Asumió en 2016 con la promesa de recuperar una institución golpeada por la corrupción.
19/07/2026 13:12
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Donald Trump lo llamó alguna vez “el rey del fútbol”. La frase puede parecer una exageración, pero describe con bastante precisión el lugar que Gianni Infantino ocupa actualmente en el deporte más popular del planeta.
Desde su oficina, el presidente de la FIFA interviene en las decisiones que determinan dónde se jugarán los próximos Mundiales, cuántas selecciones participarán, cuánto dinero recibirán las federaciones y de qué manera se comercializarán los torneos que observan miles de millones de personas.
Durante sus diez años de gestión, Infantino consiguió fortalecer económicamente a una institución que recibió en plena crisis, amplió las competiciones y construyó una extensa red de apoyos dentro del fútbol internacional. Al mismo tiempo, su relación con gobernantes como Trump y algunas decisiones adoptadas durante el Mundial 2026 despertaron fuertes cuestionamientos sobre la independencia política de la FIFA.
De hijo de inmigrantes a abogado del fútbol
Gianni Infantino nació el 23 de marzo de 1970 en Brig, una pequeña localidad de Suiza cercana a la frontera italiana. Hijo de inmigrantes italianos, estudió Derecho en la Universidad de Friburgo y desarrolló gran parte de su carrera dentro de organismos vinculados con el deporte.
Su capacidad para hablar varios idiomas, negociar con dirigentes de culturas diferentes y moverse con soltura entre despachos políticos y deportivos fue fundamental para su ascenso.
Antes de llegar a la FIFA, trabajó durante años en la UEFA y terminó convirtiéndose en su secretario general. Para millones de aficionados, su imagen comenzó a resultar familiar porque era el encargado de conducir los sorteos de la Champions League y otras competencias europeas.
Desde ese puesto participó en la ampliación de la Eurocopa de 16 a 24 selecciones y ganó experiencia en la organización, negociación y comercialización de grandes torneos.
El escándalo que le abrió las puertas de la FIFA
El momento decisivo llegó en 2015, cuando la FIFA quedó sacudida por una investigación internacional sobre corrupción, sobornos y compra de votos.
El escándalo provocó la salida de Joseph Blatter, quien había dirigido la organización durante 17 años, y dejó al organismo frente a una de las mayores crisis de credibilidad de su historia.
Infantino se presentó a las elecciones como un candidato de renovación y prometió restaurar la imagen de la institución. El 26 de febrero de 2016 ganó la presidencia después de dos rondas de votación.
“Trabajaré incansablemente para que el fútbol vuelva a la FIFA y la FIFA vuelva al fútbol”, declaró después de su victoria. La frase resumía su principal desafío: recuperar la confianza de los patrocinadores, las federaciones y los aficionados.
Fue reelegido en 2019 y nuevamente en 2023, esta última vez sin ningún candidato opositor. Su actual mandato se extiende hasta 2027.
¿Cómo acumuló tanto poder?
El poder de Infantino no depende únicamente de su cargo. También se sostiene en el respaldo de las asociaciones nacionales, el crecimiento de los ingresos y el control de las principales competencias internacionales.
Uno de los pilares de su gestión es el programa FIFA Forward, mediante el cual la organización entrega recursos para infraestructura, torneos, selecciones juveniles, fútbol femenino y proyectos de desarrollo. Durante el ciclo 2023-2026, cada asociación puede acceder a contribuciones de hasta ocho millones de dólares, dependiendo de sus proyectos y del cumplimiento de los requisitos.
Para sus defensores, este sistema permitió que países con menor capacidad económica construyeran canchas, centros de entrenamiento y programas de formación. Para sus críticos, también fortaleció una red política en la que muchas federaciones dependen financieramente de la FIFA y tienen pocos incentivos para desafiar a su presidente.
Esta última interpretación es una inferencia basada en la combinación entre los recursos distribuidos y el amplio respaldo electoral de Infantino; no implica que la ayuda económica determine automáticamente el voto de cada federación.
Una FIFA que mueve cifras récord
El éxito financiero es uno de los principales argumentos utilizados por Infantino para defender su administración.
La FIFA fijó una previsión oficial de 13.000 millones de dólares en ingresos para el ciclo cuatrienal 2023-2026, un 72 % más que la estimación inicial. Al finalizar 2025, el organismo ya había alcanzado el 93 % de ese objetivo y esperaba superarlo gracias al Mundial de 48 selecciones.
Reportes publicados durante la final de 2026 indicaron que los ingresos reales podrían incluso rebasar ampliamente las previsiones, impulsados por la venta de entradas, los paquetes de hospitalidad, los derechos audiovisuales y los acuerdos comerciales.
La FIFA sostiene que, como entidad sin fines de lucro, reinvierte más del 90 % de sus recursos presupuestados en el desarrollo del fútbol entre sus 211 asociaciones miembro.
Más equipos, más partidos y más dinero
La expansión se convirtió en una de las marcas de la era Infantino.
El Mundial 2026 fue el primero con 48 selecciones, frente a las 32 de las siete ediciones anteriores. El cambio elevó el número de partidos a 104, amplió la duración de la competencia y abrió las puertas a países que nunca habían participado en el torneo.
Infantino también impulsó el nuevo Mundial de Clubes, disputado con 32 equipos, y ha defendido la creación de más competiciones internacionales.
Sus seguidores consideran que esta estrategia democratiza el fútbol y distribuye sus ingresos entre más países y clubes. Sus detractores sostienen que el calendario está cada vez más saturado, que los jugadores enfrentan un mayor desgaste físico y que la prioridad comercial comienza a imponerse sobre el espectáculo deportivo.
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