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Lo que muchos no sabían: la historia de la marraqueta, el pan paceño que ya es patrimonio

La Paz celebra este lunes 6 de julio el Día de la Marraqueta, un homenaje al pan más querido de los paceños, declarado Patrimonio Cultural del municipio.

La historia de la marraqueta, el pan paceño que ya es patrimonio. Foto archivo ABI
Bolivia

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Este lunes 6 de julio, la ciudad celebra el Día de la Marraqueta, una fecha instituida para rendir homenaje al alimento más representativo de la gastronomía paceña, declarado Patrimonio Cultural del municipio de La Paz en 2024 por el Concejo Municipal.

La norma también establece que cada año se desarrollen actividades culturales y gastronómicas durante una semana, con el objetivo de destacar el valor histórico, social y simbólico de este pan que acompaña a generaciones enteras.

Un pan sencillo que se volvió identidad

La marraqueta paceña se elabora con ingredientes simples: harina de trigo, agua, sal, levadura y azúcar. Sin embargo, su valor va mucho más allá de su receta.

Su corteza dorada y crocante, su miga liviana y aireada, y su forma característica la han convertido en un emblema de la vida cotidiana. Está en el desayuno con café, en el sándwich de media mañana, en la mesa familiar, en el almuerzo improvisado y en las meriendas que reúnen a padres, hijos y abuelos.

En La Paz, la marraqueta no solo se come: se recuerda, se comparte y se defiende como parte de la identidad local.

Una historia con varias raíces

El origen de la marraqueta todavía es motivo de debate y forma parte de los relatos que enriquecen su historia.

Una de las versiones más difundidas atribuye su creación a panaderos franceses de apellido Marraquette. Otra relaciona su nombre con la palabra “marroco”, vinculada a Marruecos. Una tercera sostiene que el joven panadero griego Calliesperi llegó primero a Chulumani en 1908 y luego a La Paz, donde comenzó a comercializar este pan en la antigua fábrica de fideos Figliozzi.

Estas versiones forman parte de los antecedentes históricos recogidos en la ley municipal que declaró a la marraqueta como Patrimonio Cultural del municipio de La Paz.

Pero más allá de su origen exacto, hay algo que no se discute: la marraqueta se quedó para siempre en el corazón de los paceños.

El pan de batalla

La historia de este alimento también está ligada a uno de los episodios más duros del país: la Guerra del Chaco, entre 1932 y 1935.

Según datos históricos, los soldados que partían desde La Paz llevaban marraquetas como parte de su ración alimenticia. Para ellos se elaboraban piezas más grandes de lo habitual, de aproximadamente 100 gramos, capaces de resistir largas jornadas y ayudar a calmar el hambre en el frente.

Desde entonces, la marraqueta comenzó a ser conocida también como “pan de batalla”, un nombre que permanece vigente y que resume su fuerza simbólica: un pan humilde, resistente y profundamente boliviano.

El alimento del pueblo

La marraqueta también acompañó la vida de obreros, trabajadores y sectores populares.

Entre los antecedentes históricos incluidos en la norma municipal se recuerda que, a mediados del siglo pasado, el menú cotidiano de muchos trabajadores estaba compuesto por marraqueta, plátano y papaya Salvietti, una referencia atribuida a la historiadora y periodista Lupe Cajías.

Décadas después, durante la crisis económica de los años 80, este pan volvió a convertirse en un alimento esencial y accesible para miles de familias bolivianas.

En tiempos difíciles, la marraqueta estuvo presente. En tiempos de abundancia, también. Por eso su historia no puede separarse de la historia de la ciudad ni de la memoria de su gente.

Un sabor que distingue a La Paz

Aunque existen panes similares en otros países, la marraqueta paceña tiene características propias que la hacen única.

Una de sus particularidades es que tradicionalmente se prepara sin manteca. Además, una explicación ampliamente difundida atribuye parte de su sabor y textura al agua proveniente de los nevados que abastecen a la ciudad.

Esa combinación de clima, altura, técnica, ingredientes y tradición panadera le dio a la marraqueta paceña una personalidad inconfundible.

No es cualquier pan. Es un símbolo gastronómico nacional.

Reconocimiento internacional

El prestigio de la marraqueta también cruzó fronteras.

En 2024, el atlas gastronómico TasteAtlas ubicó a la marraqueta en el tercer lugar del ranking de los mejores panes del mundo, con una calificación de 4,4 sobre 5.

Solo fue superada por el pão de queijo de Brasil y el pan de bono de Colombia, logrando un importante reconocimiento internacional para uno de los alimentos más queridos de Bolivia.

Un año antes, la marraqueta ocupaba el puesto 11, por lo que su ascenso confirmó el creciente interés mundial por esta tradición paceña.

La marraqueta gigante

La historia de este pan también guarda episodios curiosos.

En agosto de 2013, el panadero Porfirio Mamani Quispe elaboró una marraqueta de 2,3 metros de largo, considerada la más grande horneada en La Paz.

Para trasladarla fueron necesarias seis personas. En su preparación se utilizaron medio quintal de harina, medio kilo de sal, dos tazas de azúcar, una libra de manteca y medio paquete de levadura.

La iniciativa buscó promocionar la gastronomía boliviana y destacar el valor patrimonial de este alimento tradicional.

Una tradición que sigue viva

Hoy, más de un siglo después de su llegada a las mesas paceñas, la marraqueta sigue siendo mucho más que un pan.

Es el primer aroma del día. Es el desayuno antes de ir al trabajo. Es la merienda del estudiante. Es el alimento que acompañó a soldados, obreros, familias y generaciones enteras.

Cada corteza que cruje guarda una historia. Cada pieza que sale del horno antes del amanecer lleva consigo una parte de La Paz.

La marraqueta es tradición boliviana, orgullo paceño y memoria colectiva.

Por eso, cuando una familia parte una marraqueta en la mesa, no solo comparte pan: comparte identidad, historia y pertenencia.

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