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“Solo estamos sobreviviendo”: el malabarismo de los dueños de pensiones en Santa Cruz para no subir el precio de los almuerzos

Ante el incremento en el costo de los alimentos, alquileres y servicios básicos, los propietarios de locales de comida en Santa Cruz apelan al trabajo familiar y a la reducción de porciones para mantener sus puertas abiertas sin espantar a la clientela.

“Solo estamos sobreviviendo”: el malabarismo de los dueños de pensiones en Santa Cruz para no subir el precio de los almuerzos
Santa Cruz, Bolivia

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La escalada de precios en la canasta familiar y los insumos básicos ha arrastrado al sector gastronómico popular a una situación límite. En la capital cruceña, los propietarios de pensiones y pequeños restaurantes aseguran que su negocio ya no busca generar grandes ganancias, sino simplemente sobrevivir y sostener a sus familias en medio de una economía asfixiada por la inflación.

La compra diaria de productos indispensables como arroz, fideos, aceite, carnes, frutas y verduras se ha vuelto una carga pesada. A esto se suman los altos costos de los alquileres, obligando a los emprendedores a extremar recursos para evitar que los precios de los almuerzos se disparen.

El esfuerzo familiar como único motor

Para capear la crisis y evitar la contratación de personal externo que agrave los gastos operativos, las familias se han volcado por completo a la administración de los locales.

"Aquí estamos sobreviviendo con los precios. Todo se ha disparado, ¿qué vamos a hacer? [...] Mi madre me ayuda, viene de Sucre, nosotros somos de Sucre. Y mis hijos, hasta el más pequeño tiene que ayudar, limpia las mesas, recoge. Gracias a Dios eso más bien me ayuda para no contratar más personal", declaró el propietario de una pensión.

Esta realidad se repite en distintos puntos de la ciudad, donde la mano de obra se ha reducido al núcleo familiar más íntimo como una medida desesperada de ahorro.

Reducción de porciones y ajuste de personal

Frente a la imposibilidad de trasladar el 100% de los aumentos al consumidor final —lo que ahuyentaría a los comensales—, otros dueños de negocios han optado por recortar tanto la planilla laboral como la cantidad de comida elaborada a diario.

  • Ajuste en la cocina: Propietarios que antes contaban con cinco empleados ahora operan con cuatro o menos, optimizando cada tarea al límite.

  • Mermas en los platos: Insumos caros como el pollo y la carne han obligado a disminuir ligeramente las cantidades preparadas, manteniendo una estructura de costos ajustada pero al borde del margen de ganancia.

Los afectados coinciden en que la crisis genera un efecto dominó que golpea a todos los eslabones de la cadena económica: "Afecta a todos, esta es una cadena, no hay donde huir. A todos los bolsillos nos afecta, tanto a nosotros como a los clientes, porque nosotros también pagamos alquiler y todas esas cosas", reflexionó otro afectado.

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