Madre e hija defendieron juntas un proyecto de grado para enseñar aymara a médicos, convirtiéndose en un símbolo de perseverancia y superación académica en La Paz.
12/03/2026 18:22
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Lo que para muchos puede ser solo una fotografía de graduación, para Eulogia Condori representa una victoria personal absoluta. A sus 71 años, levantó su título con orgullo en el emblemático Paraninfo de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), donde se graduó de la carrera de Lingüística e Idiomas junto a su hija, Camila Soldado Condori, tras una vida marcada por el esfuerzo y la resiliencia.
La historia de Eulogia comenzó en Santiago de Huata, donde las oportunidades educativas para las mujeres eran escasas durante su infancia. Como ocurría en muchos hogares del área rural en esa época, la prioridad de estudio se otorgaba a los varones, mientras que a las niñas se les enseñaba a cuidar de la casa. Aunque egresó inicialmente en 2005, sus responsabilidades laborales y familiares postergaron su titulación durante décadas. Sin embargo, el deseo de aprender nunca se apagó: a los 44 años decidió volver a la escuela para terminar el bachillerato.
El destino académico las unió cuando Camila descubrió que el proyecto de grado podía realizarse en pareja. Juntas desarrollaron el "Programa de enseñanza y aprendizaje del idioma aymara para médicos especialistas del Hospital Boliviano Japonés". Esta propuesta incluye un texto guía bilingüe que busca derribar las barreras lingüísticas en la atención sanitaria, facilitando la comunicación entre médicos y pacientes cuya lengua materna es el aymara. Para Eulogia, el proceso implicó recorrer hospitales y aplicar su conocimiento cultural, mientras que para Camila significó compartir la culminación de su carrera con la persona que más admira.
Este logro no solo representa un éxito académico, sino un mensaje para las futuras generaciones de su familia y para las mujeres del área rural que muchas veces sienten que la universidad es un espacio lejano. Para Camila, su madre es el ejemplo vivo de que no existen obstáculos insalvables, mientras que para Eulogia, este título es solo un paso más; ahora sueña con convertirse en docente y seguir estudiando.
La historia de Eulogia y Camila refleja el valor de la universidad pública como una institución que abre caminos de superación a quienes crecieron en contextos donde estudiar no era una opción evidente. Hoy, con su título en mano, Eulogia demuestra que la curiosidad y el deseo de superación no tienen fecha de vencimiento.
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