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Los múltiples rostros de la maternidad en Cochabamba: Tres historias de sacrificio, amor y superación en el Día de la Madre

Desde un lenocinio, desde una oficina en un triciclo eléctrico o barriendo las calzadas en la fría madrugada; tres mamás cochabambinas nos muestran que el amor por los hijos no conoce de horarios, prejuicios ni barreras físicas.

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Mientras miles de hogares en todo el país se llenan de flores, regalos y homenajes, la maternidad en la Llajta se vive también desde realidades complejas, silenciosas y profundamente conmovedoras. Detrás de las estadísticas y las celebraciones, existen mujeres que día a día —y noche a noche— desafían la adversidad, el estigma y sus propias limitaciones físicas con un solo motor inquebrantable: el futuro de sus hijos.

En este Día de la Madre, conocemos tres historias de vida que demuestran que no existe un solo rostro para definir lo que significa ser mamá.

María: Amor y sacrificio entre las luces de neón y el estigma social

Cuando la noche cae sobre Cochabamba y la mayoría de las familias se disponen a descansar, comienza la jornada laboral de María (nombre ficticio), una joven madre que desde hace tres años se desempeña como trabajadora sexual en diferentes lenocinios de la ciudad.

Su historia, como la de muchas de sus compañeras, está marcada por la falta de oportunidades, el abandono de su expareja y la urgencia de llevar el pan a la mesa. Su hijo menor tenía apenas tres años cuando se vio obligada a asumir por completo los gastos del hogar.

"No lo hago porque me gusta, no lo hago porque quiero; lo hago porque necesito. La gente dice 'ella es puta porque le gusta', pero no saben el trabajo que es", confiesa María, rompiendo el silencio detrás del maquillaje y el anonimato.

A pesar del duro juicio de la sociedad, la maternidad ha sido su principal motor. Con el tiempo, decidió hablar con total franqueza con sus hijos mayores: "Una vez mi hijo me dijo: 'Yo me daba cuenta, mamá... cuando te enfermabas, salías; pero al día siguiente venías con los medicamentos y con la comida porque no tenías la ayuda de nadie. Yo sabía que mi mamá siempre va a poder'".

Para María, el mensaje en este día es claro: "Nunca nos olvidemos de ser madres, siempre seamos mamás antes que mujeres. Detrás de cada trabajadora sexual hay un corazón noble que solo quiere sacar a su familia adelante".

Aleyda Vera: La psicóloga y deportista que venció las barreras de la discapacidad

A los 47 años, Aleyda Vera Vargas es el vivo reflejo de que los límites solo existen en la mente. A causa de la poliomielitis que contrajo al año de vida, su sistema nervioso se vio afectado, obligándola a convivir con una discapacidad física. En su infancia ni siquiera tenía una silla de ruedas y debía trasladarse a rastras con la ayuda de sus compañeros de escuela.

Sin embargo, nada la detuvo. Se graduó como licenciada en Psicología de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), representó con orgullo a la selección de básquetbol en silla de ruedas de Cochabamba viajando por todo el país y, por encima de todo, cumplió su más grande anhelo: ser mamá.

Hoy en día, Aleyda trabaja en el Servicio Departamental de Políticas Sociales (Sedepos) gestionando la carnetización de personas con discapacidad y adultos mayores. Para movilizarse con mayor autonomía, utiliza un triciclo eléctrico con el que lleva y recoge a su hija Valentina, de 10 años, del colegio.

"Mi pilar fundamental es mi hija. Quiero demostrarle que por el hecho de tener una discapacidad podemos salir adelante, no hundirnos ni encerrarnos en nuestras casas", afirma con una sonrisa.

Valentina, su fiel compañera, reconoce el esfuerzo diario de su mamá: "Es muy buena, me cuida mucho. Aunque es un poco estricta y quiere que sea la mejor, le agradezco todo e imploro que se cuide mucho cuando va a su trabajo".

Claudia Mamani: Limpiando las calles con "amor y rigor" mientras la ciudad duerme

A las 11 de la noche, un autobús de la Empresa Municipal de Servicios de Aseo (EMSA) se detiene en las calles cochabambinas. De él desciende Claudia Mamani, alistando sus escobas artesanales de ramas y disponiéndose a pijchar (masticar) hojas de coca para sobrellevar el frío y el cansancio de una rutina que se repite de lunes a domingo.

Claudia ingresó a trabajar a EMSA siendo muy joven debido a la necesidad económica y a que los ingresos de su expareja no abastecían el hogar. Tras separarse, asumió sola la crianza de sus tres hijos.

"En estos tiempos no estamos para escoger trabajo. La situación es difícil, todo está caro y nos toca nomás trabajar de lo que se pueda por la familia", explica Claudia respecto a los riesgos y el desgaste físico del barrido nocturno.

Al regresar a casa por el día, Claudia se transforma en una madre presente que equilibra el cariño con la disciplina para guiar a sus hijos a través de las etapas difíciles como la adolescencia. Su esfuerzo no pasa desapercibido en su hogar. Su hija le dedicó unas emotivas palabras de gratitud: "Agradezco cada día por tenerte. Sé que el trabajo que haces es muy pesado, pero de todo corazón te agradezco todo lo que has hecho por nosotros".

Tres madres, tres realidades distintas en Cochabamba. Desde un lenocinio, desde una oficina pública en un triciclo eléctrico, o barriendo las calzadas bajo el frío de la madrugada; estas mujeres demuestran que la fortaleza de una madre boliviana no conoce de horarios, prejuicios ni imposibles.

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