La hemoglobina es una proteína presente en los glóbulos rojos que transporta oxígeno desde los pulmones hacia los tejidos del cuerpo.
25/03/2026 11:33
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La adolescencia es una etapa clave del desarrollo humano, marcada por cambios físicos, hormonales y metabólicos que incrementan las necesidades nutricionales del organismo. Cuando estas demandas no se cubren adecuadamente, aumenta el riesgo de desarrollar anemia, una condición frecuente en jóvenes y considerada un problema de salud pública en varios países de América Latina.
El docente investigador de la carrera de Medicina de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), José Montecinos, explica que la anemia no debe confundirse con una enfermedad aislada, sino que representa una alteración en el funcionamiento del organismo.
“La anemia no es una enfermedad en sí misma, es una condición caracterizada por una disminución en la concentración de hemoglobina por debajo de los niveles normales para la edad, sexo y condiciones ambientales de una persona. Esta reducción afecta la capacidad del cuerpo para transportar oxígeno a los tejidos, lo que puede generar diversos síntomas”, señala Montecinos.
La hemoglobina es una proteína presente en los glóbulos rojos que transporta oxígeno desde los pulmones hacia los tejidos del cuerpo. Cuando sus niveles disminuyen, el organismo recibe menos oxígeno del necesario, lo que puede provocar fatiga, debilidad, mareos, palidez, dificultades de concentración e incluso bajo rendimiento escolar.
Dieta pobre en hierro aumenta el riesgo
Uno de los principales factores de riesgo de anemia en adolescentes está relacionado con la alimentación. En esta etapa de la vida, muchos jóvenes adoptan hábitos poco saludables, como consumir alimentos ultraprocesados, saltarse comidas o mantener dietas desequilibradas que no aportan suficientes nutrientes esenciales.
Las dietas bajas en hierro, vitamina B12 o ácido fólico reducen las reservas de hierro del organismo y favorecen la aparición de anemia ferropénica, que es la forma más común en esta etapa. Además, el consumo frecuente de bebidas como té, café o energizantes junto con las comidas puede dificultar la absorción del hierro presente en los alimentos.
Otro factor preocupante es que muchos adolescentes consumen menos de tres comidas al día o sustituyen alimentos nutritivos por snacks y comida rápida. Este tipo de hábitos puede aumentar significativamente el riesgo de deficiencia de hierro.
Ante esta situación, Montecinos destaca la importancia de mantener una alimentación equilibrada y rica en nutrientes esenciales. “Es importante consumir alimentos ricos en hierro, como carnes rojas, espinacas, legumbres y cereales fortificados, además de incluir fuentes de vitamina C, como cítricos y tomates, que mejoran la absorción de este mineral”, recomienda.
Cambios biológicos aumentan la vulnerabilidad
El crecimiento acelerado que caracteriza a la adolescencia también incrementa la necesidad de hierro. Entre los 12 y 18 años, el cuerpo produce más tejido muscular y aumenta el volumen sanguíneo, lo que requiere una mayor producción de glóbulos rojos.
En las mujeres adolescentes, la menarquia o inicio de la menstruación representa otro factor de riesgo importante. Cuando los periodos menstruales son abundantes, se produce una pérdida significativa de hierro que, si no se compensa con la dieta, puede derivar en anemia.
Asimismo, algunas condiciones médicas pueden favorecer esta condición, como enfermedades gastrointestinales, celiaquía, infecciones crónicas o parasitismo intestinal. Estas patologías pueden afectar la absorción de nutrientes o provocar pequeñas pérdidas de sangre en el organismo.
Factores socioeconómicos incrementan el riesgo
Los factores socioeconómicos también desempeñan un papel importante en la aparición de anemia en adolescentes. En hogares con ingresos limitados, el acceso a alimentos ricos en hierro —como carnes o productos fortificados— puede ser restringido, lo que impacta directamente en la calidad de la alimentación.
Además, en algunos contextos con deficiencias en saneamiento o acceso limitado a servicios de salud, las infecciones parasitarias o la falta de controles médicos pueden agravar el problema. En América Latina, se estima que entre el 20% y el 30% de los adolescentes presenta algún grado de anemia, lo que refleja la necesidad de fortalecer estrategias de prevención.
Si la anemia no se detecta a tiempo, puede generar consecuencias importantes para la salud de los jóvenes, como fatiga crónica, menor rendimiento académico, mayor vulnerabilidad a infecciones y retraso en el crecimiento.
Cuando la condición ya está presente, el tratamiento depende del nivel de hemoglobina y de los síntomas que presente el paciente. Montecinos explica que la reposición de hierro es la principal medida terapéutica. “El tratamiento más importante es la reposición de hierro suplementario por vía oral y depende de los valores de hemoglobina y los síntomas. En casos severos puede requerir una transfusión de sangre”, afirma el académico.
La prevención sigue siendo la herramienta más eficaz para reducir la anemia en adolescentes. Promover una alimentación equilibrada, realizar controles médicos periódicos y fortalecer la educación nutricional en familias y escuelas son medidas clave para proteger la salud y el desarrollo de los jóvenes. Detectar los factores de riesgo a tiempo permite actuar de manera temprana y evitar complicaciones que puedan afectar su bienestar físico y cognitivo a largo plazo.
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