El accidente cerebrovascular (ACV), conocido como derrame cerebral, es una de las principales causas de discapacidad y muerte en el mundo. Pero muchos casos pueden prevenirse con cambios simples.
13/01/2026 12:26
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El accidente cerebrovascular (ACV), conocido popularmente como “derrame cerebral”, constituye una de las principales causas de discapacidad y mortalidad a nivel mundial. Sin embargo, diversos estudios y la experiencia clínica coinciden en que una gran proporción de estos eventos pueden prevenirse mediante cambios sostenidos en el estilo de vida.
Vladimir Paucara, médico intensivista y docente de la carrera de Medicina de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), subraya la importancia de identificar y modificar los factores de riesgo desde etapas tempranas.
“Si hablamos de factores de riesgo tendremos que hablar seguramente de condiciones que elevan la probabilidad de que uno pueda llegar a tener derrame cerebral. Las condiciones personales usualmente se relacionan con la obesidad, por ejemplo, los hábitos alimenticios, la actividad física con que cada uno cuente durante todos los días”, explica el especialista.
A ello se suman enfermedades crónicas como la hipertensión arterial, la diabetes o alteraciones de la sangre, que aumentan significativamente el riesgo de sufrir un ACV. Además, estas condiciones se dividen en personales y ambientales, y muchas de ellas están directamente relacionadas con los hábitos cotidianos.
Frente a este panorama, los cambios en el estilo de vida se convierten en una herramienta clave de prevención. Consultado sobre este punto, el especialista enfatiza que “en el caso de los cambios tendremos que hablar también de los factores de riesgo”. Es decir, la prevención comienza con la modificación de aquellas conductas que favorecen el desarrollo de la enfermedad.
Un estudio del Centro Finlay encontró que adoptar hábitos diarios sencillos —como caminar después del desayuno y reducir el consumo de sal a menos de 2 gramos al día— ayuda a normalizar la presión arterial en el 57% de los adultos mayores y a disminuir el riesgo de accidente cerebrovascular entre el 30% a 50%.
Además, una adaptación del estudio Predimed demostró que desayunos de estilo mediterráneo (con aceite de oliva y nueces), combinados con actividad física por la tarde, redujeron los eventos cardiovasculares entre el 25% a 30% en comparación con los grupos de control.
Se destaca también la importancia de mantener rutinas nocturnas saludables —evitando el alcohol y el uso de pantallas al menos dos horas antes de dormir— para mejorar la calidad del sueño y favorecer una coagulación sanguínea adecuada.
De esta manera, uno de los pilares es la alimentación saludable. Según el médico, “un cambio, por ejemplo, en los hábitos alimenticios podría ser muy beneficioso”. Recomienda incrementar el consumo de alimentos naturales y reducir aquellos que favorecen el aumento de peso y el descontrol metabólico.
“El consumo en frecuencia más alta, por ejemplo, de vegetales, de frutas, disminución del consumo la ingesta de carbohidratos, por ejemplo, o la disminución del consumo de grasas”. Asimismo, advierte que “frituras podrán hacer dentro de nuestros hábitos que mejoren un poco en estos factores de riesgo”, haciendo énfasis en la necesidad de limitar este tipo de preparaciones.
La actividad física es otro factor determinante. El sedentarismo está estrechamente ligado a la obesidad, la hipertensión y la diabetes, condiciones que predisponen al ACV.
“Habrá otros factores que pueden ser modificados dentro de los hábitos diarios o cotidianos que son la actividad física. Se recomienda 30 minutos por día de ejercicio moderado. Incluso para quienes no disponen de mucho tiempo, si podemos acudir y hacer estos ejercicios o esta actividad física durante 15 minutos por día e incrementamos la actividad, posiblemente pueda ayudar igual a reducir los factores de riesgos o la probabilidad de que nosotros suframos este tipo de enfermedad”, sostiene el académico.
De esta manera, el ACV no es un evento inevitable. La adopción de hábitos saludables, una alimentación equilibrada y la práctica regular de actividad física pueden reducir de manera significativa el riesgo. Como destaca el especialista, la clave está en reconocer los factores de riesgo y actuar a tiempo, transformando el estilo de vida en un aliado fundamental para la salud cerebral y la calidad de vida.
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