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Conoce los factores que aumentan el riesgo de desarrollar hígado graso

El hígado graso ocurre cuando se acumula grasa en las células hepáticas.

Unifranz Online: Conoce los factores que aumentan el riesgo de desarrollar hígado graso
Bolivia

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El hígado graso, conocido médicamente como esteatosis hepática, es una de las enfermedades metabólicas más frecuentes que aqueja a las personas. Su crecimiento está relacionado con el estilo de vida moderno, marcado por el sedentarismo, la mala alimentación y el aumento de enfermedades como obesidad y diabetes.

Magaly Bishop, nutricionista y docente de la carrera de Medicina de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), advierte que actuar de manera preventiva es fundamental.

“Identificar y corregir los factores de riesgo del hígado graso a tiempo es la mejor estrategia para evitar que una enfermedad silenciosa se convierta en una amenaza grave”, sostiene.

El hígado graso ocurre cuando se acumula grasa en las células hepáticas. Existen dos principales tipos: el hígado graso no alcohólico, asociado a obesidad, diabetes y síndrome metabólico; y el hígado graso alcohólico, relacionado con el consumo excesivo de bebidas alcohólicas.

Aunque en las primeras etapas puede pasar desapercibido, si no se detecta y trata a tiempo puede evolucionar hacia cirrosis, insuficiencia hepática e incluso cáncer de hígado.

Obesidad y sedentarismo aumentan el riesgo de hígado graso

Uno de los factores de riesgo más importantes es la obesidad abdominal. El exceso de grasa corporal altera el metabolismo y favorece la acumulación de lípidos en el hígado. A esto se suma la resistencia a la insulina, condición estrechamente relacionada con la diabetes tipo 2.

Las personas con niveles elevados de triglicéridos y colesterol LDL (conocido como "colesterol malo”) también presentan mayor predisposición a desarrollar la enfermedad. Asimismo, el sedentarismo juega un papel determinante. La falta de actividad física disminuye la capacidad del organismo para metabolizar grasas y favorece procesos inflamatorios.

Según estudios internacionales, hasta un 30% de los adultos en países occidentales podría presentar algún grado de hígado graso, muchas veces sin saberlo. La alimentación rica en azúcares, bebidas ultraprocesadas, comida rápida y grasas saturadas acelera este problema.

El consumo excesivo de alcohol continúa siendo otro de los factores más dañinos para el hígado. Incluso en personas jóvenes, el abuso frecuente puede desencadenar inflamación hepática y daño progresivo.

El consejo ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce y recomienda la prevención y el control de la esteatosis hepática requieren políticas orientadas a promover una alimentación saludable, incentivar la actividad física y reducir el consumo excesivo de grasas saturadas y azúcares libres.

A estas acciones se suman estrategias dirigidas a disminuir el consumo nocivo de alcohol, en relación con el Plan de Acción Mundial contra el Alcohol 2022-2030 impulsado por la misma OMS. El objetivo es consolidar medidas de salud pública que permitan frenar el avance de esta enfermedad y reducir sus impactos en la población.

Diagnóstico temprano permite evitar complicaciones hepáticas

Uno de los mayores problemas del hígado graso es que suele avanzar silenciosamente. “En las primeras etapas, el hígado graso suele ser asintomático. Sin embargo, a medida que la enfermedad progresa, pueden aparecer síntomas como fatiga, pérdida de peso, dolor abdominal, náuseas, vómito e ictericia”, explica Bishop.

Debido a que muchos de estos síntomas pueden confundirse con otras enfermedades digestivas o metabólicas, el diagnóstico médico oportuno es esencial. “Muchos síntomas del hígado graso pueden confundirse con otras enfermedades, tanto leves como graves. Un diagnóstico preciso es fundamental para evitar complicaciones mayores”, agrega la especialista.

Los chequeos médicos periódicos, análisis de sangre y ecografías hepáticas permiten detectar el problema de manera temprana, incluso antes de que aparezcan síntomas importantes.

Los especialistas insisten en que el hígado graso es una enfermedad prevenible y, en muchos casos, reversible. Mantener un peso saludable, evitar el alcohol, realizar actividad física y adoptar hábitos alimenticios equilibrados son las herramientas más efectivas para proteger uno de los órganos más importantes del cuerpo.

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