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Promover hábitos digitales saludables reduce la ciberadicción y mejora la salud mental

Entre las señales de alerta se encuentran la ansiedad al no tener acceso al dispositivo, la pérdida de control del tiempo en línea, la necesidad de estímulos constantes y el descuido de actividades esenciales de la vida diaria.

28/04/2026 15:07

Unifranz Online: Promover hábitos digitales saludables reduce la ciberadicción y mejora la salud mental
Bolivia

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La ciberadicción es un problema creciente de salud mental cuando la hiperconectividad forma parte de la vida cotidiana. El uso excesivo de redes sociales,  plataformas en línea y dispositivos digitales no solo afecta los hábitos diarios, sino que también impacta en la estabilidad emocional, las relaciones interpersonales y el rendimiento académico o laboral. Frente a este panorama, especialistas destacan la importancia de prevenir y tratar esta dependencia desde un enfoque integral.

Comprender los efectos del uso excesivo de la tecnología es clave para anticiparse a la dependencia. Liudmila Loayza, directora de la carrera de Psicología en la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), advierte: “El uso excesivo de la tecnología puede tener varios efectos negativos en la salud mental. Los más comunes son la ansiedad y el estrés, ya que la constante conectividad y la sobrecarga de información pueden aumentar estos niveles”.

Asimismo, alerta sobre el impacto emocional de las redes sociales: “Las redes sociales influyen en la autoestima y el bienestar emocional. La comparación social es una de las más significativas, ya que ver las vidas idealizadas de otros puede llevar a sentimientos de insuficiencia”.

En función de la edad, las consecuencias pueden variar. “El impacto de la tecnología en la salud mental varía según la edad y el contexto. En niños y adolescentes, puede afectar su desarrollo emocional y social, haciéndolos más susceptibles al ciberacoso o a presiones externas. En adultos, puede producir estrés crónico, baja autoestima y síndrome de burnout digital”, añade Loayza.

Entre las señales de alerta se encuentran la ansiedad al no tener acceso al dispositivo, la pérdida de control del tiempo en línea, la necesidad de estímulos constantes y el descuido de actividades esenciales de la vida diaria.

Comprender estímulos ayuda a controlar uso digital

El docente de Psicología Cristofer Ortiz Flores explica que la ciberadicción tiene una base biológica relacionada con el sistema de recompensa del cerebro: “La dopamina genera una gratificación inmediata que nos atrapa”, sostiene el académico.

Este fenómeno es potenciado por el diseño de las plataformas digitales. “Este mecanismo de recompensa, al igual que otros asociados a conductas adictivas, es utilizado por las redes sociales para mantenernos conectados. La estructura de notificaciones y reacciones no es casual, está pensada para condicionar nuestra conducta digital”, sostiene.

A nivel cognitivo, las consecuencias también son relevantes. El docente Matías Mercado señala: “Cuando la corteza prefrontal se ve sobreexpuesta a estímulos digitales, perdemos la capacidad de tomar decisiones reflexivas. Nos volvemos más impulsivos, más reactivos, y eso afecta tanto nuestro rendimiento académico como nuestras relaciones personales”.

Además, advierte sobre un fenómeno cada vez más común: “Estamos frente a un tipo de apego ansioso generado hacia el dispositivo móvil. Esto se manifiesta en dos formas principales. Por un lado, la dependencia emocional: necesitamos consultar el celular incluso para tomar decisiones cotidianas. Por otro, la hipervigilancia: esa necesidad constante de revisar si llegaron mensajes, novedades o simplemente mirar la pantalla a cada momento”.

Establecer límites reduce dependencia tecnológica

La prevención de la ciberadicción se basa en la construcción de hábitos digitales saludables. Establecer horarios de uso —idealmente entre 1,5 y 2 horas diarias para actividades recreativas—, evitar el uso de dispositivos en el dormitorio y desactivar notificaciones innecesarias son medidas efectivas.

También es fundamental promover actividades offline como el deporte, la lectura o la convivencia familiar. En el ámbito educativo, los talleres de concienciación fortalecen la comprensión de los riesgos digitales, mientras que en el hogar, los acuerdos familiares y el uso de herramientas de control parental contribuyen a reducir hasta en un 50% el tiempo de exposición a pantallas.

En 2026, además, se recomienda generar “fricción digital”, como mantener espacios libres de tecnología (dormitorio o comedor) o alejar el celular durante la noche, lo que ayuda a romper patrones automáticos de uso.

Aplicar terapias mejora salud mental

Cuando la dependencia ya está instalada, el tratamiento requiere intervención profesional. La terapia cognitivo-conductual (TCC) es una de las estrategias más efectivas, ya que permite identificar los desencadenantes del uso compulsivo y desarrollar mecanismos de autocontrol.

Este enfoque se complementa con técnicas como mindfulness, entrevistas motivacionales y programas familiares que fortalecen el entorno de apoyo. También se aplican estrategias de desintoxicación digital gradual, que buscan reeducar el uso de la tecnología en lugar de eliminarlo por completo.

Los resultados muestran que la combinación de TCC y prácticas de atención plena puede reducir las recaídas en un 40%, mejorando significativamente la relación con el entorno digital.

Promover equilibrio fortalece bienestar digital

El debate sobre la ciberadicción también ha alcanzado el ámbito legal y social. Recientemente, en Estados Unidos, plataformas como Meta y YouTube fueron declaradas negligentes por diseñar sistemas que generan dependencia en menores, evidenciando que el problema no solo es individual, sino también estructural.

En este contexto, la ciberadicción debe entenderse como un fenómeno complejo, muchas veces asociado a emociones como ansiedad, estrés o soledad. Por ello, el objetivo no es eliminar la tecnología, sino aprender a utilizarla de manera consciente.

La clave está en equilibrar la vida digital con la vida real, fomentando hábitos saludables, fortaleciendo la educación emocional y promoviendo el acompañamiento familiar y profesional. Solo así será posible garantizar que la tecnología siga siendo una herramienta útil y no una fuente de dependencia que afecte la salud mental de las personas, especialmente de las nuevas generaciones.

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