La amenaza de toma de cuarteles en el Trópico volvió a encender las alarmas sobre la seguridad institucional en Bolivia. Expertos advierten posibles consecuencias legales y recuerdan que las instalaciones militares cuentan con estrictos protocolos de resguardo.
10/06/2026 11:09
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La decisión de dirigentes cocaleros del Trópico de Cochabamba de declarar vigilia y anunciar la toma de unidades militares y policiales en rechazo a la Ley de Regulación de Estados de Excepción ha elevado la tensión en una región marcada por recurrentes conflictos entre sectores movilizados y las fuerzas del orden.
La determinación fue asumida por organizaciones afiliadas a la Federación Chimoré, cuyos representantes expresaron preocupación por la reciente normativa promulgada por el Gobierno y advirtieron que mantendrán medidas de presión para evitar una eventual intervención de efectivos militares o policiales en los puntos de bloqueo instalados en el país.
El anuncio se produce en medio de una prolongada crisis social caracterizada por bloqueos de carreteras, desabastecimiento de productos básicos y hechos de violencia que, según reportes oficiales, dejaron al menos diez fallecidos.
Un conflicto con antecedentes
La advertencia de ocupar instalaciones militares revive episodios registrados en años anteriores en el Trópico de Cochabamba.
Durante la crisis política de 2019 se reportaron cercos a unidades policiales y militares, repliegue de efectivos y bloqueos prolongados en rutas estratégicas. Posteriormente, en noviembre de 2024, se denunciaron tomas y asedios a cuarteles, incluyendo el ingreso de movilizados a instalaciones militares y la retención temporal de personal castrense.
Más recientemente, en mayo de 2026, se registraron nuevos episodios de tensión en la región, entre ellos el retiro de efectivos policiales de Villa Tunari, la toma de un retén policial y denuncias de asedios a unidades militares, hechos que motivaron alertas de autoridades nacionales sobre el deterioro del control estatal en la zona.
Cabrera: la protesta tiene límites constitucionales
Para el abogado constitucionalista César Cabrera, el ingreso o intento de ingreso de civiles a instalaciones militares no constituye una forma legítima de protesta dentro del marco constitucional boliviano.
Según su análisis, cuando una movilización busca rodear, presionar o impedir el funcionamiento de una unidad militar pueden configurarse delitos vinculados a la seguridad del Estado, dependiendo de la magnitud y las características de la acción.
El jurista menciona figuras como el alzamiento contra la seguridad y soberanía del Estado, la usurpación de derechos del pueblo o la seducción de tropas cuando existe la intención de influir sobre personal militar o afectar el funcionamiento institucional.
Asimismo, advierte que incluso cuando una acción no llega a concretarse plenamente, la existencia de organización previa y acciones coordinadas podría ser analizada por las autoridades bajo la figura de tentativa.
Cordero: los cuarteles operan bajo protocolos estrictos
Desde la perspectiva militar, el excomandante general del Ejército Omar Cordero explicó que las unidades militares cuentan con normas y protocolos específicos para controlar cualquier ingreso o aproximación irregular.
Según detalló, toda persona que pretenda acceder a un recinto militar debe identificarse y contar con autorización previa. En caso de intentos de ingreso forzado, el personal aplica procedimientos escalonados que van desde advertencias verbales hasta medidas de disuasión previstas en los reglamentos militares.
Cordero sostuvo que una vigilia o cerco prolongado alrededor de una instalación militar deja de ser una visita ordinaria y pasa a constituir una situación de presión sobre una infraestructura estratégica del Estado.
Además, señaló que la repetición de este tipo de episodios genera preocupación institucional, ya que puede afectar la capacidad operativa y la seguridad de las unidades militares.
Debate sobre control territorial y autoridad del Estado
Tanto Cabrera como Cordero coinciden en que los hechos registrados en el Trópico trascienden el ámbito estrictamente jurídico o militar y reflejan una disputa más amplia relacionada con la presencia del Estado y el control territorial en determinadas regiones del país.
Mientras los dirigentes cocaleros sostienen que las vigilias buscan evitar una eventual intervención de las fuerzas del orden, especialistas advierten que cualquier intento de ocupar o impedir el funcionamiento de instalaciones militares podría derivar en responsabilidades penales y generar nuevas tensiones en un escenario ya marcado por la conflictividad social.
El anuncio de las organizaciones del Trópico incorpora así un nuevo elemento de incertidumbre a la crisis nacional, reabriendo el debate sobre los límites de la protesta social, la protección de infraestructuras estratégicas y la capacidad del Estado para ejercer autoridad en zonas consideradas sensibles.
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