Una falla mecánica obligó a un aterrizaje de emergencia en el Beni. La rápida decisión del piloto permitió que toda su familia saliera ilesa, pese a quedar atrapados en el agua.
21/04/2026 23:10
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Un aterrizaje de emergencia en medio de una zona inundada del Beni terminó en lo que muchos ya califican como un milagro. El piloto Luis Rosales logró salvar la vida de tres pasajeros —todos miembros de su familia— tras una presunta falla mecánica que obligó a descender la aeronave la tarde de este martes 21 de abril.
“Fue un accidente con muchas bendiciones. Gracias a Dios todos salimos ilesos”, afirmó el capitán en entrevista con el programa Que No Me Pierda, aún conmovido por lo ocurrido.
El incidente se registró cerca de las 13:17, cuando la aeronave comenzó a presentar fallas. Según el piloto, sintió una “asperosidad” en el motor y vibraciones inusuales, lo que lo obligó a tomar una decisión en cuestión de segundos: aterrizar en el agua o arriesgarse a impactar contra el monte.
“Como no había mucho que escoger, era el agua o el monte. Elegimos lo más raso y caímos en el agua”, relató.
La zona no era una laguna, sino un área de monte completamente inundada por el desborde del río Mamoré. El agua, que en algunos sectores llegaba hasta el cuello, terminó amortiguando el impacto y evitando consecuencias fatales.
Tras el aterrizaje, los ocupantes —el piloto, su hermano, su cuñada y una bebé de nueve meses— quedaron atrapados sobre la aeronave parcialmente sumergida, esperando ser rescatados durante varias horas.
“Lo primero fue tranquilizar a los pasajeros. Si uno se pone nervioso, ellos también. Luego hicimos lo necesario para salir y ponernos a salvo arriba del avión”, explicó.
La situación fue especialmente crítica por la presencia de la menor. “La bebé estaba toda mojada, asustada. Eso era lo que más nos preocupaba. Uno aguanta, pero ella no sabe”, dijo.
Durante la espera, recibieron ayuda aérea con alimentos, agua, linternas y repelente, mientras enfrentaban condiciones adversas: agua profunda, insectos y el riesgo de animales como caimanes o sicurís.
El rescate se concretó cerca de las 18:00, casi cinco horas después del accidente. Según el piloto, no hubo tiempo de emitir una alerta antes del aterrizaje. “En el aire son segundos. Uno prefiere resolver la emergencia antes que comunicarse”, sostuvo.
La aeronave, modelo 1994, contaba con mantenimiento regular, aseguró Rosales, quien acumula 13 años de experiencia y enfrentó su primer aterrizaje de emergencia.
“Lo material se recupera, la vida humana no. El objetivo era que todos salgamos ilesos”, enfatizó.
La bebé permanece en observación médica por golpes leves, pero está fuera de peligro. Los demás ocupantes se encuentran estables.
A pesar del susto, el piloto asegura que continuará volando: “Es nuestra pasión. Sabemos los riesgos, pero vamos a seguir”.
El caso ocurre en un contexto reciente de accidentes aéreos en el país, pero a diferencia de otros, este tuvo un desenlace positivo, marcado por la rápida decisión del piloto y factores que jugaron a favor, como la cercanía a una ruta transitada y la visibilidad para el rescate.
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