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La historia de un abuelo que asumió como padre el cuidado de su nieta tras una tragedia

A sus más de 60 años, dejó todo para cuidar a su nieta Mical. Una historia que duele, pero también inspira y recuerda el verdadero significado de ser padre.

19/03/2026 8:51

Foto: Don Estanilao junto a su nietita.
La Paz

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Hay historias que no entran en palabras. Historias que no caben en titulares, porque lo que contienen es demasiado grande: dolor, lucha y un amor que no se rinde. La de Don Estanislao es una de ellas.

A su edad, cuando muchos piensan en descansar, él volvió a empezar. Volvió a cargar en brazos, a desvelarse, a preocuparse por la leche, por los pañales, por cada pequeño detalle. Pero esta vez no como abuelo, sino como papá.

Su nieta, Mical, de apenas cinco años, llegó a su vida marcada por una tragedia. Un accidente que la dejó con secuelas graves, obligándola a depender de cuidados permanentes, terapias, y una silla de ruedas que aún no tiene.

“Yo no podía dejarla así”, dice él. Y en esa frase corta, cabe todo.

Don Estanislao dejó su trabajo, dejó su rutina, dejó su descanso. Hoy su mundo gira alrededor de ella. La alimenta, la cambia, la lleva a terapias, la carga cuando hace falta. Cuatro, cinco cambios de pañal al día. Noches largas. Días aún más duros.

Pero también hay risas, porque Mical sonríe. Y cuando lo hace, todo vale la pena.

“Vamos a ir a pasear, vamos a comer un heladito”, le dice él, como cualquier papá que sueña con ver feliz a su hija. Y ella responde con esa inocencia que sana, con esa luz que no se apaga.

En ese pequeño diálogo hay algo inmenso: esperanza.

Hoy son una familia de dos. Él, que ya vivió la vida. Ella, que recién empieza… y que lucha cada día por salir adelante.

 

Y aunque el padre de la niña ayuda desde lejos, no alcanza. Porque la vida de Mical hoy depende, casi por completo, de ese hombre que decidió no rendirse.

Un abuelo que eligió volver a ser padre. Un padre que no se mide por la edad, sino por el amor.

En este Día del Padre, su historia no solo conmueve, interpela.

Nos recuerda que ser papá no es solo dar la vida, es sostenerla incluso cuando todo se rompe.

Y mientras Mical levanta su manito y sonríe, él sigue ahí firme; cansado, sí, pero nunca vencido.

Porque hay amores que no se explican, solo se viven, y que ahora necesitan ayuda para poder continuar con su rutina.

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