Para este matrimonio, el Corso es una cita obligatoria en su calendario anual. Aunque confiesan que, tras tantos años, ya han perdido la cuenta de cuándo asistieron por primera vez, su entusiasmo permanece intacto.
14/02/2026 21:11
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Entre los colores de los trajes y el retumbar de las bandas, el Corso cruceño demostró una vez más que es mucho más que un desfile; es un espacio donde las historias de vida se entrelazan con la tradición. Este año, una pareja de adultos mayores capturó la atención de los presentes al lucir no solo sus casacas, sino estar tomados de la mano, celebrando décadas de romance y carnaval.
Una tradición sin fecha de inicio
Para este matrimonio, el Corso es una cita obligatoria en su calendario anual. Aunque confiesan que, tras tantos años, ya han perdido la cuenta de cuándo asistieron por primera vez, su entusiasmo permanece intacto.
"Ya son tantos años que estamos acá viendo este Corso que es el alma del cruceño. ¡Viva el carnaval!", exclamó el esposo, quien no perdió la oportunidad de añadir con un guiño que, para él, lo más hermoso de la noche era su compañera de vida.
La esencia que no muere: La alegría
Al comparar la majestuosidad actual con el "carnaval de antaño", la pareja reflexionó sobre la evolución de la fiesta grande. Coincidieron en que, si bien antes las celebraciones eran más simples y cercanas en las calles, el núcleo del festejo no ha cambiado.
Señalaron que el secreto es la alegría constante; también comentaron que la evolución es que fue de la simplicidad de la calle a la magnitud del actual recorrido. "Hay que estar alegre en carnaval", enfatizó la señora, elegantemente arreglada para la ocasión.
Para ellos, la esencia del cruceño se resume en esa chispa que se transmite de generación en generación y que, en su caso, se mantiene viva a través del amor y la lealtad a sus raíces.
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