El silencio de los años 2021 y 2022 por la pandemia del Covid-19 también marcó un antes y un después para los feligreses.
11/02/2026 14:31
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El Carnaval de Oruro, Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, no es el mismo que hace diez años. En la última década, la mayor festividad devocional de Bolivia ha transitado un camino de modernización tecnológica, rigor coreográfico y una defensa férrea de su identidad frente a las amenazas de apropiación cultural externa.
Hace diez años, el Carnaval se vivía principalmente en las calles y la televisión local. Hoy, la evolución ha sido digital, lo que permitió que esta fastuosa entrada sea más conocida y reconocida a nivel mundial.
"Ya no solo bailamos para la plaza 10 de Febrero; hoy bailamos para el ojo del mundo en tiempo real. La última década nos ha obligado a entender que cada traje y cada paso es un embajador de nuestra soberanía cultural", afirmó Ángel Arancibia, presidente de la Asociación de Conjuntos del Folklore de Oruro (ACFO).
La "Diplomacia del Folklore" y la lucha contra la apropiación
Uno de los hitos más importantes de los últimos diez años ha sido la evolución de la defensa de las danzas. Ante los constantes conflictos con países vecinos sobre el origen de la Diablada o la Morenada, por lo que se reforzó documentación científica.
Asimismo, se fortalecieron los comités de etnografía para asegurar que los trajes no pierdan su esencia simbólica por el afán de la espectacularidad.
Además, el Carnaval ha comenzado a gestionar su marca y su origen como un activo del Estado boliviano.
Evolución Estética y el "Lujo Sostenible"
La estética de las fraternidades ha escalado a niveles de alta costura. Los artesanos y bordadores orureños han integrado nuevos materiales, aunque en los últimos años ha surgido una corriente de conciencia ambiental.
"Hace diez años no hablábamos de plumas sintéticas o de cuidar el agua; hoy el Carnaval busca ser sostenible. Hemos aprendido que para que la fiesta sea eterna, debe respetar el entorno de la Pachamama que tanto mencionamos en los ritos", sostuvo un maestro bordador de la calle La Paz.
El impacto de la Pandemia: El renacer de la fe
El silencio de los años 2021 y 2022 también marcó un antes y un después. La década 2016-2026 será recordada como el periodo donde se puso a prueba la esencia misma del Carnaval. Tras la crisis sanitaria, la fiesta volvió con un matiz más espiritual y menos comercial, para sus participantes.
"La pandemia nos recordó que el Carnaval no es una borrachera, es una peregrinación. El retorno al Socavón tras el encierro fue el momento más emotivo de la década; ahí entendimos que la evolución no es solo estética, es la resistencia de la fe", relató Sonia Damian, una de las bailarinas de la Morenada Central.
Infraestructura y Seguridad
En términos logísticos, la última década vio la consolidación de la Ruta del Carnaval con mejores sistemas de iluminación y cámaras de seguridad conectadas al centro de monitoreo municipal.
Asimismo, la "Ley Seca" durante el paso de los conjuntos ha evolucionado de ser una sugerencia a una normativa con mayor control, buscando profesionalizar la experiencia del turista.
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