En Bolivia, el enoturismo ha encontrado un terreno fértil gracias a la diversidad geográfica y cultural del país. Tradicionalmente asociado a Tarija y zonas como San Lorenzo, hoy comienza a expandirse hacia otros territorios.
26/02/2026 14:34
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El enoturismo es una alternativa atractiva dentro del turismo sostenible, al combinar experiencias gastronómicas y culturales con el cuidado del entorno natural y el fortalecimiento de las economías locales. Más que una simple visita a bodegas, esta modalidad invita a comprender el vínculo profundo entre la tierra, las comunidades rurales y la producción vitivinícola, especialmente en regiones que apuestan por un desarrollo responsable.
Juan Carlos Nuñez, docente de la carrera de Administración de Hotelería y Turismo de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), explica que: “el enoturismo es prácticamente el turismo de vinos, que consiste en ver bodegas, destilado, procesado y sobre todo ver cómo se elabora el vino”.
Sin embargo, aclara que esta experiencia va mucho más allá del producto final. “También implica muchas cosas por detrás como el conocer cómo trabajan con los campesinos, los agricultores, para hacer crecer la uva”, subraya el académico.
En Bolivia, el enoturismo ha encontrado un terreno fértil gracias a la diversidad geográfica y cultural del país. Tradicionalmente asociado a Tarija y zonas como San Lorenzo, hoy comienza a expandirse hacia otros territorios.
“Estamos hablando de Tarija, San Lorenzo y todo ello”, señala Nuñez, pero añade que esta práctica se está poniendo de moda en otras regiones. “Aquí en La Paz en la parte de Luribay, se están haciendo tours de un día para ir a ver las bodegas de vino, sobre todo artesanales en este lugar”, añade.
A ello se suman iniciativas en Santa Cruz, Camargo en Chuquisaca y algunas zonas de Potosí, donde pequeños productores empiezan a integrar el turismo como complemento a la producción vitivinícola.
Uno de los aspectos más relevantes del enoturismo en el contexto boliviano es su enfoque en la sostenibilidad. Según Nuñez, “el enfoque especial que se le ha dado en Bolivia es en la parte del turismo sostenible”. Esto implica considerar de manera equilibrada los tres pilares fundamentales: el económico, el social y el medioambiental.
En el plano económico, el enoturismo genera ingresos directos para las comunidades rurales, dinamiza economías locales y reduce la dependencia de actividades extractivas o estacionales. A nivel social, fortalece el trabajo con los vecinos y productores locales, promueve el empleo y protege la identidad cultural de las regiones vitivinícolas.
“La bodega trabaja con los vecinos del alrededor para obtener la uva”, explica el académico, destacando la importancia de una cadena productiva basada en la colaboración. Al mismo tiempo, resalta que “se protege lo sociocultural porque se protege la etnia que está en el lugar”, integrando saberes ancestrales, prácticas agrícolas tradicionales y expresiones culturales locales en la experiencia turística.
El componente ambiental es igualmente central. La protección de los cultivos y de la tierra se vuelve indispensable para garantizar la continuidad del enoturismo.
“Tenemos que proteger nuestros cultivos, nuestra tierra, porque tenemos que proteger el medio ambiente”, enfatiza Nuñez. En este sentido, muchas bodegas artesanales apuestan por prácticas responsables como el uso eficiente del agua, la reducción de insumos químicos, la reutilización de subproductos vinícolas y la conservación del paisaje, lo que disminuye la huella ecológica frente al turismo masivo.
Además, el enoturismo fomenta experiencias de baja intensidad y alto valor educativo. Las visitas guiadas, las caminatas por viñedos, las catas responsables y el contacto directo con productores permiten al visitante comprender el impacto del cambio climático, la importancia de la biodiversidad y el valor del consumo local.
Esta modalidad también contribuye a desestacionalizar el turismo, ya que actividades como la vendimia, la poda o los talleres enológicos se realizan durante distintas épocas del año. Así, el enoturismo se presenta como una opción de turismo sostenible que equilibra disfrute, aprendizaje y responsabilidad.
Al fortalecer comunidades rurales, proteger el medio ambiente y poner en valor la identidad cultural, esta forma de turismo demuestra que es posible generar desarrollo sin sacrificar los recursos naturales ni el patrimonio social. En Bolivia, su crecimiento representa una oportunidad para diversificar la oferta turística y consolidar un modelo más consciente y sostenible a largo plazo.
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