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La guerra en Oriente Medio pone a prueba el viaje de Trump a China

Las operaciones militares contra Teherán, que tiene en China su aliado más poderoso, y la captura previa de Nicolás Maduro en Venezuela no serían, según analistas consultados por EFE, la mejor antesala de una visita crucial para las relaciones entre las potencias, a lo que se suman dos estilos diametralmente opuestos en la preparación del viaje.

06/03/2026 7:03

Donald Trump y y Xi Jinping. Foto: EFE
Teherán, Irán

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 Los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán y la propagación de la violencia en Oriente Medio añaden un giro inesperado al tablero internacional, que levanta interrogantes sobre si se materializará el anunciado viaje del presidente Donald Trump a China a finales de este mes.

Las operaciones militares contra Teherán, que tiene en China su aliado más poderoso, y la captura previa de Nicolás Maduro en Venezuela no serían, según analistas consultados por EFE, la mejor antesala de una visita crucial para las relaciones entre las potencias, a lo que se suman dos estilos diametralmente opuestos en la preparación del viaje.

"Es poco probable que en este momento se produzca un encuentro entre Donald Trump y (el presidente chino) Xi Jinping", opinó el profesor Hung Wing Lok de la Universidad China de Hong Kong sobre el viaje, que según la Casa Blanca será del 31 de marzo al 2 de abril, si bien Pekín todavía no lo ha confirmado.

Riesgo de legitimación

Con la escalada en el conflicto iraní, "China podría no querer acoger una reunión con un líder que no muestra ningún deseo de asegurar la paz y la prosperidad mundiales", consideró.

De hecho, el país asiático tachó de "inaceptables" las acciones de Israel y EE.UU. y exigió el alto el fuego y el retorno a la vía del diálogo para frenar una crisis que no solo ha comenzado a propagarse por Oriente Medio, sino que amenaza seriamente su suministro energético, ya que en torno al 45 % del petróleo que importa llega a China a través del estrecho de Ormuz.

Así, otra cuestión que puede inclinar la balanza hacia una cancelación es que Washington y Tel Aviv atacaron pese a que había en marcha un diálogo con Irán mediado por Omán, lo que Pekín puede entender como una señal clara de que "es difícil negociar de forma razonable con Estados Unidos", señaló el experto.

Joe Mazur, analista de la consultora Trivium China, cree que en este momento es complicado evaluar el impacto del conflicto en Oriente Medio sobre el viaje, aunque imperan los factores en contra.

Una foto incómoda pero estratégicamente necesaria

"La imagen de Xi teniendo un encuentro amistoso con Trump tras secuestrar a Maduro y asesinar al líder supremo iraní puede enviar a los socios globales de China el mensaje de que Pekín no puede o no quiere usar su influencia diplomática para ayudar a sus amigos y aliados", sostiene Mazur.

Pero también es cierto que el gigante asiático se juega mucho con una visita que puede ayudar a seguir calmando las grandes tensiones comerciales y geopolíticas bilaterales, exacerbadas desde el regreso al poder del republicano por la nueva guerra comercial y la declarada enemistad del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, hacia los regímenes comunistas.

Según Mazur, "el lado chino está deseoso de aprovechar la visita para estabilizar las relaciones y evitar una nueva escalada de la guerra comercial, especialmente ahora que el Tribunal Supremo de Estados Unidos ha declarado inconstitucional la política arancelaria de Trump".

Hay además una cuestión vital para Pekín, la de Taiwán, que el propio Xi calificó en una reciente conversación telefónica con Trump como "el principal asunto" en las relaciones. Minar el apoyo de Washington y las ventas de armas a Taipéi son un objetivo indiscutible en la agenda china, con la ventaja de que el encuentro tendría lugar en su territorio.

EE.UU., consciente del peso de la cuestión taiwanesa, ha retrasado en un aparente gesto de buena voluntad la venta de dos paquetes de armas a la isla, según fuentes citadas por la emisora NPR.

Improvisación versus detallismoA las incertidumbres estratégicas que planean sobre la primera visita a China de un presidente estadounidense desde 2017 -también Trump, durante su primer mandato- se suma la de la intendencia.

La forma en que Pekín prepara este tipo de encuentros, con muchísima antelación y una escenografía medida al milímetro, choca de frente con las altas dosis de improvisación que imperan en la administración de un presidente tan volátil como Trump.

"Numerosas informaciones apuntan a que el lado estadounidense ha procrastinado en la preparación de la visita y a que las expectativas de resultados concretos son reducidas. Si China decide que con este viaje gana menos de lo que pensaba, podría estar más dispuesta a cancelarlo aduciendo la cuestión iraní", aseveró Mazur.

Sin embargo, acota, "es probable que la visita siga adelante, porque el objetivo de China sigue siendo mayor estabilidad en sus relaciones con EE.UU.".

Un funcionario estadounidense citado por el diario South China Morning Post lo resumía así: "Hay un grupo de personas que nunca habían hecho esto organizando el que podría ser el viaje más importante de este mandato. No es que los chinos estén preocupados, es que están furiosos".

De momento, medios internacionales han adelantado que los negociadores comerciales de ambos países se verán en París para preparar posibles acuerdos en aranceles, inversión o tierras raras durante la visita, sin descartar una prórroga de la tregua comercial firmada a finales de 2025 entre ambos mandatarios. 

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