El error ocurrió en 2016 y derivó en graves secuelas físicas y psicológicas. La Justicia determinó negligencia médica y responsabilizó a la profesional, al hospital y a la prepaga por no detectar a tiempo la causa del cuadro.
06/05/2026 12:38
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Lo que debía ser el inicio de una nueva vida terminó convirtiéndose en una larga pesadilla. Una mujer fue sometida a una cesárea en 2016 y, sin saberlo, salió del quirófano con una gasa olvidada en su abdomen. Años después, tras múltiples cirugías y secuelas permanentes, la Justicia ordenó indemnizarla con más de 34 millones de pesos.
El fallo, dictado por la Justicia Nacional en lo Civil, estableció la responsabilidad de la médica que realizó la intervención, del hospital donde fue atendida y de la empresa de medicina prepaga. La profesional deberá abonar $25.550.000, el centro de salud $8.500.000, mientras que la prepaga responderá de manera concurrente por el total de la condena.
Del alta médica al deterioro
La intervención se realizó el 2 de diciembre de 2016, sin complicaciones aparentes. Dos días después, la paciente fue dada de alta. Sin embargo, en cuestión de días comenzaron los síntomas: dolor abdominal intenso, vómitos, cefalea e hipotensión.
Pese a las reiteradas consultas, los controles fueron insuficientes. No se ordenaron estudios de imágenes clave, incluso cuando apareció un bulto abdominal. La situación se prolongó durante meses, mientras el cuadro clínico empeoraba.
Recién en marzo de 2017, una tomografía realizada en otro centro de salud reveló la causa: un cuerpo extraño en el abdomen. La paciente fue operada de urgencia y los médicos extrajeron una gasa de gran tamaño.
La intervención implicó procedimientos complejos, entre ellos una hemicolectomía y una ileostomía. La mujer debió atravesar meses con una colostomía y una nueva cirugía para reconstruir su sistema digestivo.
Negligencia y responsabilidad
Los peritajes fueron contundentes: la única cirugía previa había sido la cesárea, lo que permitió establecer el origen del objeto olvidado. El tribunal consideró probado el incumplimiento de la lex artis, es decir, de los estándares básicos de la práctica médica.
Además, se determinó que hubo un error de diagnóstico posterior, al no realizar estudios ante síntomas persistentes, lo que agravó el cuadro y redujo las posibilidades de una recuperación menos invasiva.
El daño no fue solo físico. Los informes periciales establecieron una incapacidad parcial y permanente del 45%, junto con un cuadro de estrés postraumático que afecta su calidad de vida.
La sentencia reconoce no solo las intervenciones quirúrgicas y el sufrimiento atravesado, sino también el impacto emocional, laboral y personal que dejó el hecho.
Un fallo que marca precedente
El tribunal remarcó que la sola presencia de un objeto quirúrgico olvidado constituye un indicio claro de negligencia médica, incluso cuando los protocolos formales —como el conteo de materiales— hayan sido registrados.
También subrayó que las instituciones de salud y las prepagas deben responder por toda la cadena de atención, garantizando diagnósticos adecuados y tratamientos oportunos.
El caso expone con crudeza las consecuencias de una falla evitable y refuerza un principio clave: en medicina, los errores no solo se pagan, también dejan huellas que pueden durar toda la vida.
Con información de Infobae.
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