La nueva especie, hallada en una fosa frente a Japón, vive sobre madera hundida en la oscuridad total. Su descubrimiento refuerza la urgencia de estudiar los ecosistemas del océano profundo antes de que actividades como la minería submarina los transformen.
25/02/2026 12:56
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La ciencia acaba de revelar a un nuevo habitante del abismo: un pequeño molusco acorazado que vive a más de 5.500 metros de profundidad, posee una lengua mineralizada con hierro y convive con gusanos que se alimentan de sus desechos.
La especie fue descrita oficialmente en la revista Biodiversity Data Journal por investigadores de la Senckenberg Ocean Species Alliance (SOSA). El animal, bautizado como Ferreiraella populi, fue hallado en 2024 en la fosa de Izu-Ogasawara, frente a Japón, a 5.506 metros bajo la superficie del océano.
Un molusco diseñado para el abismo
Se trata de un quitón, un tipo de molusco marino caracterizado por tener ocho placas superpuestas que le permiten flexionarse y adherirse con firmeza al sustrato. En este caso, el ejemplar mide hasta 25 milímetros y presenta placas de color crema con depósitos minerales oscuros.
Pero lo más llamativo está en su boca.
Como todos los quitones, posee una rádula, una estructura similar a una cinta dentada que utiliza para raspar su alimento. En esta especie, los dientes están reforzados con hierro, lo que les permite desgastar superficies duras incluso en condiciones extremas.
Esta adaptación resulta clave en un entorno donde la presión es aplastante, la temperatura es baja y la oscuridad es permanente.
Gusanos que viven de sus desechos
El estudio también documenta un rasgo singular: pequeños gusanos que habitan cerca de la parte posterior del cuerpo del molusco y se alimentan de sus desechos.
No se trata de parasitismo, sino de una forma de comensalismo extremo en uno de los ecosistemas más inhóspitos del planeta.
Un hogar inusual: madera hundida
El género Ferreiraella es exclusivo de hábitats de madera hundida en aguas profundas. Cuando un tronco cae al océano y desciende hasta el fondo, se convierte en una isla de vida en medio del desierto abisal.
Estos llamados “wood-falls” funcionan como oasis temporales que atraen comunidades altamente especializadas de bacterias, crustáceos y moluscos.
El ejemplar tipo fue recolectado mediante un sumergible operado por la agencia japonesa Japan Agency for Marine-Earth Science and Technology (JAMSTEC).
Un nombre elegido por el público
Más allá de su biología, el nombre de la especie también llamó la atención.
El epíteto populi —que en latín significa “del pueblo”— fue elegido tras una convocatoria abierta en redes sociales, donde más de 8.000 personas propusieron nombres. Once coincidieron exactamente con “populi”, y el equipo científico decidió adoptarlo como homenaje a la participación colectiva.
Por qué este descubrimiento es importante
Aunque pueda parecer un hallazgo anecdótico, no lo es.
Los ecosistemas del océano profundo están entre los menos explorados del planeta. Actividades como la minería submarina y otros impactos humanos podrían alterar hábitats que apenas comenzamos a comprender.
Describir formalmente una especie no es solo darle un nombre: es el primer paso para estudiarla, protegerla y entender su papel en procesos globales como el ciclo del carbono.
Este pequeño molusco con lengua de hierro no solo amplía el catálogo de la biodiversidad marina. También recuerda cuánto queda por descubrir en las profundidades del océano.
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