Desde los sets de "Mi Socio" hasta sus últimos días, la historia de una hermandad que marcó la vida del icónico comediante boliviano.
24/02/2026 0:07
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La partida de David Santalla ha dejado un vacío incalculable en la cultura boliviana, pero para Gerardo Suárez, su mejor amigo, significa perder a un "hermano espiritual". Suárez, quien conoció al actor a los 12 años durante el rodaje de la película Mi Socio, relata que Santalla se convirtió en la figura paternal que necesitaba en un momento familiar difícil.
"Encontré en él esa figura paternal ausente en mi vida; desde ese momento iniciamos una amistad que duró más de 40 años", afirma Suárez con evidente emoción. El vínculo fue tan profundo que años más tarde, en Santa Cruz, ambos se declararon hermanos espirituales tras compartir su fe y el camino de la oración.
Sobre la personalidad del comediante, Suárez destaca que fue un hombre de una amabilidad única, sin vicios y profundamente correcto en su actuar.
“El mejor homenaje sería recordarlo con una sonrisa; él decía que venimos a esta vida para ser felices”, sostiene su allegado sobre la misión de vida de Santalla.
Incluso en sus facetas menos conocidas, David fue un atleta dedicado a la natación y un apasionado de la fotografía, lejos de la imagen pública de sus más de 50 personajes. Suárez recuerda con especial cariño a Enredoncio, el personaje favorito del actor, donde aprovechaba para desplegar un humor contrastante a su forma de ser habitual.
El legado de Santalla no solo queda en el aplauso, sino también en el gesto generoso de ceder los derechos de sus personajes a una compañía de teatro. Según Suárez, David fue un mentor que siempre evitó la crítica picante o política, prefiriendo por ejemplo frases célebres como: ‘Bolivia no tiene mar, pero tiene piratas’.
Respecto a sus últimos deseos, su mejor amigo confía en que las autoridades paceñas cumplan la promesa de erigir una estatua de bronce fuera del teatro. "Su último deseo fue que le hagan la estatua afuera del teatro donde entregó su vida", asegura Suárez, quien también fue padrino de su última boda.
En el ámbito familiar, Suárez resalta el papel de Sandra Saavedra, la esposa que lo acompañó hasta su último suspiro, y su labor como padre ejemplar de cinco hijos. La despedida actual refleja, según su amigo, el corazón puro de un hombre que supo ganarse el respeto de todo un país.
Finalmente, Gerardo Suárez define la existencia de su amigo con una sola palabra: felicidad.
“Él dio felicidad que comienza con ‘fe’ de que todo iba a ser mejor y que, arrancando una sonrisa, las personas mejoraban”, concluyó.
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