Hablar de Accountability no es hablar solo de cumplir tareas. Es hablar de una forma de actuar en la empresa y en la vida. De asumir responsabilidad plena sobre las decisiones que tomamos, los resultados que obtenemos —buenos o malos— y el impacto que generamos en otros.
21/01/2026 16:47
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En el mundo empresarial se habla cada vez más de cultura, propósito, valores y liderazgo. Sin embargo, en la práctica cotidiana, muchas organizaciones siguen enfrentando los mismos problemas: responsabilidades poco claras, decisiones postergadas y equipos que trabajan en “islas”, en lugar de avanzar de forma cohesionada. En el fondo, detrás de muchos de estos síntomas, hay un concepto clave que todavía incomoda, pero que es indispensable para crecer y evolucionar: Accountability.
Hablar de Accountability no es hablar solo de cumplir tareas. Es hablar de una forma de actuar en la empresa y en la vida. De asumir responsabilidad plena sobre las decisiones que tomamos, los resultados que obtenemos —buenos o malos— y el impacto que generamos en otros. Accountability es hacerse cargo, sin excusas y sin culpar a terceros.
Desde mi experiencia, primero en el mundo corporativo y luego acompañando a empresas y equipos desde la consultoría, he visto cómo la falta de Accountability es mucho más común de lo que se reconoce. Y cómo termina entorpeciendo la gestión comercial, financiera, operativa y, sobre todo, la humana. No suele ser un problema de talento ni de capacidad técnica. Aparece cuando nadie asume la responsabilidad completa, cuando los errores siempre “vienen de afuera” y cuando los logros no tienen un responsable claro.
En esos contextos surgen fricciones silenciosas: áreas que no se coordinan, líderes que esperan que otros resuelvan, equipos que cumplen solo lo mínimo necesario. La empresa sigue funcionando, pero no avanza. Y sin una cultura de Accountability, el crecimiento se vuelve lento, frágil y poco sostenible.
Algo que repito mucho en los talleres que doy —y que también practicaba cuando trabajaba dentro de empresas— es que la Accountability no distingue cargos ni profesiones. Me dedico al marketing y la comunicación, pero ser una persona accountable no tiene que ver con el área en la que uno trabaja, sino con cómo se para frente a la responsabilidad. Es una actitud, no una función.
Un marco muy claro para entender este concepto lo plantea el libro El Principio de Oz de Roger Connors, Tom Smith y Craig Hickman, que suelo recomendar a líderes y equipos. El libro invita a dejar de preguntarse “¿quién tuvo la culpa?” y empezar a preguntarse “¿qué puedo hacer yo para cambiar este resultado?”. Ese simple cambio de enfoque transforma profundamente la dinámica de trabajo y de liderazgo.
Ahora bien, con los años entendí que pretender construir una cultura de Accountability solo dentro de la empresa es quedarse a medias. Porque hacerse responsable no se aprende primero en una organización: se aprende mucho antes, en casa.
Como madres y padres, tenemos un rol clave. Cuando un juguete se rompe, no “se rompió solo”. Alguien lo rompió. Enseñar a los niños a asumir eso, con valentía y sin miedo, es fundamental. No para castigarlos, sino para que entiendan que cada acción tiene consecuencias y que hacerse cargo no es algo negativo. Es un acto de madurez. Es difícil, sí, pero necesario. Porque si desde pequeños aprenden a responsabilizarse, de adultos no necesitarán buscar culpables para protegerse del castigo.
Por eso, Accountability no es solo un tema empresarial. Es un tema cultural y social. Una sociedad que no asume responsabilidades difícilmente evoluciona. En cambio, cuando las personas entienden que son parte activa de los resultados —en su familia, en su trabajo y en su entorno—, el cambio deja de depender de otros y empieza desde adentro.
El desafío para los líderes hoy es claro: dejar de exigir lo que no están dispuestos a practicar. Construir una cultura donde hacerse cargo sea la norma y no la excepción. Porque al final, la verdadera transformación no ocurre cuando alguien más cambia, sino cuando cada uno decide asumir su responsabilidad. Cuando yo decido hacerme cargo de mis decisiones y mis acciones.
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