En medio del desfile, un abuelito bailarín se convirtió en el protagonista inesperado de la jornada. Con una peluca multicolor que destacaba bajo el sol, gafas llamativas y un traje vibrante en tonos rojo, azul y amarillo, avanzaba al ritmo de la música con una sonrisa amplia.
21/02/2026 13:05
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Una escena cargada de color, ternura y alegría se llevó los aplausos durante la jornada del Corso de Corsos en Cochabamba, donde la fiesta volvió a latir con fuerza en cada tramo del recorrido.
A pocos metros, otra bailarina, con un lazo rosado en el cabello y vestimenta festiva, seguía el compás con alegría. La participante no solo observaba; bailaba junto a él, reía y compartía el momento con natural complicidad. La imagen, sencilla pero poderosa, reflejaba el espíritu más auténtico del carnaval: la tradición que se transmite en familia y la felicidad que no entiende de edades.
Entre música contagiosa, trajes coloridos y sonrisas cómplices, el Corso de Corsos volvió a demostrar que es mucho más que un desfile multitudinario. Es identidad viva, es encuentro generacional y es una celebración que renueva cada año el orgullo y la alegría de Cochabamba.
Porque cuando el carnaval no tiene edad, se convierte en un sentimiento eterno que se baila y se disfruta generación tras generación.
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