Organización Mundial de Salud (OMS) estima que el 4,4 % de la población mundial padece un trastorno de ansiedad, lo que equivale a 359 millones de personas y los convierte en los trastornos mentales más frecuentes.
28/07/2026 12:07
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La ansiedad forma parte de la respuesta natural del organismo ante situaciones de estrés o incertidumbre. Sin embargo, cuando se vuelve frecuente, intensa o empieza a interferir con el trabajo, los estudios o las relaciones personales, deja de ser una reacción pasajera y requiere atención. Aprender a reconocer sus señales es el primer paso para recuperar el bienestar emocional.
James Robles, director de la carrera de Psicología de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz), explica que la salud mental involucra mucho más que las emociones. “La conexión entre mente y cuerpo es innegable. Una persona que vive con ansiedad o depresión experimenta un desgaste integral: emocional, físico y social”, afirma.
La Organización Mundial de Salud (OMS) estima que el 4,4 % de la población mundial padece un trastorno de ansiedad, lo que equivale a 359 millones de personas y los convierte en los trastornos mentales más frecuentes.
Señales ayudan a detectar la ansiedad a tiempo
La ansiedad puede manifestarse a través de señales físicas, emocionales y conductuales que afectan la forma en que una persona piensa, siente y actúa.
Entre los principales síntomas se encuentran las palpitaciones, dificultad para respirar, tensión muscular, fatiga, alteraciones del sueño, preocupación excesiva, irritabilidad, miedo intenso, dificultad para concentrarse y la sensación constante de anticipar problemas.
También pueden aparecer cambios en el comportamiento, como evitar situaciones que generan temor, inquietud permanente, modificaciones en los hábitos de sueño o alimentación y recurrir al consumo excesivo de cafeína, alcohol o pantallas como una forma de escape.
“Los problemas de salud mental pueden afectar significativamente la calidad de vida de las personas, interfiriendo en sus relaciones, trabajo y bienestar emocional. Estos pueden manifestarse a través de síntomas emocionales, cognitivos y conductuales que pueden ser discapacitantes si no se tratan adecuadamente”. Advierte Robles.
En el cuerpo también aparecen síntomas como palpitaciones, tensión muscular, dolor de cabeza, cansancio persistente, sudoración o sensación de falta de aire.
Cuando estas señales se presentan durante varias semanas, interfieren en la vida cotidiana o están acompañadas de ataques de pánico, es importante buscar orientación profesional para recibir una evaluación y apoyo adecuado.
Hábitos y apoyo fortalecen el control de la ansiedad
Aunque la ansiedad no desaparece de un día para otro, sí puede manejarse con hábitos saludables. Respirar de forma lenta y profunda, mantener horarios regulares de descanso, realizar actividad física, reducir el consumo excesivo de cafeína y organizar las tareas diarias ayudan a disminuir la sensación de agobio.
También es importante hablar con familiares o personas de confianza. Compartir lo que se siente evita el aislamiento y facilita encontrar apoyo cuando las preocupaciones parecen desbordar la capacidad para afrontarlas.
La atención psicológica permite identificar qué factores desencadenan la ansiedad y desarrollar herramientas para enfrentarla de manera saludable. La terapia, acompañada de estrategias de autocuidado, fortalece la capacidad para responder a los desafíos cotidianos sin que el miedo tome el control.
Para Robles, el bienestar emocional es una responsabilidad compartida. “El cuidado de la salud mental requiere un enfoque holístico que incluya el acceso a servicios de calidad, la promoción de entornos saludables y la educación sobre la importancia del bienestar emocional. Cada individuo tiene un rol en la creación de comunidades resilientes y solidarias”.
Reconocer la ansiedad a tiempo, hablar sobre ella sin prejuicios y buscar ayuda profesional cuando sea necesario son pasos fundamentales para proteger la salud mental. Los especialistas coinciden en que promover la educación emocional, fortalecer las redes de apoyo y fomentar hábitos saludables resulta clave para evitar que el miedo y la preocupación afecten de forma permanente la calidad de vida de las personas.
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