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Estrategias que combaten el efecto nocebo y fortalecen la salud mental

Este fenómeno, lejos de ser una exageración o un producto de la imaginación, tiene bases neurobiológicas claras.

12/02/2026 15:22

Unifranz Online: Estrategias que combaten el efecto nocebo y fortalecen la salud mental.
Bolivia

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En el ámbito de la psicología y la medicina, el efecto nocebo es un fenómeno de creciente interés. Se trata de una reacción adversa que no proviene directamente de un medicamento o tratamiento, sino de la expectativa negativa que una persona genera frente a ellos.

“El efecto nocebo ocurre cuando una persona anticipa que algo le hará daño, y esa expectativa, por sí sola, desencadena respuestas físicas y emocionales adversas. Se trata de una prueba contundente del poder que tiene el pensamiento sobre nuestro cuerpo”, afirma Karina Sánchez, psicóloga y docente de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).

Este fenómeno, lejos de ser una exageración o un producto de la imaginación, tiene bases neurobiológicas claras.

Estrategias para manejar el efecto nocebo

Los tratamientos actuales no se centran en fármacos específicos, sino en estrategias psicológicas y comunicacionales que buscan reducir la sugestión negativa y fortalecer la resiliencia emocional. Sánchez propone una estrategia de tres pasos:

Pausa consciente: detenerse antes de reaccionar ante una situación estresante ayuda a evitar respuestas automáticas y permite actuar desde la reflexión.

Nombrar la emoción: identificar y verbalizar lo que se siente (“estoy ansioso”, “tengo miedo”) disminuye su intensidad y facilita su gestión.

Reestructuración cognitiva: cambiar la narrativa interna para interpretar la situación desde una perspectiva más realista y constructiva. Esto permite reducir el impacto emocional de las creencias negativas.

“La calma emocional no es lo mismo que la felicidad. Es una condición de equilibrio interno que permite gestionar adecuadamente las emociones, y se logra con práctica, conciencia y acompañamiento adecuado”, señala Sánchez.

Además, la especialista enfatiza que estas habilidades deben cultivarse desde la infancia. Una buena inteligencia emocional permite enfrentar situaciones adversas con más serenidad y menos sufrimiento, y previene el desarrollo de trastornos psicosomáticos en la adultez, agrega.

La información y la educación también ayudan

Otro de los tratamientos actuales frente al efecto nocebo es la educación y el manejo responsable de la información. La conciencia sobre este fenómeno y su impacto en la salud mental y física es el primer paso para contrarrestarlo.

Elegir con cuidado las fuentes de información, evitar el consumo excesivo de noticias alarmistas y adoptar una mirada crítica frente a los mensajes sobre salud puede disminuir la incidencia de síntomas inducidos por expectativas negativas.

“Este fenómeno es una llamada de atención sobre cómo tratamos nuestros pensamientos y emociones. Si aprendemos a cuidar lo que pensamos, sentimos y decimos, también estaremos cuidando nuestra salud”, explica Sánchez.

Ansiedad social, un terreno fértil para el nocebo

La mente puede convertirse en un detonante de síntomas físicos reales, lo que convierte al efecto nocebo en un desafío clínico y social.

“Cuando alguien cree firmemente que algo lo enfermará, su cerebro activa mecanismos de estrés, libera cortisol —la hormona del estrés— y puede desencadenar inflamación, alteración en la percepción del dolor o incluso problemas cardíacos”, explica la académica.

La ansiedad social es uno de los ejemplos más evidentes de cómo este fenómeno se manifiesta en la vida cotidiana. “El miedo al rechazo, la baja autoestima, las experiencias negativas y la presión social son factores que alimentan la creencia de que algo malo ocurrirá al interactuar con otros. Esa expectativa negativa se convierte en angustia real, con síntomas físicos como palpitaciones, sudoración y temblores”, explica Sánchez.

Así, el nocebo no se limita al ámbito médico, sino que también se infiltra en la esfera emocional y relacional, afectando la calidad de vida de quienes lo experimentan.

Sin embargo, los tratamientos o estrategias actuales para esta afección se basan en la comunicación positiva, la educación emocional, la terapia cognitivo‑conductual, el mindfulness y la regulación del estrés.

No se trata de eliminar la imaginación o la sugestión, sino de aprender a dirigirlas hacia el bienestar. La clave está en reconocer que la mente tiene un poder real sobre el cuerpo y que, con las herramientas adecuadas, ese poder puede convertirse en un aliado para la salud.

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