un severo obstáculo que frena la inversión privada y ahuyenta el capital humano, provocando una fuga de cerebros que debilita el tejido productivo. El experto enfatizó que el sector empresarial requiere urgentemente estabilidad, seguridad y, sobre todo, confianza económica y jurídica para poder avanzar.
"El futuro nunca ha sido la prolongación del pasado, nunca. Esto significa que por mucho éxito que hayamos tenido, nada nos garantiza tener éxito futuro. Cada organización va a tener que inventar su propio futuro, porque si no lo inventa ella, lo van a inventar otros y no va a ser el mejor para ella", sentenció Urarte, instando al empresariado local a dejar de ser observador y pasar a la acción.
Frente a la incertidumbre, el estratega propuso que las empresas reemplacen el rígido plan estratégico tradicional por el diseño de organizaciones de alto rendimiento dotadas de herramientas para enfrentar retos hoy inimaginables. En ese sentido, calificó como una obligación absoluta el desarrollo de una estrategia en inteligencia artificial, una tecnología que ya no debe verse como una simple herramienta, sino como una capacidad estratégica. Al diferenciar la IA generativa de la IA agéntica, auguró un cambio radical en los perfiles profesionales, donde las empresas contarán con más agentes tecnológicos que personas en sus planificaciones, desplazando las labores que no aporten valor añadido. No obstante, aclaró que la meta es una superamplificación de las capacidades humanas y que la IA no reemplazará a los profesionales por sí sola, sino que lo harán aquellas personas que sepan integrarla en su día a día.
Para ilustrar el brutal impacto y la velocidad de esta transformación digital, Urarte comparó la evolución financiera global exponiendo que Nvidia, la empresa de mayor capitalización bursátil del mundo con un valor que ronda los 5 billones de dólares —casi cuatro veces el Producto Interno Bruto de España—, opera a nivel global con apenas 36.000 trabajadores. Esta realidad contrasta drásticamente con el panorama de 1985, cuando IBM lideraba el mercado global sustentada en una planilla de 400.000 empleados. Ante este escenario dominado por la automatización y la existencia de "fábricas oscuras" operadas íntegramente por robots, el experto defendió que el verdadero petróleo del siglo XXI no son los datos, sino el talento y el desarrollo de las industrias del conocimiento.
Respecto al panorama corporativo boliviano, el consultor destacó el altísimo nivel de su primera línea ejecutiva, afirmando que los directores del país no tienen nada que envidiar a los europeos; sin embargo, detectó una brecha profunda en la capacitación de los mandos medios. Asimismo, recomendó a los directivos locales salir más de sus estructuras para evitar soluciones endogámicas y arriesgarse a internacionalizar sus operaciones, alertando que competir exclusivamente en el mercado interno boliviano expone a las firmas locales a ser devoradas por corporaciones extranjeras de mayor escala.
En el plano estructural, Urarte propuso la creación de un plan estratégico país mediante un consejo asesor independiente adscrito a la presidencia, libre de ideologías políticas y conformado por referentes mundiales. Si bien reconoció que poseer recursos naturales como el litio, el gas, la minería o la agropecuaria es una bendición, recordó que depender únicamente de materias primas genera empleos de baja calidad y somete la economía a precios fijados por mercados externos que Bolivia no controla.
Finalmente, el especialista invitó a los empresarios y emprendedores bolivianos a blindarse y aprender a operar al margen de las crisis políticas, citando el ejemplo de resiliencia del sector privado peruano. Urarte concluyó que el rol de un gobierno debe limitarse a dotar de infraestructura, financiamiento, políticas laborales y educación, construyendo un ecosistema facilitador y evitando interferir con trabas burocráticas, puesto que en épocas de crisis siempre conviven las organizaciones que se lamentan y aquellas que salen a vender pañuelos.
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