Investigaciones recientes destacan que las actividades más efectivas para desarrollar esta capacidad incluyen cuestionamientos abiertos, debates, experimentos, análisis reflexivo y aprendizaje basado en problemas (ABP), así como herramientas de metacognición que fomentan la toma de decisiones y la resolución de problemas.
05/02/2026 14:06
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El pensamiento crítico es una habilidad esencial en la vida cotidiana, la educación y el ámbito profesional, y se fortalece a través de la práctica constante, la curiosidad y la disposición a cuestionar nuestras propias creencias. No se trata solo de acumular información, sino de saber analizarla, evaluarla y conectarla.
Carmen Aguilera, docente de la carrera de Psicología de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), sostiene que el pensamiento crítico es parte fundamental del rendimiento académico y profesional.
“Formar el pensamiento crítico en los estudiantes tiene muchas ventajas, porque elimina las conductas impulsivas e inmediatistas, evalúa la validez de la información y estimula un seguimiento estratégico en función a un objetivo, dejando de lado el seguimiento ciego de tendencias”, explica Aguilera.
Investigaciones recientes destacan que las actividades más efectivas para desarrollar esta capacidad incluyen cuestionamientos abiertos, debates, experimentos, análisis reflexivo y aprendizaje basado en problemas (ABP), así como herramientas de metacognición (ayudan a las personas a ser conscientes, monitorear y regular sus propios procesos de pensamiento y aprendizaje) que fomentan la toma de decisiones y la resolución de problemas.
Aprender a pensar más allá de la memorización
Hacer preguntas abiertas y promover debates estructurados se ha mostrado altamente efectivo en contextos educativos. Preguntas como “¿Qué evidencia respalda esta idea?” o “¿Qué pasaría si…?” obligan a los estudiantes a reflexionar en lugar de aceptar información de manera automática.
Realizar preguntas abiertas fomenta el análisis de evidencias y conexiones conceptuales, mejorando el razonamiento más allá de la memorización. Los debates permiten evaluar argumentos, identificar falacias (razonamientos incorrectos, engañosos o inválidos que parecen correctos) y entrenar la escucha activa, promoviendo la capacidad de reflexionar y la discriminación de fuentes confiables.
“El pensamiento crítico no es solo la capacidad de analizar datos, sino de comprender la conexión lógica entre ideas, cuestionar suposiciones y evitar sesgos cognitivos, implica el análisis y evaluación objetiva de la información para formar juicios razonados. Es la base para una toma de decisiones consciente y efectiva", señala Pablo Llano, miembro de la Jefatura de Enseñanza Aprendizaje (JEA) de la Universidad Franz Tamayo, Unifranz.
De la misma manera, los experimentos en laboratorios y el aprendizaje basado en problemas fortalecen la interpretación de resultados y la toma de decisiones independientes. Estudios sostienen que el ABP supera métodos tradicionales en un 53% al fomentar el análisis lógico y la evaluación de soluciones reales.
Además, actividades como juegos educativos permiten consolidar habilidades lógicas y de razonamiento de manera atractiva. Resolver retos prácticos, por ejemplo, diseñar estrategias para reducir desperdicio en una empresa, ayuda a aplicar el pensamiento crítico en contextos reales, mejorando la toma de decisiones y la creatividad.
Reflexión e investigación
La reflexión investigativa es clave para entrenar la mente crítica. Analizar textos académicos con atención a razones y argumentos desarrolla curiosidad y precisión en los hallazgos, mientras que herramientas como mini-guías de conceptos esenciales facilitan la aplicación en distintos niveles educativos.
Actividades como diarios reflexivos, mapeo conceptual y análisis de decisiones personales promueven la supervisión de los propios pensamientos, fomentando la humildad intelectual. Técnicas individuales como los “5 Porqués” o jugar al “Abogado del Diablo” ayudan a profundizar en causas, desafiar sesgos y explorar perspectivas opuestas.
Dinámicas grupales y herramientas digitales
El pensamiento crítico florece en la interacción social y los entornos digitales. Debates sin ganadores, estudios de caso, clubes de lectura crítica y resolución de dilemas éticos estimulan la argumentación, la evaluación de fuentes y la ética en la toma de decisiones.
Asimismo, la gamificación educativa y los proyectos digitales, como análisis de datos o creación de podcasts investigativos, mejoran la metacognición y el razonamiento lógico. Herramientas de alfabetización digital y metodologías como CRAAP enseñan a cuestionar algoritmos, sesgos y fuentes de información.
El método CRAAP es una herramienta diseñada para evaluar la calidad y la fiabilidad de las fuentes de información, algo fundamental en la investigación académica. Su nombre es un acrónimo que representa cinco criterios clave: Currency (Actualidad), Relevance (Relevancia), Authority (Autoridad), Accuracy (Precisión) y Purpose (Propósito).
Este método permite a los estudiantes y profesionales determinar si una fuente es confiable y adecuada para un trabajo académico, o si, por el contrario, contiene información incorrecta o poco confiable.
La IA generativa y las plataformas colaborativas también promueven la síntesis de perspectivas múltiples, la detección de desinformación y la reflexión ética.
“Cuando los alumnos aprenden a cuestionar lo que leen, a evaluar la credibilidad de las fuentes y a contrastar ideas, se convierten en aprendices activos. No solo memorizan datos, sino que comprenden y construyen conocimiento”, señala Llano.
Por esos motivos, desarrollar pensamiento crítico es comparable a entrenar un músculo: porque requiere constancia, práctica y apertura a cuestionar lo aprendido. Actividades como debates estructurados, resolución de problemas, análisis de noticias y reflexiones diarias fortalecen la capacidad de pensar de manera autónoma y tomar decisiones fundamentadas.
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