Aislado, herido y rodeado por fuerzas enemigas, resistió más de 36 horas oculto en una grieta. Un mensaje de radio sembró dudas, retrasó el operativo y casi lo condena. Esta es la historia de una misión al límite.
06/04/2026 9:56
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Donald Trump confirmó este domingo el rescate del piloto cuyo caza se había estrellado en Irán. Desde la Casa Blanca, el mandatario calificó la operación como “una de las misiones de búsqueda y rescate más audaces de la historia del país”.
El alivio fue inmediato: durante horas, el temor era que Teherán lograra capturar al aviador y utilizarlo como moneda de presión.
El avión, un F-15E Strike Eagle, había sido derribado el viernes en una zona montañosa de la provincia de Kohkiluyeh y Buyer Ahmad, en el suroeste del país. Según Irán, fue alcanzado por sus sistemas de defensa aérea.
El primer piloto fue localizado rápidamente. Pero la tensión creció con el segundo tripulante: el oficial de sistemas de armas. Herido, logró esconderse en una grieta entre las montañas, donde permaneció más de un día evitando ser detectado.
Cuando se confirmó que seguía con vida, comenzó una carrera contrarreloj. Tanto Estados Unidos como Irán activaron operativos para encontrarlo. Los estadounidenses llegaron primero.
Un mensaje que encendió las alarmas
La operación fue tan compleja como silenciosa. Participaron cientos de militares y agentes de inteligencia, incluyendo fuerzas de élite como la Delta Force y el SEAL Team Six, junto con agentes de la CIA que desplegaron maniobras de engaño para confundir a posibles captores.
Mientras tanto, el oficial sobrevivía en condiciones extremas. Según reportes, resistió más de 36 horas en terreno escarpado, con apenas una pistola, un dispositivo de comunicación y una baliza de rastreo. Desde su escondite, incluso llegó a advertir a sus rescatistas sobre movimientos enemigos en la zona.
Pero todo cambió con un mensaje. Tras 14 horas sin señales, una transmisión de radio rompió el silencio:
“El poder es a Dios”, que luego fue reinterpretado como “Dios es bueno”.
Lejos de tranquilizar, la frase generó sospechas. En Washington temieron que el piloto hubiera sido capturado y que el mensaje fuera una trampa.
La duda fue crítica. Durante horas, los mandos debatieron si avanzar o no. Cada minuto contaba.
Finalmente, sistemas avanzados de inteligencia confirmaron que el piloto seguía libre. El rescate se puso en marcha.
Caos en tierra: aviones dañados y decisiones al límite
Mientras fuerzas especiales se acercaban a la montaña, aviones estadounidenses atacaban posiciones cercanas para frenar el avance iraní.
El plan incluía la evacuación mediante dos aeronaves MC-130J en una pista remota. Pero algo salió mal: ambas resultaron dañadas durante la operación.
De pronto, el riesgo era mayor. Los comandos podían quedar atrapados tras líneas enemigas.
La decisión fue inmediata y arriesgada: enviar aeronaves más pequeñas para evacuar al equipo y destruir los aviones averiados antes de que cayeran en manos iraníes.
“Si hubo un momento de pánico, fue ese”, reconoció un funcionario a Reuters.
En tierra, las tropas destruyeron los MC-130 dañados y también helicópteros de operaciones especiales para evitar dejar tecnología sensible.
Un final al límite
La evacuación se realizó en varias fases. Contra todo pronóstico, la operación se completó con éxito.
Desde Washington la describen como un operativo “rápido, audaz y preciso”. Una misión al borde del fracaso que terminó convirtiéndose en una historia de supervivencia extrema.
Y todo, en parte, definido por una frase que sembró dudas en el momento más crítico: “Dios es bueno”.
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