Se enfrentaron a un tupido “yomomal”, una colcha densa de vegetación acuática que impedía el paso incluso a canoas. No había forma de llegar por aire, tampoco por agua. Así que lo hicieron con machete en mano, abriéndose camino paso a paso.
03/05/2025 11:22
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La avioneta Cessna CP-1099 estuvo desaparecida por más de 30 horas. Desde la tarde del miércoles 30 de abril, la incertidumbre crecía en las familias de los cinco ocupantes, mientras en las ciudades se debatían protocolos y planes que no llegaban.
Pero en el corazón del Beni, un grupo de hombres y mujeres se adelantó a la burocracia. Ellos no tenían helicópteros ni mapas satelitales. Solo tenían su fe, machetes, remos, y el más poderoso de los motores: el deseo de salvar vidas.
No pudieron hacer nada más que volver y contar lo que habían oído. Pero la respuesta oficial fue escepticismo. Nadie les creyó. Así que, al amanecer del día siguiente, volvieron. Esta vez, decididos a encontrar la avioneta. Se enfrentaron a un tupido “yomomal”, una colcha densa de vegetación acuática que impedía el paso incluso a canoas. No había forma de llegar por aire, tampoco por agua. Así que lo hicieron con machete en mano, abriéndose camino paso a paso.
La tarea duró desde la madrugada del jueves hasta el mediodía del viernes. Una jornada agotadora, en medio del pantano, entre lagartos, anacondas y sin garantías. Hasta que, por fin, los vieron. Ahí estaban: cinco personas abrazadas sobre el fuselaje semisumergido, cubiertas de lodo, famélicas, pero con vida.
“Gracias a Dios por darnos la oportunidad de encontrar y poder salvarle la vida a estas personas que tanto necesitaban ser rescatadas, después de una noche entera y casi un día de trabajo para poder llegar hacia donde se encontraban”, escribió uno de los rescatistas.
Él, junto a don Armando y toda su familia, más otros amigos, son los verdaderos salvadores de los cinco ocupantes de la avioneta: el piloto Pablo Andrés Velarde y los pasajeros Roberta Robertina Velarde Aulo, Patricia Coria Guary, Mirta Fuentes Cardozo y un menor de edad identificado por las iniciales I.T.C.
Mientras tanto, entre La Paz y Trinidad se ventilaban “grandes decisiones”, que sólo sembraban más temor en las familias de los tripulantes. En el pantano, en cambio, pescadores y comunarios abrían paso con coraje, entre pajas, lodo y peligro. Sin cámaras. Sin aplausos. Sin pedir nada.
LOS NOMBRES DE LOS HÉROES
Estos son los ciudadanos que escribieron con machete y corazón uno de los rescates más valientes del país:
Armando Mancilla
Lery Mancilla
Elia Mancilla
Rony Mancilla
Milán Mancilla Guardiol
Faiser Ayala
María Esther Cuéllar
Neida Senzano
Héctor Rea
Mientras regresaban con los sobrevivientes, un helicóptero de la Fuerza Aérea Boliviana finalmente llegó. Los uniformados les indicaron que regresaran al lugar del accidente para poder hacer el rescate formal… y las fotos. Ya todo estaba hecho. Solo faltaba el último tramo.
Hoy, los cinco sobrevivientes están siendo atendidos en Trinidad. Y el país entero aplaude a quienes no se pusieron capa, pero sí alma: los verdaderos héroes del monte.
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