Uno de los pilares para cuidar el corazón es seguir una dieta sana y equilibrada. No se trata de dietas extremas, sino de elegir mejor los alimentos.
23/02/2026 14:24
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Las enfermedades cardiovasculares (ECV) siguen siendo una de las principales causas de mortalidad en el mundo, pero también una de las más prevenibles. Según la Organización Mundial de la Salud, hasta el 80% de los infartos de miocardio y accidentes cerebrovasculares pueden evitarse si se controlan oportunamente los factores de riesgo.
Ronald Ordóñez Callejas, médico cirujano y docente de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) explica que las enfermedades cardiovasculares tienen múltiples factores de riesgo, pero tres de ellos destacan por su impacto en la población: Tabaquismo, Hipertensión arterial , Diabetes mellitus tipo dos.
Estas condiciones, muchas veces silenciosas, dañan progresivamente el sistema cardiovascular si no se diagnostican y controlan a tiempo. “Otros factores como el síndrome metabólico, la obesidad y el sedentarismo también contribuyen al desarrollo de enfermedades del corazón. La obesidad, en particular, está relacionada con un mayor riesgo de hipertensión y diabetes, lo que convierte a esta condición en un agravante del problema cardiovascular”, sostiene Ordoñez.
La mayoría de las muertes por ECV se precipitan por condiciones como la hipertensión, el colesterol alto, la obesidad o la diabetes, las cuales en gran medida pueden prevenirse o manejarse mediante hábitos saludables y controles médicos periódicos.
Uno de los pilares para cuidar el corazón es seguir una dieta sana y equilibrada. No se trata de dietas extremas, sino de elegir mejor los alimentos: priorizar frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, frutos secos y proteínas magras, y reducir el consumo de sal, azúcares añadidos y grasas saturadas.
Dietas como la mediterránea o la DASH ((Enfoques Dietéticos para Detener la Hipertensión) han demostrado reducir hasta en un 30% los eventos coronarios, gracias al uso de aceite de oliva, pescado azul y alimentos ricos en fibra, que ayudan a disminuir el colesterol LDL (colesterol "malo" o lipoproteína de baja densidad) y la presión arterial.
La actividad física regular es otro componente esencial. Bastan 30 minutos de ejercicio moderado cinco días a la semana para fortalecer el corazón y mejorar la circulación. Caminar a paso rápido, andar en bicicleta o nadar, sumado a ejercicios de fuerza dos veces por semana, contribuye a controlar el peso, mejorar el metabolismo de la glucosa y reducir entre un 25% y 35% el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular. Además, mantenerse activo ayuda a aliviar el estrés, considerado un factor de riesgo silencioso.
Mantener un peso corporal saludable es clave, ya que la obesidad incrementa el riesgo de hipertensión y diabetes. Reducir calorías provenientes de grasas y azúcares, aumentar la ingesta de alimentos frescos y realizar ejercicio de forma regular favorece un índice de masa corporal adecuado y disminuye la acumulación de grasa abdominal, especialmente dañina para el corazón.
“Las consecuencias de la obesidad van más allá del aumento de peso, está estrechamente relacionada con varias enfermedades crónicas que pueden reducir la esperanza de vida", advierte José Antonio Montecinos, médico cirujano y docente de la carrera de Medicina en Unifranz.
También, evitar el consumo de tabaco es una de las decisiones más importantes para la salud cardiovascular. Al dejar de fumar, el riesgo de cardiopatía coronaria se reduce a la mitad en un año. No existe un nivel seguro de exposición al tabaco ni al humo ajeno. De igual forma, el alcohol representa un riesgo: la evidencia actual indica que no beber es la opción más segura, ya que incluso el consumo moderado puede afectar negativamente al corazón.
Conocer y controlar las cifras de salud permite actuar a tiempo. Vigilar la presión arterial, el colesterol y los niveles de azúcar en sangre ayuda a prevenir complicaciones graves. En personas con riesgo elevado, seguir estrictamente la medicación prescrita —como antihipertensivos, estatinas o tratamiento para la diabetes— es fundamental.
Reconocer las señales de alarma como dolor en el pecho, falta de aire o debilidad repentina, ayuda a salvar vidas. Reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares no es cuestión de genética, sino de hábitos acumulados. Comer mejor, moverse más, no fumar y acudir a controles médicos periódicos son acciones concretas que protegen el corazón y mejoran la calidad de vida a largo plazo.
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