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Economista sostiene que la flexibilización cambiaria es el primer paso

El economista Fernando Romero sostiene que la transición de un tipo de cambio fijo a uno flexible representa uno de los cambios más importantes de la política cambiaria boliviana en los últimos años.

Economista sostiene que la flexibilización cambiaria es el primer paso. Foto AFP
Bolivia

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Bolivia estaría ingresando a una nueva etapa económica tras casi 15 años de mantener un régimen de tipo de cambio prácticamente fijo.

Así lo plantea el economista y analista Fernando Romero, quien señala que el país comenzó una transición hacia un esquema de mayor flexibilidad cambiaria, en el que el precio oficial del dólar dejaría de ser fijado de manera discrecional y pasaría a calcularse con base en operaciones realizadas dentro del sistema financiero.

Según el análisis, este cambio responde a un contexto marcado por la caída de las Reservas Internacionales Netas, la menor disponibilidad de divisas líquidas, el déficit fiscal, la reducción de las exportaciones de gas natural y la creciente demanda de dólares por parte de empresas y familias.

Romero sostiene que la flexibilización cambiaria era una corrección esperada, debido a que el antiguo esquema de tipo de cambio fijo se volvió cada vez más difícil de sostener.

Desde su perspectiva, permitir que el tipo de cambio oficial se acerque más al valor real del mercado puede reducir distorsiones, disminuir la brecha con el mercado paralelo y evitar que el Banco Central utilice más reservas para defender un precio artificial del dólar.

Sin embargo, el analista advierte que esta medida no elimina por sí sola el problema central: la falta de dólares en la economía.

Mientras Bolivia no recupere una mayor oferta de divisas mediante exportaciones, inversión extranjera, turismo, financiamiento externo y mayor confianza económica, la presión sobre el tipo de cambio podría continuar.

Posibles efectos en la economía

En el corto plazo, el análisis prevé mayor volatilidad cambiaria y una probable depreciación inicial del boliviano, especialmente si persiste la escasez de divisas.

Esto podría traducirse en un aumento de los costos de importación, afectando medicamentos, maquinaria, repuestos, tecnología, alimentos, vehículos y otros productos que dependen del dólar.

También podría presionar la inflación y modificar las expectativas de empresas y consumidores.

En el caso de los créditos en bolivianos, no habría un impacto directo sobre las cuotas ya pactadas. Sin embargo, los créditos en dólares sí enfrentarían mayor riesgo, ya que una depreciación del boliviano elevaría el costo real de las obligaciones para quienes generan ingresos en moneda nacional.

Importaciones, anticréticos y ahorro

El analista también señala que los contratos de anticrético pactados en dólares podrían verse afectados, especialmente al momento de la devolución del capital, si el tipo de cambio continúa subiendo.

En el mercado inmobiliario, esto podría empujar a que nuevos contratos se negocien cada vez más en bolivianos para reducir el riesgo cambiario.

Respecto al ahorro, Romero considera que las familias y empresas podrían diversificar más sus activos entre bolivianos y dólares. Pero si la incertidumbre económica persiste, muchos agentes seguirán viendo al dólar como una forma de protección.

¿Primer paso hacia una unificación cambiaria?

Desde una mirada técnica, el economista considera que la flexibilización cambiaria sí puede entenderse como un primer paso hacia una eventual unificación cambiaria.

Esto significa reducir la diferencia entre el tipo de cambio oficial y el precio real al que se transa el dólar en la economía.

No obstante, el análisis remarca que la unificación no será automática. Para que funcione, el país necesita recuperar reservas, ordenar las cuentas fiscales, atraer inversión y fortalecer la credibilidad institucional.

Tres medidas clave

Romero plantea que el Gobierno debería avanzar en tres frentes principales:

Primero, reducir gradualmente el déficit fiscal, evitando que el desequilibrio de las cuentas públicas siga presionando al tipo de cambio y a la inflación.

Segundo, recuperar la oferta de divisas mediante mayores exportaciones, inversión extranjera, turismo y proyectos productivos que generen ingreso real de dólares al país.

Tercero, fortalecer la confianza institucional, con mayor transparencia en la publicación diaria del tipo de cambio, reglas claras para el sistema financiero y coordinación entre la política fiscal y monetaria.

Una señal de ajuste económico

En conclusión, el análisis sostiene que Bolivia estaría frente a uno de los cambios más importantes de su política cambiaria reciente.

La flexibilización puede ayudar a corregir distorsiones y acercar el precio oficial del dólar a las condiciones reales del mercado.

Pero el mensaje central del analista es claro: el nuevo régimen cambiario puede ser una herramienta útil, pero no reemplaza las reformas económicas necesarias.

Si no se acompaña de disciplina fiscal, mayor ingreso de divisas y recuperación de la confianza, el país solo administrará la escasez de dólares sin resolver sus causas estructurales.

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