Más que edificios coloridos, estas construcciones impulsan el turismo, el empleo y una nueva economía urbana con identidad aimara.
10/02/2026 14:26
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Más allá de su valor arquitectónico y simbólico, los cholets de la ciudad de El Alto se convirtieron en un importante generador de ingresos económicos que movilizan al menos Bs 89 millones al año para sus propietarios, según cálculos basados en datos del Gobierno Autónomo Municipal de El Alto (GAMEA).
Según un reportaje realizado por la Agencia Boliviana de Información (ABI), estas construcciones, reconocidas por su estilo andino contemporáneo y su fuerte identidad cultural, no solo representan el ascenso social de la burguesía aimara, sino también un dinámico circuito económico que involucra alquileres, turismo, servicios y empleo indirecto.
Del total estimado, Bs 84 millones anuales provienen del alquiler de los salones de fiestas, mientras que alrededor de Bs 5 millones corresponden tours turísticos, que cada año atraen a visitantes nacionales y extranjeros interesados en conocer este fenómeno arquitectónico único en Bolivia.
En la ciudad de El Alto existen aproximadamente 250 cholets y el costo promedio de alquiler de un salón de eventos alcanza los Bs 7.000 por día, lo que permite dimensionar el impacto económico de estas edificaciones.
Considerando que esos 250 cholets generan Bs 1,7 millones en un día, en cuatro sábados mueven Bs 7 millones, por lo que al mes llegan a generar unos Bs 28 millones. No obstante, estos locales no sólo están abiertos los sábados, por lo tanto, el ingreso es mayor.
Desde la ciudad de La Paz, llegar hasta el Crucero de Los Andes, en transporte público, se emplea aproximadamente 50 minutos. Al bajar del vehículo, la mirada pasea sobre el edificio y en la cima se deja ver la réplica de un barco, con un ancla colgando, que pareciera querer zarpar las dispersas nubes del cielo alteño.
Esta vez, Víctor Choque es el guía quien amablemente invita a conocer la obra. Al atravesar la puerta de calle, las gradas llevan al primer y segundo piso en los que está instalado el salón de eventos sociales “Dubái”, cuya iluminación y diseño peculiar, desde los muros y puertas hasta las mesas y sillas, le da un encanto especial.
Desde su inauguración, el salón de eventos es bastante demandado para diferentes acontecimientos, entre ellos matrimonios, bautizos, licenciamientos, cabo de año, además de actividades comerciales y culturales.
Por ejemplo, en enero de 2025, fue el escenario para las preliminares de la Reina Hispanoamericana. Llegaron candidatas de diferentes países, autoridades nacionales y diplomáticos.
Además del salón de eventos, el Crucero de Los Andes tiene proyectado abrir entre abril y mayo de este año un gimnasio y un hotel, este segundo de tres niveles con una capacidad de 26 habitaciones.
A la fecha la construcción del hotel llegó al 95% de avance, solo falta el montaje de los equipamientos y la obtención de las licencias de funcionamiento que apuntan a “una cantidad de estrellas”.
El primer nivel rememora la cultura tiwanacota. Al ingresar, lo primero que se deja ver, como si fuese un guardia de seguridad, es la réplica de un monolito de piedra, luego aparecen una llamita y una balsa de totora. En las paredes y techos también hay pinturas iconográficas y la Chakana (Cruz Andina).
El segundo nivel del hotel está dedicado al folclore, expone las danzas bolivianas como la morenada, llamerada entre otras; y el tercero se alista para exhibir la fiesta de la “Alasita” (que significa cómprame) y el Ekeko (dios de la abundancia).
Este tercer nivel entrará en funcionamiento según la aceptación que reciba el primero y segundo.
“Al turista extranjero le gusta mucho la cultura, la esencia de Bolivia; y en sus diseños, Freddy Mamani se caracteriza por tomar esto en cuenta. Entonces lo que hacemos con el Crucero de Los Andes es mostrar lo de aquí al mundo y no traer lo del exterior acá”, resalta el propietario.
Además, enfatiza que el afamado arquitecto alteño “se destaca por hacer obras con ajayu (alma, espíritu o energía vital) y ello “es algo que llama mucho la atención del turista foráneo” principalmente.
El recorrido llega al restaurante, en los últimos cuatro pisos, que fue montado por la reconocida chef boliviana Coral Ayoroa. Y a través de unas gradas, este sitio permite llegar a la terraza desde donde los sentidos se deleitan con el paisaje de El Alto y gélido viento que sopla la Cordillera de Los Andes.
“Esta es la parte más alta del edificio, ofrece una vista panorámica privilegiada no solo de toda la ciudad de El Alto, sino también de los nevados Huayna Potosí, Chacaltaya, Illimani y Mururata”, destaca Víctor.
Pero eso no es todo, el paseo concluye en el piso 12, en el que se encuentra la réplica de una cabina de un capitán de crucero, además del barco que pareciera el Titanic. Estos sitios son perfectos para tomarse fotografías y grabar videos con el paisaje alteño de fondo y las cadenas montañosas con sus mantos blancos.
El propietario afirma que el Crucero de Los Andes llega a ser un complejo turístico ya que al abrir el 95% de sus ambientes al público, rompió el popular nombre de “cholet”.
Un “cholet”, cuya palabra proviene de “cholo” y “chalet”, recibe a los turistas solamente en su salón de fiestas y no en todos sus ambientes; “en cambio acá, en el Crucero de los Andes, el disfrute de todos los ambientes es para los visitantes, para quienes nos honren con su presencia”, añade Víctor.
Desde septiembre de 2023 a la fecha, esta construcción recibió a más de 1.000 turistas nacionales y extranjeros, los visitantes generalmente llegan a este lugar mediante agencias de viaje los siete días de la semana.
Un tour cuesta hasta Bs 1.500
En una entrevista con ese medio, el responsable de la Unidad de Turismo del GAMEA, José María Cabrera, explica que en esta ciudad hay aproximadamente 250 “cholets”, de los cuales entre 12 y 15 son visitados frecuentemente por los turistas.
El Crucero de Los Andes, Megatron, Megatank, Los Caballeros del Zodiaco, Havana son algunos de los “cholets” que reciben a turistas de diferentes partes de Bolivia y del mundo, entre ellos cruceños, benianos, pandinos, cochabambinos, españoles, franceses, alemanes estadounidenses, entre otros.
Cada “cholet” presenta características únicas, lo que llevó a las operadoras de turismo a organizar recorridos por estas modernas edificaciones, clasificándolos en las categorías: andino, transformes y combinado.
En cada “cholet”, el dueño tiene una tarifa de ingreso desde los Bs 30 hasta los Bs 60, por lo que “los tours por estas construcciones son algo costosos, llegan a tener un precio que oscila desde los Bs 450 hasta los Bs 1.500 dependiendo”, asegura Cabrera.
Según el funcionario, son unas cinco operadoras de turismo acreditadas que ofertan tours por los “cholets” y suman alrededor de 50 turistas extranjeros – principalmente arquitectos, escritores, artistas, ingenieros, topógrafos, geólogos – por semana que demandan este circuito.
“Hace un tiempo atrás el movimiento económico era nulo (por este circuito), pero ahora tenemos un movimiento económico anual de casi 4 a 5 millones de bolivianos, sólo en (el tour) de los cholets”, revela.
Cabrera resalta que la inversión en un “cholet” de cuatro a más de 10 pisos en El Alto puede alcanzar a Bs 5 y Bs 10 millones, son consideradas “costosas” pues no se trata de construcciones convencionales, sino de obras arquitectónicas singulares.
El fallecido Santos Churata, junto con el arquitecto Freddy Mamani y el artista Ramiro Sirpa, figuran entre los principales talentos bolivianos que plasmaron su creatividad en estas imponentes construcciones.
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