El economista Fernando Romero advierte que el nuevo régimen cambiario puede ayudar a sincerar el precio del dólar y reducir distorsiones, pero también podría generar volatilidad, presión inflacionaria y mayores costos de importación si no se acompaña de disciplina fiscal y recuperación de divisas.
27/06/2026 12:30
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El paso de Bolivia hacia un tipo de cambio flexible abre una nueva etapa económica y plantea varias interrogantes para empresas, familias, importadores, exportadores y ahorristas.
De acuerdo con el análisis del economista Fernando Romero, el nuevo régimen permitirá que el tipo de cambio oficial se acerque gradualmente al verdadero precio del dólar, determinado por la oferta y la demanda.
Sin embargo, el especialista advierte que esta transición también puede traer efectos importantes en el corto, mediano y largo plazo.
Corto plazo: más volatilidad y presión sobre precios
Según Romero, durante los primeros meses es probable que aumente la volatilidad en el mercado cambiario.
El nuevo sistema permitiría reducir parcialmente las distorsiones entre el tipo de cambio oficial y el mercado paralelo, pero también podría provocar una depreciación inicial del boliviano, especialmente si continúa la escasez de divisas.
Esto tendría un efecto directo sobre los costos de importación de numerosos bienes.
Medicamentos, alimentos, maquinaria, repuestos, tecnología y otros productos importados podrían encarecerse si el dólar continúa subiendo.
El analista también advierte que la inflación podría mantenerse elevada durante 2026, considerando el deterioro del contexto macroeconómico y las restricciones externas.
El desafío inmediato: recuperar la confianza
Para Romero, el principal reto en esta primera etapa será recuperar la confianza de la población y del sector empresarial.
Empresas y familias podrían seguir demandando dólares como mecanismo de resguardo, lo que mantendría la presión sobre el sistema financiero.
Una ventaja del nuevo régimen es que el Banco Central de Bolivia utilizaría menos reservas internacionales para defender un tipo de cambio específico.
Sin embargo, el analista remarca que si la oferta privada de dólares sigue siendo insuficiente, el nuevo sistema por sí solo no eliminará la escasez de divisas.
Mediano plazo: exportaciones más competitivas, pero mayores costos
En un horizonte de uno a tres años, Romero sostiene que la economía podría comenzar a adaptarse a un tipo de cambio más realista, siempre que exista disciplina fiscal y monetaria.
Uno de los posibles efectos positivos sería una mayor competitividad para las exportaciones.
Los exportadores recibirían más bolivianos por cada dólar generado, lo que podría incentivar la producción destinada al mercado externo.
Además, podrían reducirse algunos incentivos al contrabando de salida y al arbitraje cambiario.
Pero el ajuste también tendría costos.
Los sectores que dependen de insumos importados enfrentarían mayores gastos de producción. En ese escenario, las empresas tendrían que mejorar su productividad y eficiencia para evitar trasladar todos esos costos al consumidor final.
Riesgo: que la depreciación llegue a los precios
El análisis advierte que si el Gobierno no reduce el déficit fiscal y continúa financiándolo mediante expansión monetaria, la depreciación del tipo de cambio podría trasladarse de forma persistente a los precios internos.
En otras palabras, si no hay orden fiscal, el dólar flexible podría terminar presionando aún más la inflación.
Por eso, Romero considera que el tipo de cambio flexible debe ir acompañado de medidas económicas responsables y no ser visto como una solución aislada.
Largo plazo: puede fortalecer la estabilidad, pero con condiciones
En el largo plazo, un régimen flexible puede ayudar a fortalecer la estabilidad macroeconómica.
Esto ocurriría si el país logra aplicar políticas fiscales responsables, acumular reservas internacionales y generar mayor ingreso de dólares.
Con un tipo de cambio flexible, Bolivia dejaría de depender exclusivamente del Banco Central para abastecer el mercado de divisas y permitiría que el mercado absorba parte de los impactos externos.
Sin embargo, Romero advierte que ningún régimen cambiario puede ser exitoso si persisten los desequilibrios estructurales.
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