Durante el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl 60, Bad Bunny transformó su presentación en una celebración de la cultura latina, con símbolos y escenas que recordaron a múltiples generaciones.
09/02/2026 10:02
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El Super Bowl 60 volvió a confirmarse este domingo 8 de febrero como mucho más que un partido de fútbol americano. El espectáculo de medio tiempo, protagonizado por Bad Bunny, se convirtió en una plataforma para celebrar y visibilizar la cultura latina, su identidad y sus raíces en uno de los eventos televisivos más vistos del mundo.
Más allá de la “revancha histórica” entre los Seattle Seahawks y los New England Patriots, el show del artista puertorriqueño reunió ritmo, símbolo y narrativa social en una puesta en escena que trascendió la música.
Escenografía que “habla” de nosotros
En el corazón del espectáculo apareció La Casita, una escenografía inspirada en ambientes cotidianos de comunidades latinas —más allá de las postales turísticas— que evocó recuerdos de hogar, barrio y familia. Esta casa no fue un simple decorado: fue interpretada por muchos como un gesto afectivo y político, un símbolo de pertenencia frente a un entorno dominado por la cultura empresarial y la grandilocuencia típica del show estadounidense.
Fue en este contexto donde surgieron escenas que muchos espectadores identificaron como “puro latineo”: entre ellas, un niño dormido extendido sobre tres asientos, gesto que resonó inmediatamente con experiencias de infancia compartidas en fiestas, celebraciones familiares o reuniones sociales dentro de la comunidad latinoamericana. Comentarios en redes destacaron que esa imagen fue reconocible para quienes vivieron momentos similares en su infancia, reforzando la sensación de que el show hablaba directamente a la memoria cultural de generaciones latinas.
Unidad latinoamericana en un solo mensaje
Además de esas escenas íntimas, Bad Bunny llevó al público en un recorrido simbólico por toda América Latina:
Hizo ondear banderas de países del continente.
Pronunció palabras de unión y orgullo durante el desfile de estas banderas.
Terminó con un mensaje en inglés y español que reforzó la convivencia de culturas en el marco de un espectáculo global.
Ese momento se sintió como una declaración cultural: “We’re still here” (seguimos aquí), un mensaje repetido en su acto final y que, junto a escenas cotidianas como la del niño dormido, conectó profundamente con el imaginario latino.
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