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El acompañamiento familiar disminuye el riesgo de depresión severa en adolescentes y jóvenes

El apoyo familiar también impacta directamente en la adherencia al tratamiento. Está demostrado que los adolescentes que se sienten acompañados duplican su constancia en procesos terapéuticos.

25/02/2026 11:24

Unifranz Online: El acompañamiento familiar disminuye el riesgo de depresión severa en adolescentes y jóvenes.
Bolivia

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La depresión en adolescentes y jóvenes no siempre se manifiesta de la misma forma que en la adultez. Lejos de la tristeza evidente, suele expresarse a través de cambios conductuales, alteraciones en los hábitos y un progresivo aislamiento. En este contexto, la familia se convierte en un actor clave, porque puede ser el primer escudo de protección o, si no existe acompañamiento, un factor que agrave el problema.

Marco Da Silva, docente de la carrera de Psicología de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), explica: “Las señales en adolescentes, respecto a cuadros depresivos suelen mostrar diferencia en lo que habitualmente observamos en personas adultas”.

Por ello, advierte que es fundamental prestar atención a: “cambios en las actitudes, cambios en los hábitos regulares, en hábitos de sueño, un estado de ánimo restringido con regularidad o fluctuaciones en el desempeño académico”, explica el académico.

Estos signos, que muchas veces son minimizados o atribuidos a la “edad”, pueden ser alertas tempranas de un cuadro depresivo. En ese punto, Da Silva es claro al señalar que: “la importancia de la familia es trascendental, porque puede ser un factor de protección o puede ser un factor de riesgo”.

Estudios del Instituto Nacional de Salud Mental (USA) confirman esta afirmación, que sostiene que el apoyo familiar reduce el aislamiento emocional, fortalece la resiliencia y puede disminuir hasta en un 50% el riesgo de conductas suicidas en adolescentes.

El rol protector de la familia se activa cuando existe una intervención oportuna y consciente. “Una familia que interviene oportunamente y coadyuva en el aprendizaje de habilidades de comunicación, o de regulación emocional, va a lograr que el cuadro remita con facilidad, eso es bastante notable e interesante en la práctica clínica”, sostiene el especialista.

En contraste, la ausencia de diálogo, la descalificación emocional o el estigma pueden profundizar el malestar del joven.

El apoyo familiar también impacta directamente en la adherencia al tratamiento. Está demostrado que los adolescentes que se sienten acompañados duplican su constancia en procesos terapéuticos.

“Los adolescentes que tienen un apoyo familiar que empieza a coadyuvar como factor de protección, sin duda van a tener mayor éxito en sostenerse a este tipo de problemáticas”, afirma Da Silva.

Esto incluye desde asistir a sesiones familiares, hasta ayudar a mantener rutinas básicas de sueño, alimentación y estudio. Un aspecto clave es aprender a diferenciar entre estados emocionales pasajeros y cuadros clínicos.

“En general tenemos que saber diferenciar de un estado de ánimo transitorio, es decir, por ejemplo, la tristeza que solemos atravesar en general todos, de cuadros persistentes”, explica el docente. Cuando los síntomas se mantienen por dos semanas o más, “sin duda tenemos que acudir de manera inmediata con un apoyo profesional en salud mental”, subraya.

La detección temprana no solo mejora el pronóstico, sino que amplía las posibilidades de intervención integral. “Cuando nosotros detectamos un cuadro depresivo de manera oportuna, el alcance de intervención va a ser mayor para poder trabajar tanto con el contexto familiar, con los contextos próximos”, indica Da Silva. Además, este abordaje temprano puede reducir la necesidad de tratamientos psicofarmacológicos, un aspecto que suele generar temor o resistencia en muchas familias.

En una etapa vital marcada por la presión académica, la influencia de las redes sociales y la búsqueda de identidad, el acompañamiento familiar funciona como un ancla emocional. Escuchar sin juzgar, validar lo que el joven siente y estar presente —incluso en silencio— son acciones sencillas que pueden marcar la diferencia.

La depresión juvenil no se enfrenta en soledad, porque cuando la familia se involucra, el proceso terapéutico se fortalece y la recuperación se vuelve más posible y sostenida.

 

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