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Los alimentos ultraprocesados alteran el metabolismo y elevan el riesgo de enfermedades

Este tipo de grasas favorece procesos inflamatorios persistentes y altera la forma en que el cuerpo utiliza la energía, promoviendo el almacenamiento de grasa visceral.

10/03/2026 14:13

Unifranz Online: Los alimentos ultraprocesados alteran el metabolismo y elevan el riesgo de enfermedades.
Bolivia

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El metabolismo humano es un sistema finamente regulado que transforma los alimentos en energía, regula hormonas y mantiene el equilibrio interno del organismo. Sin embargo, este delicado engranaje puede verse seriamente alterado por el consumo frecuente de alimentos ultraprocesados, productos industriales diseñados para ser altamente agradables al paladar (palatables), duraderos y de fácil acceso, pero pobres en nutrientes esenciales y con un elevado costo para la salud metabólica.

Marie Paulette Étienne Morales, médico, nutrióloga y docente de la carrera de Medicina de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), advierte que uno de los principales problemas radica en la calidad de las grasas utilizadas.

“Las grasas saturadas presentes en alimentos fritos, en chips, papas y comidas fritas son muy difíciles de eliminar. Si encima usamos aceites reutilizados, como ocurre en algún tipo de  comida, el daño es aún mayor”, explica Étienne.

Este tipo de grasas favorece procesos inflamatorios persistentes y altera la forma en que el cuerpo utiliza la energía, promoviendo el almacenamiento de grasa visceral.

Estudios científicos confirman que los alimentos ultraprocesados no solo están asociados al aumento de peso, sino que afectan profundamente el metabolismo.

Una revisión de 45 metaanálisis publicada en la revista médica internacional The BMJ, que analizó datos de casi 10 millones de personas, vinculó el consumo con 32 parámetros negativos de salud, incluyendo enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, trastornos mentales, deterioro cognitivo y varios tipos de cáncer, como el colorrectal.

Los alimentos ultraprocesados son productos elaborados industrialmente a partir de componentes extraídos de los alimentos, como aceites, grasas, azúcares, almidones o proteínas, a los que se añaden aditivos como colorantes, saborizantes y conservantes. Casi no contienen alimentos naturales en su forma original.

Están diseñados para ser muy sabrosos, durar mucho tiempo y consumirse de inmediato, pero suelen tener un alto contenido de calorías, sodio y azúcares, y un bajo aporte de nutrientes esenciales.

Desde el punto de vista metabólico, los alimentos ultraprocesados provocan picos rápidos de glucosa en sangre debido a su alto índice glucémico y a la ausencia de fibra. Esta absorción acelerada obliga al páncreas a liberar grandes cantidades de insulina, lo que con el tiempo reduce la sensibilidad celular a esta hormona, sentando las bases de la resistencia insulínica y del síndrome metabólico.

Además, estudios controlados muestran que una dieta abundante en ultraprocesados genera una sobreingesta automática de entre 500 y 1000 calorías diarias, ya que estos alimentos producen baja saciedad y estimula de forma intensa los centros de recompensa cerebral.

Otro mecanismo clave es el impacto sobre la microbiota intestinal. Emulsionantes, edulcorantes y otros aditivos alteran la barrera intestinal, favoreciendo el paso de toxinas a la sangre y desencadenando inflamación crónica de bajo grado.

Esta disbiosis reduce la producción de ácidos grasos de cadena corta, fundamentales para regular la glucosa y los lípidos, lo que puede elevar los niveles de triglicéridos y glucosa entre un 15% y 20%. En niños, el consumo habitual de ultraprocesados incluso puede “programar” metabólicamente al organismo, aumentando el riesgo de obesidad y enfermedades crónicas en la adultez.

A esto se suma el efecto hormonal. Las grasas trans y ciertos compuestos presentes en envases plásticos interfieren con hormonas como la leptina y la grelina, responsables de la saciedad y el hambre. El resultado es un círculo vicioso de apetito persistente, consumo excesivo y menor gasto energético, ya que el cuerpo utiliza hasta un 50% menos de energía para digerir alimentos ultraprocesados en comparación con productos naturales.

Frente a este escenario, Étienne subraya la importancia de recuperar el equilibrio nutricional. “El cuerpo humano es una máquina extraordinaria, pero necesita el combustible adecuado y en la cantidad justa. El equilibrio es la verdadera receta para una vida saludable”, sostiene.

De esta manera es recomendable reducir el consumo de alimentos ultraprocesados, priorizar alimentos frescos, ricos en fibra y mínimamente procesados, e incorporar hábitos sostenibles para no solo proteger el metabolismo, sino para prevenir enfermedades crónicas a largo plazo.

La evidencia es clara, el daño metabólico no ocurre de un día para otro, sino que se construye silenciosamente con cada elección alimentaria, y apostar por comida real es una inversión directa en salud, energía y calidad de vida.

 

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