En algunas regiones llueve, mientras en otras la sequía amenaza al ganado y deja comunidades sin agua. Un reportaje especial de Red Uno revela qué está detrás de estos cambios y por qué la pérdida de bosques podría agravar la crisis.
18/10/2026 20:58
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Bolivia enfrenta condiciones climáticas cada vez más irregulares, con sequías extremas, tormentas eléctricas, granizadas en zonas inusuales, nevadas intensas y temperaturas que superan los 30°C. Estos cambios forman parte de las señales que, según el reportaje especial del equipo de prensa de la Red Uno, generan preocupación ante los efectos del fenómeno de El Niño.
“Los patrones de lluvia, de precipitación y de viento prácticamente están alterados”, advirtió el agrometeorólogo Luis Alberto Alpire, quien explicó que las condiciones del clima ya no siguen los patrones habituales.
“Las estaciones en nuestro país, en nuestro departamento, eran bien marcadas. Hoy no. Hoy estamos teniendo en una semana dos frentes fríos, pero además combinados con calor extremo. Entonces, eso le da una pauta de que este fenómeno está actuando”, señaló.
Alpire también afirmó que la Organización Meteorológica Mundial ha advertido sobre la intensidad del fenómeno. Sin embargo, la magnitud de sus efectos debe evaluarse con información meteorológica actualizada.
Mientras algunas regiones registran lluvias, otras enfrentan una grave falta de agua que afecta a las familias, los animales y la producción agropecuaria.
Chuquisaca, entre la falta de agua y el riesgo para el ganado
Al sur de Rosario del Ingre, en Chuquisaca, la sequía golpea a las comunidades del municipio de San Pablo de Huacareta. Los pobladores reportan que llevan cuatro días sin agua para el consumo humano, una situación que agrava las dificultades para abastecer a las familias y mantener al ganado.
“Tenemos más de 50.000 familias afectadas, damnificadas con la sequía por tema de agua”, afirmó Marco Soliz, director ejecutivo y gerente de la Asociación de Gobiernos Autónomos Municipales de Chuquisaca (AGAMDECH).
La falta de lluvias también reduce la disponibilidad de pasturas en los montes. Los productores advierten que el ganado está debilitado por la escasez de agua y alimento, y temen que la situación empeore si no reciben ayuda.
“Hay unos 60 cabezas de ganado que se encuentran en este estado de debilidad. Si no requieren de vacunas, de alimento, entonces van a pasar a esta etapa de la muerte porque se encuentra ya debilitada. Si el ganado no tiene alimento, si no tiene agua, se debilita, se deshidrata y muere”, manifestó Soliz.
Los datos expuestos en el reportaje reflejan la dimensión del problema: el 72% de los municipios registró déficit de lluvias durante los últimos meses y la falta de agua afecta a 64 municipios del país.
Ante este panorama, Soliz pidió medidas urgentes para atender a las comunidades afectadas. “Necesitamos acción inmediata, dispuesto inmediato a un plan de emergencia para afrontar la crisis del agua y la sequía”, sostuvo.
¿Por qué falta agua y qué papel cumplen los bosques?
La crisis no se limita a la ausencia de lluvias. El deterioro de los ecosistemas, la deforestación y los incendios forestales también generan preocupación por sus efectos sobre la disponibilidad de agua.
Para comprender este problema, es importante conocer el papel de los humedales, ecosistemas de transición entre la tierra y el agua. Sus suelos permanecen saturados o inundados de manera temporal o permanente, lo que permite el desarrollo de determinadas plantas, animales y procesos naturales.
Existen humedales naturales, como pantanos, marismas, turberas, manglares, esteros, lagunas costeras y llanuras de inundación. También hay humedales artificiales, creados por las personas para distintos usos, entre ellos arrozales, embalses, canales y estanques destinados al tratamiento del agua o la piscicultura.
Estos ecosistemas cumplen funciones importantes en la regulación del agua. Su deterioro puede afectar la capacidad del territorio para conservarla y mantener el equilibrio ambiental.
Alpire recordó la magnitud de los incendios registrados en el país durante 2024. “A ver, el 2024 se quemaron en el país 12.7 millones de hectáreas. Esa fue la hecatombe”, detalló.
El especialista advirtió sobre la relación entre la pérdida de bosques, la humedad y las lluvias. “En la medida que no hay bosque, no hay lluvia, así de simple, porque genera, ¿qué generan los bosques? Agua, temperatura, humedad y eso definitivamente lo sabe el productor”, mencionó.
Aunque la deforestación y los incendios no explican por sí solos todos los episodios de sequía, la pérdida de cobertura forestal puede alterar el ciclo del agua y agravar la vulnerabilidad de algunas regiones ante las condiciones climáticas extremas.
La prevención, un desafío para los productores
Las consecuencias de la falta de lluvias también pueden extenderse a los próximos meses. Alpire recomendó que los productores se preparen con anticipación ante una posible reducción del forraje disponible para alimentar al ganado.
“Tienen que ya prever con anticipación porque seguramente en diciembre, enero o febrero vamos a tener la falta de forraje para el ganado”, aseguró.
La preocupación se centra en evitar mayores pérdidas para el sector agropecuario, especialmente en las zonas donde la sequía ya afecta el acceso al agua y la alimentación de los animales.
El reto, según el especialista, es mantener la actividad productiva sin destruir los recursos naturales de los que depende. “Que la actividad productiva conjugue con el medio ambiente, porque de lo contrario vamos a dejar de producir alimentos en nuestro departamento si no tenemos una actividad amigable con el medio ambiente”.
El productor boliviano, añadió Alpire, conoce la importancia de proteger los bosques y las áreas protegidas para conservar las condiciones necesarias para producir alimentos.
