La neurociencia educativa permite comprender mejor los procesos como la atención, la memoria, la emoción y la motivación.
26/08/2026 14:04
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La tecnología y la neurociencia están transformando la educación, pero el verdadero potencial no está en incorporar más herramientas, sino en utilizarlas para comprender mejor cómo aprenden las personas. La inteligencia artificial y los recursos digitales ayudan a personalizar experiencias, ampliar las posibilidades de aprendizaje y facilitar la retroalimentación, siempre que el estudiante siga siendo el centro del proceso.
“El vínculo entre la neuroeducación y la innovación educativa se establece como la comprensión de los procesos cerebrales que pueden transformar las prácticas educativas y cómo los hallazgos neurocientíficos pueden optimizar el aprendizaje humano”, explica James Robles, director de Psicología de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz).
El especialista plantea que el desafío consiste en “Construir puentes entre la investigación básica en neurociencia y las necesidades prácticas del ámbito educativo”.
Neurociencia, tecnología e innovación en educación
La neurociencia educativa permite comprender mejor los procesos como la atención, la memoria, la emoción y la motivación. Este conocimiento ayuda a diseñar experiencias que respondan a las características y necesidades de los estudiantes, especialmente en entornos digitales donde la cantidad de estímulos puede dificultar la concentración.
«Es esencial aplicar métodos didácticos que personalicen el aprendizaje, favorezcan la participación activa y promuevan la retroalimentación constante», sostiene Robles.
Desde esta perspectiva, contenidos adaptativos, simulaciones, herramientas interactivas y sistemas de retroalimentación pueden enriquecer la formación. Sin embargo, la tecnología debe partir de objetivos pedagógicos claros y no de la simple disponibilidad de nuevas herramientas.
La UNESCO plantea que el uso de la tecnología en educación debe estar al servicio de las personas y responder a criterios de inclusión, equidad y seguridad. Incorporar inteligencia artificial, por tanto, no garantiza por sí mismo mejores resultados: su impacto depende de cómo, para qué y bajo qué condiciones se utiliza.
Inteligencia artificial transforma la enseñanza y redefine los roles
La llegada de la inteligencia artificial también plantea la necesidad de revisar las formas tradicionales de enseñar y aprender. Durante el VII Foro Internacional de Innovación Educativa (FIIE) 2026, Rodrigo Fábrega, fundador de Fundación Cruzando y profesor visitante del MIT Media Lab, cuestionó el uso superficial de esta tecnología.
«La inteligencia artificial no hace magia y, si el sustrato que está detrás es el instruccionismo, es decir, ‘yo enseño y ustedes aprenden’, no vamos a tener resultados mucho mejores de los que ya tenemos», afirmó.
El especialista también señaló: «El 95% del software educativo sigue siendo Skinner. Nos permitió tener una mejor educación que nuestros padres, pero no necesariamente servirá para la generación que estamos formando hoy».
Para Fábrega, el cambio requiere convertir al estudiante en protagonista mediante proyectos, resolución de problemas y creación de conocimiento. “Estamos utilizando la inteligencia artificial de una manera muy superficial. Tenemos que ir mucho más allá del prompting”, advirtió.
Esto también implica un nuevo papel para el docente: más que transmitir respuestas, debe orientar, plantear preguntas, acompañar procesos y ayudar a los estudiantes a evaluar la información que reciben.
Comprender el cerebro fortalece la transformación educativa
La innovación educativa también requiere conocer los procesos que intervienen en el aprendizaje. «Para saber cómo enseñar, primero debemos entender cómo funciona el cerebro», afirma Carlos Dabdoub Arrien, médico neurocirujano, exministro de Salud, fundador y director del Instituto de Neurociencias (INU) y vicerrector de Unifranz en Santa Cruz.
El especialista explica que «El INU es algo que la Universidad Franz Tamayo vio necesario conformar, entendiendo que nuestro propósito es desarrollar el conocimiento y estudiar el funcionamiento del sistema nervioso para crear nuevas estrategias en aprendizaje y enseñanza».
Esta articulación entre neurociencia, innovación y tecnología permite avanzar hacia experiencias educativas más conscientes de las necesidades de los estudiantes. El desafío no consiste en utilizar más tecnología, sino en utilizarla mejor: reducir distracciones, respetar los tiempos de atención, promover la participación y ofrecer retroalimentación.
Así, la transformación educativa puede incorporar las herramientas del futuro sin perder aquello que sostiene el aprendizaje: la interacción humana, la empatía, el pensamiento crítico y la capacidad de aprender con otros. La tecnología puede ampliar las posibilidades, pero el estudiante debe seguir siendo el protagonista.
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