El producto actúa como ungüento natural para combatir la congestión nasal y, al mismo tiempo, hidratar los labios, una molestia frecuente durante procesos gripales.
10/03/2026 14:10
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Un grupo de estudiantes de la carrera de Bioquímica y Farmacia de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) dio un paso significativo en la integración del conocimiento ancestral con la investigación científica moderna al desarrollar Kintu, un bálsamo fitoterapéutico, cuyas sustancias activas provienen exclusivamente de ingredientes naturales, extractos, principios activos de la hoja de coca, y diseñado para aliviar los síntomas del resfrío común.
El producto actúa como ungüento natural para combatir la congestión nasal y, al mismo tiempo, hidratar los labios, una molestia frecuente durante procesos gripales.
El proyecto nació con una clara proyección social y cultural. Según explica Yareth Fresco Ramírez, integrante del equipo investigador, “Nuestro proyecto se llama Kintu, es un bálsamo fitoterapéutico diseñado para aliviar síntomas del resfriado, como la congestión nasal y la hidratación de los labios”, sostiene la joven bioquímica.
De la misma manera la joven bioquímica destaca que Kintu en quechua significa ofrenda y eligieron ese nombre para rendir homenaje a la hoja de coca, que es una planta ancestral y porque tiene un importante valor medicinal. Más allá de su función terapéutica, el bálsamo representa también un ejercicio académico profundo de revalorización cultural.
“Nuestro mayor aporte es demostrar que tradición y ciencia no están peleadas, sino qué preguntas pueden generar soluciones innovadoras y responsables para la sociedad. Lo que nos motivó a llevar a cabo el proyecto es cambiar la narrativa alrededor de la hoja de coca. Queríamos demostrar que desde la investigación científica puede convertirse en un producto terapéutico seguro y útil. Más que un bálsamo es una forma de revalorizar nuestra identidad cultural a través de la ciencia”, explica Yareth.
El desarrollo de Kintu implicó un proceso técnico exigente, acorde a los estándares de la formación farmacéutica. “El proceso que llevamos a cabo fue muy riguroso. Investigamos las propiedades químicas de la planta. Realizamos la maceración para extraer sus principios activos y trabajamos en la formulación hasta lograr la textura adecuada para asegurar una correcta liberación del compuesto. Cada decisión fue tomada con base científica”, explica Yareth.
Este enfoque permitió garantizar no solo la eficacia del producto, sino también su seguridad y estabilidad.
Desde el punto de vista técnico, uno de los mayores desafíos fue la optimización del proceso de extracción de los principios activos. Rafael Cruz López, otro de los integrantes del equipo, explica: “Más que todo la optimización del proceso de maceración, tener la cantidad de días necesarios o usar esos días para tener una maceración exitosa y poder extraer todos los alcaloides tropánicos de lo que es la planta Erythroxylum coca”. Este paso fue clave para asegurar la correcta concentración de los principios activos.
A ello se sumaron retos relacionados con la formulación final. “Aparte, la estabilidad físico-química, con tal de poder mantener una estabilidad y evitar la cristalización excesiva de una textura demasiado dura o demasiado blanda que no se adapte a distintas temperaturas”, indica Cruz López.
El equipo también trabajó en estrictos controles de calidad y bioseguridad. “En cuanto al control de calidad y seguridad, mantener la ausencia de contaminación microbiana biológica, dentro de los productos, además de mantener los productos estériles, hallar la densidad, incluso la viscosidad del producto para que sea exitoso”, destaca Rafael.
El resultado fue un bálsamo estable, funcional y adaptable a distintas condiciones ambientales. “Nosotros nos sentimos muy orgullosos con nuestro producto. Nuestro equipo trabajó arduamente y efectivamente el esfuerzo fue por parte de cada uno de nosotros y el resultado fue exitoso”, afirma Cruz López.
Añade que lograron un bálsamo estable, adaptable a distintas temperaturas, que cumple la función de combatir los síntomas del resfriado común, conservando además la textura, los pigmentos y el color de la planta de una manera natural.
Aunque el proyecto cumplió sus objetivos iniciales, los estudiantes ya visualizan nuevas etapas. “En cualquier proyecto siempre se pueden realizar mejoras, pero más apunto en que las mejoras consisten en ampliar la gama de productos”, explica Cruz López, quien proyecta versiones más concentradas y una futura línea de productos cosméticos con enfoque terapéutico.
Kintu es una prueba que la formación universitaria, cuando se articula con la identidad cultural y el rigor científico, puede generar soluciones innovadoras con impacto real, posicionando a los estudiantes de Unifranz como protagonistas del desarrollo farmacéutico con raíz local y visión global.
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