Su discapacidad, tras ser víctima de un violento ataque, no le impide trabajar y sacar adelante a su familia.
20/01/2024 11:33
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En los bulliciosos Callejones de Los Ángeles, donde la vida se mueve al ritmo acelerado de las compras y la moda, se encuentra Víctor Martínez, una verdadera inspiración en medio de su silla de ruedas convertida en un puesto ambulante de dulces.
Hace más de una década, Víctor, originario de Pachuca, México, llegó a Estados Unidos en busca de un futuro prometedor trabajando como soldador hasta que, en noviembre de 2011, su vida cambió drásticamente. Él y sus compañeros de trabajo fueron víctimas de un ataque violento que lo dejó paralizado de la cintura para abajo.
"Yo fui el más dañado de todos. Me dieron cinco disparos. Un balazo me pegó en la cintura, y me dejó mis pies paralizados", relata Víctor, recordando la tragedia que marcó un punto de inflexión en su vida.
Después del ataque, Víctor enfrentó un año sin trabajo, dependiendo de una modesta ayuda por discapacidad. Las sombras de la desesperación lo rodeaban, y el pensamiento de quitarse la vida lo acechaba. Sin embargo, la llegada de la ayuda de una organización que aboga por los inmigrantes, le proporcionó una nueva perspectiva.
Gracias a la Visa U, un amparo otorgado a las víctimas de crímenes que colaboran con la justicia, Víctor obtuvo la residencia permanente. Esto no solo le permitió quedarse en el país, sino también reunir a su esposa e hijas, que estaban en México, dando inicio a un nuevo capítulo en su vida.
Con su familia a su lado, Víctor encontró la fuerza para reinventarse. Su hija Arianne, de 16 años, se convirtió en su inspiración. Juntos idearon la venta de chocolates, que rápidamente se convirtió en un éxito en su vecindario. El emprendimiento creció exponencialmente, incluyendo productos de diferentes partes del continente.
"Ya no quepo en la silla", comenta Víctor con una sonrisa, recordando cómo su pequeño negocio evolucionó hasta llegar a los prestigiosos Callejones de Los Ángeles. Aunque enfrenta obstáculos, como la amenaza de una orden de restricción, su determinación no se quiebra.
Víctor, a pesar de su discapacidad, ha demostrado que la adversidad puede ser el catalizador de la resiliencia. Con su silla de ruedas adaptada y su espíritu emprendedor, llega puntualmente cada día a los Callejones, demostrando que el ingenio y la perseverancia pueden transformar cualquier desafío en una oportunidad de éxito.
En su rutina diaria, Víctor se esfuerza por superar las dificultades. Conducir su carro adaptado y preparar su silla de ruedas con golosinas es parte de un ritual que le toma tiempo, pero no le falta la energía ni la pasión.
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