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Cuando el humo lleva los sueños: el poder del Martes de Ch’alla en Bolivia

Entre aromas, colores y fe, el Carnaval en Bolivia alcanza su punto más alto con la k’oa, un ritual ancestral que une gratitud, esperanza y tradición en honor a la Pachamama.

17/02/2026 6:43

Cuando el humo lleva los sueños: el poder del Martes de Ch’alla, Imagen referencial RR.SS.
Bolivia

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El Martes de Ch’alla representa uno de los momentos más emotivos del Carnaval en Bolivia. Más allá de la fiesta y los colores, esta fecha se vive en los hogares como un encuentro espiritual, donde las familias se reúnen para agradecer, compartir y renovar su fe en la Pachamama, la Madre Tierra.

Desde días antes, padres, abuelos, hijos y nietos recorren juntos los mercados en busca de los elementos necesarios para preparar la k’oa. No se trata solo de comprar, sino de transmitir tradiciones, contar historias y enseñar a los más jóvenes el valor del respeto por la naturaleza y por lo recibido.

En cada hogar, la preparación de la mesa se convierte en un momento de unión. Entre conversaciones, risas y recuerdos, se acomodan los elementos con cuidado y esperanza, pidiendo salud, trabajo, protección y bienestar para toda la familia. Cada k’oa refleja los sueños, las preocupaciones y la fe de quienes la preparan.

La k’oa es entendida como un acto de reciprocidad espiritual: dar para recibir, agradecer para seguir caminando. Durante el Carnaval, especialmente en el Martes de Ch’alla, se cree que la Pachamama “se alimenta” de estas ofrendas cargadas de amor, respeto y gratitud.

Cuando el humo lleva los sueños: el poder del Martes de Ch’alla, Imagen referencial RR.SS.

Las mesas incluyen misterios de azúcar con forma de casas, billetes, corazones, frutos o animales, además de hierbas aromáticas, dulces, miel, lanas de colores, pétalos de flores y bebidas como vino o singani. Cada objeto tiene un significado y representa un deseo profundo para la familia.

A estos elementos se suman componentes ancestrales como hojas de coca y fetos de llama, junto con incienso, mirra y licores, mostrando el sincretismo cultural que caracteriza este ritual. Es una mezcla de historia, espiritualidad y tradición que se mantiene viva de generación en generación.

No existen dos k’oas iguales. Algunas familias priorizan la salud, otras el trabajo, la estabilidad económica o la bendición del hogar. Cada mesa es única, porque nace del corazón y de las necesidades de quienes la ofrecen.

Esta diversidad confirma que la k’oa no es solo un ritual, sino una expresión íntima de fe, esperanza y amor familiar. En ella se depositan sueños, agradecimientos y promesas para el futuro.

El momento más emotivo llega con la quema de la mesa en el brasero. Rodeados de sus seres queridos, los participantes rocían bebidas como símbolo de gratitud, en un acto conocido como ch’alla. El fuego y el humo se convierten en mensajeros de sus oraciones.

Mientras el humo se eleva, las familias guardan silencio, cierran los ojos o elevan palabras de agradecimiento. Es un instante de conexión profunda con la Madre Tierra y con sus propias raíces.

Finalmente, las cenizas son enterradas o cuidadas con respeto, cerrando el ritual. Así, el Martes de Ch’alla no solo celebra el Carnaval, sino también el valor de la fe, la unión familiar y la esperanza compartida.

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